La Patagonia arde y crece la desesperación de la gente por el avance del fuego
Los incendios forestales volvieron a convertirse en la peor pesadilla de la Patagonia en el inicio del verano 2026. Con el fuego fuera de control, avanzando sobre zonas pobladas, áreas naturales y destinos turísticos, la región atraviesa una emergencia marcada por la angustia de vecinos y turistas que ven cómo las llamas se acercan a sus casas, en un contexto extremo de sequía prolongada, altas temperaturas y vientos persistentes.

La situación más crítica se vive en la provincia de Chubut, particularmente en la Comarca Andina, donde el incendio iniciado el pasado 5 de enero en la zona de Puerto Patriada, a orillas del lago Epuyén, continúa activo y con frentes difíciles de contener. La vegetación completamente seca, la topografía del lugar y ráfagas de viento que superaron los 40 kilómetros por hora favorecieron una rápida propagación de las llamas.
Al jueves 8 de enero, columnas de humo podían observarse a kilómetros de distancia y las autoridades confirmaron evacuaciones preventivas y obligatorias de residentes y turistas ante el riesgo inminente de que el fuego alcance viviendas, campings y escuelas. La tensión creció durante la tarde cuando el incendio que afecta a El Hoyo y zonas cercanas se reactivó con fuerza, obligando al corte total de la Ruta Nacional 40 entre el puente Salamín y Epuyén. Solo se permitió el paso de vehículos abocados al combate del fuego, mientras que también se restringió la circulación de camiones entre Dina Huapi y El Bolsón.

“La gente está desesperada por querer ir a sus casas. La montaña prendió muy fuerte”, relató una vecina que presenció el avance del fuego, reflejando el clima de angustia que se vive en la zona, con familias intentando proteger lo poco que pueden y sin saber si sus viviendas resistirán el avance de las llamas.
Cerca de las 18, la Municipalidad de Epuyén dispuso la evacuación preventiva de los sectores El Coihue y De la Angostura. Vecinos y visitantes fueron trasladados al Gimnasio Municipal, definido como zona segura, mientras desde la comuna insistieron en la necesidad de mantener la calma y seguir estrictamente las indicaciones oficiales. “Por favor, tomen sus precauciones y sigan las instrucciones de las autoridades”, remarcaron.
En el terreno, brigadistas, bomberos y voluntarios trabajan contrarreloj para frenar el avance del incendio, que según los testimonios se desplaza hacia el sur y amenaza con alcanzar la Escuela 81 y extenderse hacia El Coihue. Como refuerzo clave, arribó a la zona el avión hidrante más grande de Latinoamérica, con capacidad para transportar 15 mil litros de agua, en un intento por contener los frentes más activos.
El impacto de la emergencia obligó a extremar medidas de seguridad: la Ruta 40 permanece cortada en varios tramos, continúan las evacuaciones preventivas y se mantiene un monitoreo constante ante la posibilidad de nuevos focos.

Si bien Chubut concentra el escenario más grave, el mapa del fuego se extiende por toda la Patagonia. En Río Negro hay focos controlados y otros bajo estricta vigilancia en áreas cordilleranas, mientras brigadas provinciales fueron enviadas como refuerzo a la Comarca Andina. En Neuquén no se registran incendios de gran magnitud, aunque rige una alerta extrema por riesgo ígneo con operativos preventivos en parques nacionales y zonas rurales. En Santa Cruz, se reportaron incendios cercanos a áreas protegidas, algunos contenidos y otros aún bajo monitoreo permanente.
Las condiciones climáticas juegan en contra: la falta de lluvias, las temperaturas elevadas y los vientos constantes complican seriamente las tareas de control, sin pronósticos inmediatos de precipitaciones que alivien la situación. Sin embargo, el análisis va más allá del clima. La reiteración de incendios en zonas similares, muchas veces con indicios de intencionalidad, vuelve a poner en evidencia falencias estructurales y la urgencia de políticas más firmes para prevenir una tragedia que, año tras año, deja a la Patagonia en vilo.



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