Artistas por artistas – Julián Powell: «el arte nos abre la posibilidad de compartir cosas que no podemos terminar de decir solo con palabras»

En esta columna dominguera, RSM conversa con artistas locales para conocer sus proyectos, saber cómo perciben el panorama cultural actual y qué otras personas los influyen y recomiendan. En esta entrega, hablamos con Julián Powell, músico y docente sanmartinense, con un floreciente proyecto artístico.

RSM: ¿Cuándo empezaste a dedicarte al arte y cómo surgió ese interés?

JP: Desde chico me interesó la música y mi viejo fue el primero que me inculcó el interés. Él tocaba -y sigue tocando- sobre todo el clarinete, pero también otros instrumentos. De vez en cuando guitarreaba alguna chacarera o alguna zamba en el fogón y mi vieja se sumaba a cantar. Si bien cuando vieron que me gustaba la música me mandaron a clases, más que eso, me marcó el piano que había en la casa de mi abuela. Un piano vertical (los de madera) es una máquina enorme que ocupa el mismo o más lugar que un mueble y que cuando apretás una tecla, se mueve un martillo que golpea unas cuerdas que suenan. Es re potente. Siempre me gustaron las máquinas, los aparatos, y cuando de chico vi por primera vez todo ese engranaje -que encima le sacaba la tapa y lo veía todo «a corazón abierto»- flashé.

Cuando íbamos de visita a Córdoba, me colgaba horas tocando. Sacaba melodías, tocaba cualquier cosa, o le mostraba a mi abuela lo que aprendía en las clases. Con el tiempo empezamos, a tocar algunas obras juntos hasta que, como me veía tan enganchado, nos regaló el piano. Para mí eso fue increíble. Lo cargamos en la caja de la camioneta y nos lo llevamos desde La cumbre hasta Chos Malal. Mil y pico de kilómetros, creo. A partir de ahí, pasé por distintos profes y escuelas, surgieron las primeras bandas, de Reggae, de Rock, de todo un poco. Hace unos años me enganché con componer y producir canciones.

RSM: ¿Cómo describirías tu estilo y cuál es tu ambición en tanto producción?

JP: Soy cantautor, y mi estilo diría que es una mezcla, va cambiando según dónde pongo el énfasis. Soy medio omnívoro. Me gusta la canción latinoamericana, me gusta música más «canchera», por así decirlo, el soul, el jazz, alguito del rap y el trap; me gusta el rock nacional porque crecí amando a Charly, a Fito y al Flaco. Pero sobre todo trato de hacer canciones que suenen parecido a la música que me gusta e intento que cuando canto, las palabras suenen como yo hablo, osea en argentino.

Hace un tiempo anduve investigando sobre la Tropicalia, que fue un movimiento artístico que surgió en Brasil a fines de los 60, y que los tuvo a Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y otros a la cabeza. Se enfrentaron a la Dictadura, varios de ellos se exiliaron. Y los locos tenían una postura de reivindicar la música de raíz brasileña. Tienen la zamba que es como si fuera nuestro tango, y previo a eso hay músicas afro-indígenas como el maracatú, bien de carnaval; y tienen también el bossa nova que es como una zamba refinada, mezclada con jazz. Todo eso lo metieron en una bolsa junto con la música global de aquel momento (principalmente los Beatles, Jimmy Hendrix y las vanguardias europeas). Y salieron las canciones raras esas que tienen que a mí me encantan. Le dicen antropofagia cultural porque retoman la figura del indígena Tupí brasileño, que creía que al comerse al enemigo invasor le robaba los poderes. 

Entonces estos músicos, que para mí son referentes, hacen ese juego de pararse en la música más local, y a la vez incorporar elementos del sonido más «mainstream». Caetano me encanta. Y el chabón hoy, con ochentipico de años, agarra y hace un funk carioca, que vendría a ocupar en Brasil, un lugar similar al que acá ocupa el reggaetón o el RKT: una música recontra bailable, con un fuerte arraigo popular, con letras que suelen tocar temas como la seducción y el deseo, la vida de barrio, la fiesta, la criminalidad. Músicas que la clase media condena pero que a la vez consume. Y el tipo le pone su impronta y lo incorpora porque es música popular y está en el aire. Esa apertura intento tenerla a la hora de hacer música, sin hacer demasiado juicio de valor y siguiendo más la intuición, el gusto, el apetito.

En cuanto a la producción, estoy produciendo mi primer disco, con algunas canciones ya lanzadas, y también estoy empezando de a poco a producir a otros artistas. Mis ambiciones hoy en día son esas; darle cauce a mi música, armar la banda para tocar en vivo y acompañar también a otros artistas en su propio camino para lograr esto mismo.

RSM: ¿Cuál creés que es el rol del arte y de la cultura en general, en el contexto actual?

JP: Para mí, el arte nos abre la posibilidad de compartirnos cosas que no podemos terminar de decir solo con palabras. Cada uno es cada uno, ¿no? y ve el mundo desde sus ojos, vive la realidad desde su cuerpo. Pero como hay tantos cuerpos y tantos ojos, hay mil miradas distintas sobre el mundo. Y seguramente ni siquiera juntando todas esas miradas, terminamos de poder explicarlo. Pero en el camino de ir cruzando miradas vamos viviendo, disfrutando, sufriendo, haciéndonos preguntas. Cuando desfinancian el Cine argentino por ejemplo, están cancelando la posibilidad de que contemos nuestras historias a través de las películas. O que inventemos historias que se hablen en nuestro idioma, que sucedan en nuestra geografía. Es nuestro derecho a imaginar.

La cultura la veo más como un tejido. Es un tejido que nos une como pueblo. Las costumbres, la manera de hablar, la historia en común, nuestra música. Un pueblo sin cultura no es un pueblo. Por eso este gobierno quiere destruir el arte y la cultura: no quiere un pueblo que se sienta orgulloso de ser argentino, que se reconozca, consciente de su historia y de sus conquistas.

Así que para mí nuestro rol es el de cuidar la cultura, regarla, promoverla. Para que siga guardando las cosas lindas de ser argentinos. La solidaridad, la rebeldía, el ingenio, el humor, la sensibilidad. Y el arte en este contexto tiene que ser lo más argentino posible. Y eso no es necesariamente calzarse el poncho y cantar chacarera. O por ahí sí, si tu argentina suena a chacarera. Pero me refiero a que para mí lo importante es contar nuestras historias, y contarlas a nuestra manera. Y si tu realidad la narrás desde la cumbia, o el rap, o el pop, o algo entre medio, eso también es un pedacito de argentina y nos va a venir bien conocerlo para conocernos mejor.

RSM: Te pido que recomiendes a otro artista local y porqué.

JP: Lo recomiendo al Rafita Urretabizcaya. Es cantautor y hace unas canciones hermosas. Tiene una voz muy propia, muy suya, y lo quiero porque compartimos durante un verano la aventura de mandarnos a tocar temas propios, armamos fechas juntos y nos fuimos haciendo el aguante mutuamente.

Dejo la invitación para quien quiera acercarse a la próxima Tormenta de canciones, el miércoles 14 de agosto en La Frate, a eso de las 20hs. Es un ciclo de cantautores en el que estaré tocando mis músicas con otros artistas y hay luego un micrófono abierto.

Deja un comentario

Descubre más desde Realidad Sanmartinense

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo