La palabra que sana

Por Mariana Taberniso – Revista dmujeres

La lectura de la poesía es una lectura de resistencia, una lectura que demanda atención, en su brevedad y gesto preciso reclama atención de quien lee. La poesía canta en la frontera, en el borde. Una meditación entre la vida y la muerte. 
Ese borde que jamás sutura, salvo en los instantes enamorados cuando cree percibir la unidad perdida… cuando logra quien lee encontrar aquello que la poesía persigue de manera incesante , la manifestación de ese canto es su sentido y a veces herida del sentido.
Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo, que un poeta te escriba, que un hombre te ame (si has elegido Hombres para ello), que una mujer te ame (si has elegido Mujeres para el amor deseoso), caminar en la montaña y en el mar, las luchas que cargaste como propias, las propias luchas, sentir que cada paso que has dado es tan tuyo como el sol es de todxs; todo eso y más está en la poesía. La poesía encarna aquello tan vulgar y a la vez tan supremo, sublime, único. Su lectura desestabiliza la lengua, nos hace dudar del orden de la misma, nos hace dudar del orden en general.
Hay enormes mujeres poetas y también enormes hombres, sí, los hay… y enormes hombres poetas. Es interminable la lista en muchas lenguas, sin embargo es la misma impronta que destella incansable, es un  alerta por el alma de lo humano a punto de perderse.
Quiero invitarlas a leer poesía, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosalia Di Castro, Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik, Diana Bellessi, Maria Elena Walsh, Alfonsina Storni, Rosario Castellanos, Gioconda Belli, Virginia Wolff, interminable el recorrido…
La poesía tiene esa doble marca, es de fácil acceso en internet, por ejemplo, y sin embargo parece que le pertenece a lo cursi, a lo extraviado, a quienes sufren o se enamoran hasta la muerte. Sin embargo hay entre la poesía y nosotrxs un puente colorido, que permite que avancemos sobre él de manera multidimensional. Podemos ir por ella sin tanto quedarnos o quedarnos en ella para siempre.
Es interesante notar que Borges dijo que Alejandra Pizarnik, que era esencialmente verbal, se mató cuando comprendió por fin que la realidad es incomunicable y atroz.
Esa atrocidad incomunicable tiene en la poesía el desorden que permiten las palabras, esa atrocidad se sana con la poesía y nos sana. Las palabras que dicen lo que dicen y además dicen más y otras cosas.
Para leerla rápidamente, aquí la tienes, como la poesía, siempre dispuesta a ser acariciada por quien la lea:
Alejandra Pizarnik  http://www.los-poetas.com/e/pizarnik1.htm
Diana Belessi  http://www.vendavalsur.com.ar/d_bellessi/
El placer siempre es mío.
Mariana

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