Tramas que cuidan 16: ¿Qué hacemos cuando las adolescencias se equivocan?

Reflexiones del IFD N.° 3 para una comunidad que elige acompañar

Empezamos con una situación que se repite seguido en nuestros hogares: una hija o un hijo miente, rompe algo, desaprueba una evaluación, incumple un acuerdo o toma una mala decisión y entonces aparece la pregunta: ¿qué hacemos ahora?

Con frecuencia, las respuestas de las personas adultas oscilan entre dos extremos: largos sermones que las adolescencias apenas escuchan o castigos que buscan corregir la conducta a fuerza de privaciones. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar si esas respuestas realmente enseñan algo o si simplemente expresan nuestro enojo, nuestra decepción o nuestro miedo.

¿Y si en lugar de preguntarnos cómo hacemos para que no vuelva a equivocarse, nos interesáramos más en qué aprende de ese error?

Claro que no es un planteo sencillo. Muchos de nosotros crecimos en una cultura donde equivocarse era casi un problema moral. El error significaba «hacer las cosas mal», «decepcionar a los adultos», «portarse mal» o «no estar a la altura». En muchos hogares y escuelas predominaba una lógica adultocéntrica: lo importante era no incomodar, no cuestionar, no fallar. Aprendimos, muchas veces, a esconder los errores antes que a comprenderlos.

Nos referimos al adultocentrismo, en palabras del joven investigador argentino Santiago Morales, como un verdadero sistema que define al adulto como aquel que tiene la autoridad, toma las decisiones y gobierna la sociedad en todas las esferas, entre ellas, la familia, y la escuela. El adultocentrismo posiciona a la persona adulta como el modelo ideal del ser humano, relegando a las niñeces y adolescencias a una especie de “sala de espera”.

Pero hoy sabemos que nadie aprende sin equivocarse. Aprendemos a caminar después de muchas caídas. Aprendemos a leer confundiendo letras. Aprendemos a convivir diciendo cosas que después lamentamos. Aprendemos a decidir tomando, a veces, decisiones desacertadas. El error no es la excepción del aprendizaje: es una de sus condiciones.

La pedagoga argentina Rebeca Anijovich sostiene que el error constituye una fuente de información valiosa porque permite comprender cómo piensa quien aprende y abre la posibilidad de revisar, ajustar y seguir construyendo conocimiento. Cuando el error se convierte únicamente en motivo de sanción, perdemos una oportunidad educativa enorme.

En la misma línea, la investigadora argentina Carina Kaplan recuerda que educar implica construir confianza. Cuando un niño o un adolescente siente que un error lo convierte automáticamente en «el problema», es más probable que intente ocultarlo la próxima vez. En cambio, cuando descubre que puede hablar sobre lo ocurrido sin ser descalificado, aparecen las condiciones para asumir responsabilidades y reparar el daño si lo hubo.

Esto no significa que «todo da lo mismo». Hay errores que tienen consecuencias y es importante que las tengan. Si alguien rompe un acuerdo, hiere a otra persona o actúa irresponsablemente, necesita hacerse cargo de lo sucedido. Pero hacerse cargo no es lo mismo que ser humillado. La consecuencia más educativa no suele ser la que más duele, sino la que ayuda a comprender, reparar y crecer.

Tal vez por eso convenga reemplazar algunas preguntas habituales. En lugar de «¿cómo pudo hacer semejante cosa?», quizás sea más significativo preguntar: ¿qué necesitó en ese momento?, ¿qué puede aprender de lo ocurrido?, ¿cómo puede reparar el daño?, ¿qué necesita de nosotros para hacerlo mejor la próxima vez?

Educar no consiste en evitar que nuestros hijos se equivoquen. Eso sería imposible. Consiste en ofrecerles un lugar donde puedan reconocer sus errores sin miedo, hacerse responsables de ellos y descubrir que siempre es posible aprender algo nuevo.

Porque, al fin y al cabo, las personas que más aprendieron en la vida no fueron las que nunca se equivocaron, sino las que encontraron adultos capaces de transformar esos errores en oportunidades para seguir creciendo.


Ante cualquier emergencia, hay una línea gratuita y confidencial de Salud Mental disponible las 24 horas: 299 535 8191 (llamadas y mensajes). Para urgencias, el número de emergencias es el 107.

El servicio de salud mental funciona de manera descentralizada en los centros de salud de nuestra ciudad. Los días y horarios habilitados para consulta espontánea son los siguientes:

Chacra 30 (Los Lagos, al lado de la delegación municipal): martes y jueves desde las 8.30 hs. Tel.: (2972) 411 188 — WP: 2972 405 852 (solo mensaje)

Tiro Federal (Tte. Cnel. Pérez y Weber): lunes de 13.30 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 428 145 — WP: 299 606 7656 (solo mensaje)

Vega Maipú (Hugo Berbel entre Gregorio Álvarez y Berta Koessler): lunes de 13 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 413 856 — WP: 294 4418058 (solo mensaje)

Arenal (Los Cerezos y Piñones): miércoles de 11 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 426 011 — WP: 2972 543816 (solo mensaje)

Hospital Ramón Carrillo: atención a demanda espontánea, guardia las 24 horas.

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