Crítica: "Arribeños"

El jueves 24 se presentó en la sala Amankay del Centro Cultural COTESMA el documental “Arribeños”, del director Marcos Rodríguez oriundo de nuestra ciudad. El film alude a una calle del barrio del Belgrano, en Buenos Aires, sobre la que se fue conformando a lo largo de los años el barrio chino, pintoresco reducto de la colectividad taiwanesa dedica mayoritariamente a la venta de productos de todo tipo provenientes, como es de suponer, de china, incluyendo alimentos que difícilmente se puedan adquirir en los supermercados tradicionales. También está presente en el documental la gastronomía china la que cuenta con muchísimos adeptos vernáculos. El objetivo de Rodríguez es el de contar a través de testimonios sonoros de chinos e hijos de chinos nacidos en nuestro país la historia bastante reciente de la inmigración, el desarraigo, y muchas veces, la imposibilidad de integrarse a una sociedad diametralmente opuesta. Todas estas historias de vida son relatadas por personajes que nunca conoceremos, solo está presente su voz con un subtitulado en el caso de aquellos testimonios cuyos protagonistas no hablan nuestro idioma o lo hacen con alguna dificultad. Entre los demás aspectos de la comunidad china asistimos a colegios exclusivos donde niños y jóvenes aprenden el idioma de sus padres, y esta secuencia, quizá sea la más lograda desde el punto de vista cinematográfico. Por el contrario la ceremonia religiosa, sin bien no necesita el apoyo de una locución, carece de planos con los cuales resaltar el contrapunto entre hombres y mujeres durante la ceremonia y primeros planos para reforzar los elementos empleados durante el culto. Muy próximo del final la cámara incursiona con esa misma monotonía a una reunión de carácter social donde la colectividad taiwanesa se divierte a su manera. Rodríguez utilizó esta escenografía como telón de fondo para contarnos historias individuales que resultan medianamente atractivas quizá por no haber profundizado en ellas o porque sus protagonistas fueron reacios en contarla. Pero el continente no está a la misma altura del contenido. Los interminables planos abiertos donde no pasa nada con una cámara atornillada al piso en la totalidad de la película, la falta de primeros planos (En los primeros 15 minutos de presentación del barrio chino no hay un solo primer plano de un rostro de sus habitantes) y la falta de planos imprescindibles para darle un mínimo de ritmo a la narración, hace que el documental se torne tedioso y reiterativo. Las imágenes “filmadas” bien podían haberse reemplazado por fotografías con lo cual se hubiera hecho un ahorro sustancial de producción, y si en determinados pasajes hubiera prescindido de ellas, tranquilamente estaríamos frente a un programa de radio. La fotografía, poco nítida, (aparentemente por la calidad del material proyectado), adolece además de un elevado contraste, generando colores muy saturados sin pasar por zonas de gama intermedia. En cambio cabe destacar la excelente calidad del sonido limpio y bien ecualizado. Marcos Rodríguez ha expresado en una charla con el público que asistió a la proyección, que “Arribeños” ha llevado tres años de realización entre la preparación, filmación, montaje (?) y post producción; demasiado esfuerzo para un resultado poco satisfactorio.

Por Mario Kirbus

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