Huellas familiares en un eminente vecino: El Ing. Schachovskoj
Por Ana María de Mena (*)
La fuerte impronta cultural de las relaciones de sus padres, influenciaron a don Sergio Schachovskoj, el recordado ingeniero forestal y entomólogo que llegó a San Martín de los Andes en 1949. (En esta nota el apellido está escrito como él firmaba; con algunas variantes figura en distintos registros). Veamos las características de sus padres y el entorno social en la infancia y juventud.

Su padre, el príncipe Sergei Ivanovich Shakhovskoy (n.1865) descendía de varias generaciones de nobles rusos. En la década de 1890, actuó para auxiliar a compatriotas ante la pérdida de cosechas por el clima, que originó falta de alimentos, hambrunas y epidemias de tifus, escorbuto y disentería en más de 250 poblados del imperio zarista.
Enseguida mostró su sensibilidad y capacidad al organizar la ayuda para los habitantes de la provincia de Tambov.
Las impresiones de Shakhovskoy en las zonas afectadas se publicaron en los periódicos “San Petersburgo Vedomosti” y “Russkie Vedomosti”, lo que originó muchas donaciones para atenuar el hambre en varias aldeas, al punto tal que se convirtió en eje del socorro y surgió así el llamado “círculo Shakhovskoy”.
Con su participación, se abrieron 113 comedores en los alrededores de Vernadovka, que alimentaron a 7.500 personas. En una carta dice de él Antón Chéjov: “Respeto y valoro profundamente a este hombre”.
En diciembre de 1894 Chéjov le escribió al editor Aleksey Suvorin: “El otro día me convertí en padrino, bautizando a la pequeña princesa Natasha”. Se refiere a Natalya Sergeevna Shakhovskaya, hija del primer matrimonio del príncipe.
Más tarde ayudó a Chéjov en la construcción de dos escuelas, una en Talezh y otra en Novoselki.
Años después fundó una Sociedad de Ayuda Mutua en Serpukhov junto a varios profesionales de la medicina entre quienes estaban V. A. Pavlovskaya (¿familiar de Iván Pavlov quien enunció el reflejo condicionado?) y el mismo Chéjov. En ella hizo importantes aportes León Tolstoi.
El autor de “El jardín de los cerezos” también escribió: “Mi vecino, el príncipe Shakhovskoy, un joven de veintisiete años, es una figura colosal y de voz fuerte”.
Cuando se deterioró su matrimonio, Sergei Ivanovich compartió sus pesares con el escritor. Justamente fue él quien le presentó a la escritora que publicaba correspondencia sobre las actividades del círculo Schakhovskoy en “El Correo” de Moscú.
Era Lydia Vladimirovna Gorbunova, nacida en 1862 en el pueblo de Nizhny Shkaft, quien a los quince años inició su participación cultural como actriz dramática. Casada en primeras nupcias con un hombre de apellido Lepeshkina, se convirtió en una conocida escritora y traductora profesional que firmó sus notas como L. Gorbunova o L.G. y trascendió como Lydia Lepeshkina.
Se relacionó con muchas personalidades rusas y europeas de la época. Vale subrayar que la conocida escritora y psicoanalista Lou Andreas-Salomé la inmortalizó en el cuento «La marca de nacimiento», donde el personaje de Anastasia Gromkaya se inspiró en ella.
Lydia se convirtió en la segunda esposa del príncipe Sergei Ivanovich Shakhovskoy. La periodista de Letonia Natalija Ketnere, cuenta en un artículo que la familia vivía en el centro de Moscú. “Entre los vecinos se encontraban el pintor Valentin Serov, el poeta Valery Bryusov, artistas y escritores famosos”.
De esa unión, en 1902 nació Sergei Schachovskoj el recordado, vecino de San Martín de los Andes. Años después nació su hermana Lydia Sergeevona Shakhovskaya. En 1908 falleció el padre de los dos.
Lydia se encontró sola con los hijos pequeños. Fue su cuñado, el príncipe Dmitry Ivanovich quien la ayudó a abastecer y educar a los niños. Entre 1911 y 1914 trabajó como secretaria de la editorial Nekrasova de Moscú. Ella fue traductora de Rainer María Rilke.
En una carta, K.F. Nekrasova le escribe a una amiga: “…Me olvidé de contarte que en Moscú visité a Lydia Vladimirovna Lepeshkina (…) tiene un par de hijos: Seryozha (Sergei) y Lidochka (Lydia), es una mujer maravillosa y sufrida”.
Cuando en 1917 se produjo la revolución bolchevique, Lydia y sus hijos huyeron a Praga, donde Sergei aprobó la carrera de ingeniería forestal en la universidad. Pese al obligado ostracismo, los hermanos recibieron buena educación y crecieron alternando con intelectuales y compatriotas nobles exiliados.
En 1937 Sergei se casó con Olga Vladimirovna Nabókova, miembro de una familia rica y aristocrática de San Petersburgo. Olga era hermana de Vladimir Nabókov, el conocido escritor y destacado entomólogo.

Sergei y su cuñado seguramente charlaron sobre insectos en Alemania, donde coincidieron cuando él estuvo en Munich y el autor de “Lolita” residió hasta poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
En Argentina
Sergei y Olga tuvieron dos hijos, según indican referencias de la genealogía rusa, pero poco se sabe de ellos. Se divorciaron en 1947 en Munich.
Después de la ruptura matrimonial, Olga se dirigió con los hijos a Estados Unidos, donde tiempo después volvió a casarse. Sergei viajó a Sudamérica; arribó a Buenos Aires en 1948 y al año siguiente llegó a San Martín de los Andes. Se desempeñó laboralmente en el Parque Nacional Lanín.
Nunca volvió a ver a su hermana Lydia, quien ocultó el linaje para sobrevivir, se dedicó al arte y trabajó en una fábrica de chales donde destacaron sus diseños famosos en Rusia y trascendieron hasta hoy.

El tío Dmitry, que había ayudado a la madre, después de la revolución estuvo empleado en un Comité estatal, publicó obras sobre la historia y la cultura rusa, pero fue arrestado y fusilado en 1938.
Respecto de su medio hermana Natalya Sergeevna Shakhovskaya, la ahijada de Chéjov, se graduó en el Instituto de las Doncellas Nobles, estudió en la Academia de Arte de París y después de la revolución de 1917 organizó una hermandad de ayuda a enfermos sin familia. Fue detenida y estuvo en un campo de concentración. Liberada, trabajó en una escuela agrícola. En 1934 fue deportada a Kazajstán por cinco años. En 1951, sentenciada a pasar una década en campos de concentración, se ignora qué fue de ella.
Don Eberardo Hoepke, Lydia Zubizarreta y otros vecinos que frecuentaron a Sergei, o Don Sergio como lo llamaron -y nombran- los sanmartinenses, señalan que no hablaba de la familia. Es probable que el destino desgraciado de varios de sus integrantes, motivaran la reserva y el silencio.

Aquí, autoridades del Parque Lanín le encargaron el desarrollo de un vivero forestal experimental en el paraje Pucará. Allí desarrolló un arboretum en el que plantó especies nativas y exóticas provenientes de Alaska, Estados Unidos, Méjico, Australia, Asia, Tasmania y otros lugares lejanos. Logró la adaptación de muchas de ellas, algunas de las cuales subsisten. Hoy el arboretum sigue activo.
La correspondencia que intercambiaba con centros científicos internacionales era escrita por él en el idioma de los destinatarios, ya que hablaba varias lenguas. En otros casos Renate Dietrich y Teresa Palenberg, lo ayudaban con las traducciones.

También Carlota Thumann colaboraba en esa actividad. Con ella tuvo amores y disfrutó de oír música, compartir comidas semanales y caminatas por el bosque. A veces llegaba a la casa de Carlota con flores de regalo para ella y bulbos para la hija –Gertrudis Thumann– que se ocupaba del jardín hogareño.

Vale subrayar que, con la misma cordialidad que hablaba en francés e intercambiaba semillas con Andrés de Larminat, jugaba al bridge con Eleonor Dawson y compartía la mesa con la familia Llauró cuando pasaba temporadas en Quila Quina, también mantenía largas conversaciones con Roberto Carrillo, un trabajador que colaboraba en la estación forestal.
Asimismo, admiraba a un operario de apellido Prieto por la cantidad de plantas recién germinadas que trasladaba al sistema de producción diariamente. Se preocupó mucho cuando el hombre enfermó gravemente y debieron gestionar la internación en un centro médico de Buenos Aires.
Nantlais Evans, que fue funcionario del Parque recuerda que iba personalmente al vertedero a buscar latas que después acondicionaba, para que oficiaran de macetas cuando eran necesarias y no contaba con ellas; por entonces no existían las de plástico que hoy se usan.
Acompañó a Mario Gentili y Horacio Molinari en la fundación de un Instituto Patagónico de Ciencias Naturales, donde los gastos de funcionamiento solventaban entre los tres, sin subsidios de ninguna índole. Con Gentili hizo incontables salidas nocturnas a capturar insectos, algunas de ellas acompañados por Carlota.
Don Sergio caracterizó cinco especies de insectos a las que la ciencia dio su apellido: la Ceromitia schajovskoii, Barypus schajovskoii, Drepanicus gayi schajovskoii, Syllitus schajovskoii y Homeonympha schajovskoii.
Una sola vez llegó a visitarlo un hijo con su joven esposa; es el único encuentro familiar del que se tiene noticia. No se halló correspondencia ni documentación que permitan conocer otros detalles de su vida.

Falleció en febrero de 1974 y fue sepultado en el bosque, en proximidades del arboretum, como había sido su deseo expresado a los amigos más cercanos.
En quienes lo trataron está el recuerdo de un hombre culto, alegre, respetuoso y de finos modales, manifestaciones propias de su condición de príncipe. Como científico, Schachovskoj dejó huellas perdurables en el quehacer forestal y en la entomología.
Fuentes informativas: Legajo de Sergio Schachovskoj del Parque Nacional Lanín – “Cómo la heredera del ilustrador letón se convirtió en la princesa Shakhovskaya» de Natalija Ketnere – Boletín Pedagógico Yaroslavl (No 4 – 2009) – Testimonios de Eberardo Hoepke, Gertrudis Thumann, Carlos Sarceda, Nantlais Evans, Miguel de Larminat.



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