Carta a los lectores: «El Chapelco, el agua y un futuro que tenemos que cuidar entre todos»
Quienes vivimos en San Martín de los Andes tenemos algo en común, más allá de las diferencias: el Chapelco es parte de lo que somos. Es paisaje, trabajo, encuentro, infancia. Por eso lo que pase ahí no nos da lo mismo a ninguno.
En estas semanas, el cerro está atravesando un momento delicado. Las obras del nuevo estacionamiento, en la base, fueron paralizadas por el propio Municipio el 30 de enero. Después, el 25 de marzo, un decreto autorizó retomarlas mientras el informe ambiental seguía en estudio. Y el 21 de abril, un nuevo decreto suspendió esa autorización y reconoció, con todas las letras, que hubo daño en el territorio aguas abajo del estacionamiento. La administraciónmisma lo admite por escrito.
Mientras esto ocurría arriba, abajo había vecinos contando otra historia: unas trescientas familias del paraje informaron episodios de turbidez en el agua que toman, y la presunta detección de presencia bacteriana atendida por el Hospital Ramón Carrillo. No hablamos de un dato de laboratorio lejano. Hablamos del agua de las casas, del mate, de los chicos.
El agua y el bosque no son un detalle. La Constitución de la Provincia del Neuquén dice, en su artículo 93, que toda obra que pueda producir alteraciones significativas en el ambiente tiene que pasar por una evaluación ambiental previa, con mecanismos de participación. Previa, no después. La Ley Generaldel Ambiente —la Ley 25.675— repite la misma idea en sus artículos 11 a 13, y suma audiencias públicas para las decisiones grandes. Nuestra Carta Orgánica Municipal, reformada en 2010, exige audiencia pública para las normasambientales y urbanísticas. Y en relación con las comunidades originarias—Vera y Curruhuinca, en este caso—, el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional, el artículo 53 de la Constitución provincial y el Convenio 169 de la OIT incorporado por la Ley 24.071) son claros: hay que consultar antes, libre y bien informados, sobre las decisiones que las afecten.
Nada de esto es complicado de entender. Primero se evalúa, después se decide,por último se ejecuta. Y a la gente que está atravesada por la decisión, se laescucha al principio, no al final.
El Chapelco es de todos los que lo cuidamos. Es de los trabajadores que vivende la temporada y de los pequeños prestadores que se animan cada año. Es de las comunidades que tienen historia y reivindicación territorial sobre esa montaña. Es de los vecinos del paraje que dependen de su cuenca para teneragua. Es del Club Lacar, que desde 1946 acompaña la actividad invernal en la ciudad, y de tantas otras instituciones que pusieron y siguen poniendo el hombro. Es del visitante que vuelve cada invierno y deja en la ciudad muchomás que dinero.
Por eso este es un buen momento para pedir algo bien sencillo: que las cosas se hagan bien. Que se haga el estudio ambiental integral, no parche por parche. Que se atienda primero el problema del agua de las trescientas familias, con un estudio hidrogeológico independiente y con remediación a cargo de quien resulte responsable. Que se convoque la audiencia pública que la Carta Orgánica exige. Que se formalice la consulta a Vera y Curruhuinca como manda la Constitución, no como gesto sino como procedimiento. Que se pongan reglas claras para las llamadas obras de mitigación —qué son, quién las controla, hasta cuándo—. Y que se mire con seriedad el proceso licitatorio, las cláusulas del contrato, la publicación en el Boletín Oficial. Todo eso, junto, es lo que protege a una concesión de veinticinco años de convertirse en un conflicto de veinticinco años.
Hay algo importante para decir: no se trata de trabar la temporada ni de discutirla legitimidad del centro de esquí. Eso ya está decidido y no es lo que está en discusión. De lo que se trata es de que la temporada que viene y las que siguense construyan sobre cimientos firmes. Ningún proyecto serio se sostiene en eltiempo si arrastra dudas en su origen. Los necesitamos a todos: al Municipio, al Concejo Deliberante, al gobierno provincial, a la concesionaria, a las comunidades, a los vecinos del paraje, a los prestadores, a los trabajadores del cerro, a Parques Nacionales, a las universidades, a los colegios profesionales, alas asambleas socio-ambientales. Cada uno con su lugar. Ninguno sobra.
El decreto del 21 de abril, al reconocer el daño y al escuchar a las comunidades, abrió una puerta. Falta cruzarla. Cruzarla significa transformar ese reconocimiento en saneamiento concreto: declarar la nulidad del acto que permitió las obras sin evaluación ambiental aprobada, caracterizar técnicamenteel daño causado, identificar responsabilidades, garantizar el agua de las trescientas familias, abrir la audiencia pública, formalizar la consulta a lascomunidades. Eso es construir confianza. Y la confianza, en una concesión queva a durar un cuarto de siglo, vale más que cualquier cláusula.
El Chapelco lleva muchos años de cuidado colectivo. Estuvo y está cuando lo necesitamos. Ahora nos toca a nosotros, los que vivimos a sus pies, estar a la altura. Hagamos esto bien, juntos. La montaña espera.
Enrique Bartolomé
Abogado — San Martín de los Andes


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