Carta de lectores dirigida al Hospital de San Martín de los Andes

Sería demasiado extenso y aburrido contar mis historia hasta llegar a dicho hospital. Para resumir me encontraba viajando hacia estos lares, pasé por la guardia del Hospital de Zapala con un diagnóstico de cólicos biliares. Del Hospital de Junín de Los Andes con un diagnóstico de apendicitis.
Desde el domingo 22, fecha en que me realizan una laparascopia, hasta el jueves 26 de enero fecha de alta, no he dejado de sorprenderme.
He podido apreciar que cuando se combina el profesionalismo y la calidad humana, los recursos materiales, que si bien son necesarios, pasan a un segundo plano.
Soy una persona que padece fobia a las agujas, me da pánico escuchar el ruido del instrumental, cuestiones que padezco desde la primera infancia y siempre creí que no iba a poder ingresar a un quirófano, si a esto le sumamos encontrarme en un lugar desconocido… diría que es imposible.
Mi primer recuerdo es en el quirófano, donde el Dr Agustín Huossay, me fue explicando donde estaba y cómo iba a ser todo, siempre con una sonrisa en el rostro, tratándome como si supiera lo que yo estaba sintiendo. Poco más recuerdo de ese día y siempre refiere a personas cordiales, tratándome con suma delicadeza, comprendiendo mis dolencias, mis temores.
Y así, pasaron los días, luego vino la habitación común, pero la atención continuaba siendo cordial, desde quien desempeño la tarea más importante para mi salud, pasando por enfermeras, mucama, personal de cocina, todos muestran una calidad humana y profesional que no es muy fácil encontrar y menos en un hospital.
Creo que ya me extendí demasiado, estoy eternamente agradecida por el trato y por poder volver a creer qué hay muchos profesionales de la salud que siguen su vocación y no una cuenta bancaria.

Mariela Bonaldi

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