Crítica: "Historia de un bar"
No es de extrañar que dos rosarinos como El Negro Olmedo y el Negro Fontanarrosa hayan sido los máximos exponentes del humor argentino si bien pueden ser considerados porteños, gentilicio que les cabe por ser oriundos de una ciudad portuaria, a diferencia del humor cordobés, más localista y menos corrosivo. La maestría de Fontanarrosa contando historias desopilantes con un lenguaje coloquial y una descripción de situaciones muy próximas a una narración cinematográfica, permitieron poner en sintonía al público porteño de Buenos Aires junto al de Rosario y de esta visión porteña surgieron una infinidad de cuentos, entre ellos El mundo ha vivido equivocado, Uno nunca sabe o Experiencia en el Cairo. Pero los tres cuentos mencionados han sido muy bien adaptados por el director Mariano Tenaglia para conformar una sola pieza teatral Historias de un bar que la compañía teatral La Chalina ha puesto por segunda vez en escena en la sala Amankay del Centro Cultural Cotesma el pasado viernes 15. Para mantener la unidad de narración los personajes a lo largo de las tres historias llevan los nombres de los protagonistas del tercer cuento, Experiencia en el Cairo. Ocho excelentes actores no profesionales y vecinos de la ciudad, han creado personajes tan creíbles que van desde el chanta soñador y farandulero Tulio Rosas en el rol de El Lunfa (un tanto sobreactuado) hasta el vergonzoso y dubitativo Quique elaborado magistralmente por Diego Mamone. El Negro, otro personaje de la fauna porteña interpretado por Rodolfo Marino, secunda con gran ductilidad al temeroso y verborrágico Quique. Mención aparte para Gabriela Prátola en el papel de La Flaca, un personaje de breve actuación pero que define en cuatro renglones las dudas de Quique.En un final a toda mesa en el mítico café El Cairo, de Rosario, se reúnen Alberto Dos Santos (interlocutor en el bloque de El Mundo ha vivido equivocado); Cristian Bascur Cortés en el rol de Carlitos; Miguel Angel Torrano en el rol de Rolo, y Alejandro Aviñón, un mozo del café apodado lógicamente El Gallego, encargado de dar el cierre a la obra, merced a una inteligente vuelta de tuerca del director Mariano Tenaglia que pone en boca de este personaje lo que en el cuento original es narrado por el mismo Fontanarrosa. A diferencia de otras puestas de El mundo ha vivido equivocado o Uno nunca sabe donde la escenografía se limita a dos mesas y dos sillas, en Historias de un bar se trabajó con menos abstracción creando una atmósfera de café cercano a la realidad. En resumen, una obra que dejó satisfecho al público premiando a actores y director con un prolongado y efusivo aplauso.
Mario Kirbus


