Que se quiebre…

Hace un par de meses Elisa Carrió se encargó de romper el espacio FA-UNEN, desparramando acusaciones sin prueba a diestra y siniestra en lo que claramente respondía a una estrategia de desmembramiento de los partidos políticos en el altar de los candidatos. Por aquel entonces Macri y Massa, los dos pingos del poder real, pugnaban por la estructura territorial del radicalismo que no era opción de gobierno para el verdadero poder. Esa estrategia parece ser la última esperanza de los sectores económicos que propician el fin de la política y ansían la vuelta de los gerentes al gobierno.
Desde este fin de año y más aún con la sospechosa muerte del fiscal Nisman, los sectores de poder concentrados buscan dinamitar el escenario electoral nacional. La reticencia doctrinaria de la UCR a un acuerdo con la derecha macrista es un obstáculo en la decisión de enfrentar al kirchnerismo para ganarle como única alternativa. Macri es la garantía de un programa neoconservador con una novedad. Desde 1916 esos sectores habían abandonado la disputa electoral por el monopolio del poder fáctico. Extinguidos los golpes militares, ahora parecen ser financieros, mediáticos y suaves, mientras construyen la imagen de un proyecto presidencial.
La Argentina de estos tiempos ha construido sus anticuerpos ante estas maniobras y son los dos extremos de la transición democrática los que tensan la cadena que la sostiene de los condicionantes corporativos que han sustituido a los cuarteleros. Alfonsinismo y kirchnerismo, como las versiones más rescatables de los dos movimientos políticos nacionales contemporáneos, han sido puntales y frenos en los intentos del poder económico por garantizar su proceso de acumulación a costas de gobiernos débiles que se entreguen sin concesiones. Lo sabe el poder real, que intenta fracturar los movimientos políticos y entregárselos a sus candidatos más taquilleros.
Macri parece ser el elegido por el poder económico para ser la alternativa real al kirchnerismo. El candidato es bueno, de familia, tiene plata, sponsors y sabe contratar inteligencia aplicada. Pero tiene un déficit muy importante en un país federal que es el más politizado y sindicalizado de esta parte de América. No tiene estructura territorial, lo que dificulta poder permear allende la General Paz como no sea desde los sets televisivos a los sectores medios consumidores
El candidato que diera sustentabilidad política a la derecha corporativa debiera ser Massa, pero un mejor año económico en el horizonte inmediato acercan al peronismo veleta a las trincheras de Scioli, quien, parece, será el candidato sitiado de Cristina.
Pero el eje de estas líneas es el Radicalismo, la tradicional UCR y su ser político, que le diera a la historia nacional grandes líderes y las primeras transformaciones democratizadoras del estado moderno. Su presente es el riesgo de dejar de ser y ocupar un lugar trascendental en el sistema político y las preferencias sociales para reconfigurarse como andamiaje territorial de la derecha política.
Sostuvo Alfonsín a inicios de la nefasta década del 90 que si la sociedad se estaba derechizando, “la UCR debía prepararse para perder elecciones y no para volverse conservadora”. Sus correligionarios actuales corren detrás de las musas electoralistas y no dudan en entregar el trabajo territorial a los candidatos del marketing político.
Macri se llevó puesto a Carrió y Sanz; y Pechi Quiroga, Querejeta y Bruno trabajan localmente para lograr que el Comité Bagster Taylor deponga las pretensiones de algunas líneas internas que entienden que el radicalismo debe recuperar en la localidad la centralidad conseguida con el Ingeniero Fontanive y, sobretodo, no alejarse de las mejores tradiciones de la democracia social que, digamos, no figura en los programas conservadores que promueven los candidatos Querejeta y Bruno.
Lo único cierto es que el próximo 13 de marzo cierra la presentación de listas y la UCR local tendrá que presentarle a sus afiliados una propuesta electoral. El dilema es complejo y oscila entre ser colectora de una derecha extrapartidaria que hundiría definitivamente la historia e identidad partidaria o comenzar el trabajo de recuperación de la militancia local con el objetivo a largo plazo de ofrecer un programa de gobierno radical para una ciudad que han sabido gobernar.

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