Tramas que cuidan 26: Querer todo ya

Reflexiones del IFD N°3 para una comunidad que elige acompañar

Vivimos en una época en la que casi todo parece estar al alcance de un clic. Los mensajes llegan en segundos, las respuestas se esperan de inmediato y muchas necesidades encuentran una satisfacción casi instantánea. En este contexto, esperar puede convertirse en una experiencia difícil, y aceptar que algo no suceda en el momento o de la manera que imaginábamos puede generar frustración, enojo o ansiedad.

Las adolescencias crecen en medio de esta cultura de la inmediatez que se hace dominante y que no se limita al uso de las tecnologías digitales. También atraviesa las formas de vincularse, las expectativas sobre el propio cuerpo, la construcción de la identidad, los aprendizajes y los proyectos personales. Se espera obtener resultados rápidamente, encontrar respuestas para preguntas complejas y alcanzar metas que, muchas veces, requieren procesos prolongados.

Sin embargo, la adolescencia es un tiempo de búsquedas, ensayos y transformaciones. Construir una identidad, descubrir intereses, aprender a relacionarse con otros y elaborar un proyecto propio son procesos que no pueden resolverse de una vez. Cuando la cultura promete inmediatez, pero la experiencia concreta exige tiempo, puede abrirse una distancia dolorosa entre lo que se espera y lo que efectivamente sucede.

La investigadora argentina Carolina Duek, en sus estudios sobre las infancias, los medios y las tecnologías, nos invita a pensar que las pantallas no son solamente herramientas: también forman parte de un entorno cultural que interviene en aquello que deseamos y en cómo construimos nuestras expectativas. 

Por su parte, la trabajadora social Sofía Ortega analiza los malestares de niñas, niños y adolescentes en una época atravesada por la inmediatez, el individualismo, el consumo y las tecnologías digitales. Ambas perspectivas permiten comprender que las dificultades para esperar no son únicamente un asunto individual, sino que también deben pensarse en relación con las condiciones culturales en las que crecen las nuevas generaciones.

¿Qué sucede cuando una respuesta no llega, una amistad no funciona como esperábamos o una actividad no produce resultados inmediatos? En ocasiones, la frustración puede sentirse como un fracaso definitivo. Lo que no sale bien a la primera parece indicar que no somos capaces; lo que tarda en llegar puede interpretarse como una señal de que no vale la pena continuar. Así, la distancia entre expectativa y realidad se vuelve difícil de tolerar.

Acompañar una frustración supone no desestimarla. Lo que para un adulto puede parecer un contratiempo menor puede representar para un adolescente una decepción importante o una amenaza a su sentido de pertenencia. Escuchar sin ridiculizar, evitar las comparaciones y no responder inmediatamente con soluciones permite construir un espacio en el que la experiencia pueda ser pensada, en lugar de tener que ser eliminada cuanto antes.

No se trata de idealizar la espera ni de desconocer las posibilidades que ofrecen las tecnologías, sino de evitar que la velocidad se convierta en la única medida de lo que vale la pena. Hay experiencias que necesitan pausas; decisiones que requieren reflexión; deseos que cambian mientras intentamos alcanzarlos; y respuestas que sólo aparecen después de haber aprendido a formular mejores preguntas.

Quizás una de las tareas adultas más trascendentes de nuestro tiempo sea ayudar a construir una relación más habitable con la espera, la incertidumbre y la frustración. No podemos garantizar que las cosas sucedan como las adolescencias esperan, ni evitarles las decepciones que forman parte de la vida. Sí podemos acompañarlas para que una demora no se convierta en desesperanza, un error no defina su valor personal y un deseo insatisfecho no clausure todas las posibilidades.

Educar en tiempos de inmediatez es defender el derecho a crecer sin tener que llegar antes de tiempo. Es ofrecer presencia cuando las respuestas no aparecen, confianza cuando los resultados tardan y compañía cuando el camino se vuelve difícil. Aprender a esperar no es aprender a conformarse: es descubrir que algunas de las cosas más importantes de la vida no se consiguen de inmediato, sino que se construyen con otros, paso a paso.

Esta reflexión se inscribe en la serie “De personas adultas a las adolescencias” — Instituto de Formación Docente N°3 — @ifd3_sma

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El servicio de salud mental funciona de manera descentralizada en los centros de salud de nuestra ciudad. Los días y horarios habilitados para consulta espontánea son los siguientes:

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Vega Maipú (Hugo Berbel entre Gregorio Álvarez y Berta Koessler): lunes de 13 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 413 856 — WP: 294 4418058 (solo mensaje)

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