Resistencia pacífica, pero en las calles

Por Adrián Fernández
En nuestro anterior artículo sobre Venezuela a propósito del segundo aniversario de la muerte de Hugo Chávez señalábamos que hay razones para pensar que la trabajosa victoria del pueblo bolivariano frente al golpismo marcará un antes y un después para las fuerzas fascistas. El reciente pronunciamiento de Estados Unidos que considera al país suramericano como “una amenaza inusual” para sus intereses abre una nueva etapa de la ofensiva y pone en el pueblo, definitivamente, el peso de la resistencia.
Estados Unidos dio el paso más agresivo de los últimos tiempos contra un país latinoamericano y profundizó como nunca hasta ahora la política de aislamiento del país y disciplinar al resto de Suramérica. La resistencia popular es clave para torcer la historia no sólo de los venezolanos sino del resto de los procesos populares. Dejar en soledad al pueblo y gobierno bolivarianos es abrir las puertas para enterrar el sueño de Chávez, Kirchner, Lula y de millones de voluntades anónimas.
El chavismo define la lucha contra la ofensiva fascista, que cobró formas más virulentas en los dos años de gobierno de Nicolás Maduro, como una “resistencia antimperialista” que no nace con Chávez pero que a partir de él toma verdadera consciencia revolucionaria. Se sabe a la vanguardia de la resistencia antimperialista en América Latina y el Caribe pero también sabe que en estos “tiempos de definiciones”, como lo llama el presidente Maduro, la presencia firme y efectiva de gobiernos y fuerzas políticas y sociales de América Latina es determinante.
Esto explica que la campaña de resistencia bolivariana es hacia adentro y también hacia afuera. Hacia adentro la movilización popular es un verdadero ejemplo. Decenas de miles de personas ganan las calles ante cada agresión; marchan por las principales ciudades, realizan foros, talleres, conferencias, encuentros internacionales, promueven la difusión por radios, televisoras, redes sociales, páginas virtuales, videoconferencias. Cada acción golpista dispara innumerables actividades e ideas, siempre bajo el paraguas de la paz. “La inteligencia colectiva se dio cuenta de que acá había algo raro… Por eso el pueblo dejó solos a los fascistas, por eso fracasaron. Ellos crearon la inestabilidad y le garantizaban al mundo que llenaban las calles de Venezuela, pero el pueblo les dio la espalda”, señaló Maduro tras conocer el comunicado de Washington en que tildaba a Caracas de “amenaza” para su seguridad. Concluyó que “todo el pueblo les dio la espalda, incluso aquellos que están descontentos (con el Gobierno) porque hay cosas que deben hacerse y no se han hecho, incluso aquellos que van a los supermercados y no tienen los productos básicos porque se los esconden”.

Las patas de la resistencia

La Revolución venezolana entiende al “pueblo” como la cabeza constitucional en la que reside el verdadero poder democrático. Las instituciones del Estado como el Poder Ejecutivo, la Asamblea Nacional (Congreso), la Justicia y la Justicia electoral, además de las instancias de base como las misiones y las asambleas barriales, deben respeto a la Constitución. El Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana completan el esquema institucional revolucionario. Precisamente, las Fuerzas Armas chavistas son vistas como la expresión armada del pueblo civil, que predica ideas basadas en el nacionalismo, patriotismo, socialismo y espíritu revolucionario.
Es la misma resistencia que repuso a Chávez en el poder en menos de 48 horas cuando fue derrocado en abril de 2002. Es cierto que el desgaste y el mal humor social por la guerra económica y el desabastecimiento son mayores a los de aquellos primeros años del chavismo pero no es menos cierto que esa falencia ha sido suplida por una mayor consciencia revolucionaria y un mayor protagonismo del poder popular.
Como se sabe la revolución venezolana marcó el camino de otros procesos latinoamericanos que, sin embargo, no fueron una copia sino la aplicación del mismo impulso pero con características propias de cada pueblo y de cada país. Esto mismo hizo que el proceso bolivariano haya dejado de ser una isla a poco de nacer. La misma Venezuela que nutrió a otros procesos democráticos populares y soberanos hoy necesita de aquellos pueblos a los que alimentó. La valentía de los venezolanos es insuficiente frente a la magnitud de la ofensiva.
Esto vuelve urgente una reunión de presidentes de Unasur que, en años recientes, se movilizaron rápidamente ante hechos institucionales igualmente graves o incluso tal vez menores. El primer fin de semana de marzo llegó a Caracas una delegación de cuatro cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas encabezada por el secretario general, el ex presidente colombiano Ernesto Samper. La visita permitió al bloque regional tomar una posición clara sobre lo que sucede en Venezuela y sumarse a las denuncias de golpismo.
“Hemos recibido importante información sobre hechos de orden nacional e internacional que están amenazando la estabilidad democrática de Venezuela, que registramos con preocupación. Frente a esto queremos declarar de manera enfática (que) todos los Estados miembros de Unasur, sin excepción, en desarrollo del Tratado Constitutivo, rechazan cualquier intento de desestabilización democrática de orden externo o interno en el hermano país”, señaló el documento final. El respaldo es contundente pero el peso político de cuatro cancilleres es notablemente inferior al de 12 presidentes y jefes de Estado. Esto explica que el presidente de Bolivia, Evo Morales, haya pedido una reunión de emergencia para defender a Venezuela. Hay además un elemento objetivo pero no debidamente internalizado: Venezuela es el primer eslabón de una ofensiva derechista en Suramérica.
Basta escuchar al presidente Maduro y constatarlo con la sangrienta historia latinoamericana: “es tiempo de definiciones para decirle al imperio estadounidense que pretende violar la sagrada patria, que la bota yanqui no tocará jamás la patria que estamos viviendo (…) Washington quiere destruir a Venezuela para después ir por los demás procesos revolucionarios, progresistas, patriotas y antimperialistas que hay en toda América Latina y el Caribe”. Sólo hay que tomar nota y salir a caminar.
toda america latina y el caribe”. Sólo hay que tomar nota y salir a caminar.

ADRIÁN FERNÁNDEZ
Periodista, redactor de la revista mensual América XXI.
Columnista de Internacionales. Radio Nacional

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