Las verdades de la realidad – Infinitas interpretaciones, una sola realidad

Convergieron las manifestaciones orgánicas y naturales de un descontento que emergió ante un gobierno que abrió la posibilidad de que esto sucediera, aquí y ahora; después de que saturaron sus “¿errores?”, no se reencauzara un rumbo o de haber tomado la iniciativa.
Lo posibiltó el gobierno al no ofrecer resultados ostensibles de frente a la sociedad; no con los números de la macroeconomía, sino en la microeconomía cotidiana; cuando incumple sus promesas y al mismo tiempo comienza a develar sospechas de corrupción, que se esconden en los supuestos conflictos de intereses.
Entonces, la totalidad de medios y opinadores acomoda sus interpretaciones.
Lo hacen ante los contundentes paros y movilizaciones producidas; primero por los docentes; para pelear por las paritarias, la recomposición salarial y la Educación Pública; luego, por todas las centrales gremiales; por el rumbo económico, los despidos y el trabajo Nacional; y por último, por las mujeres; por la igualdad de derechos, contra los femicidios y la violencia de género.
Están quienes interpretan los hechos diciendo que “son movidas motivadas por el año electoral, por lo que sólo son acciones de campaña”. Están quienes dicen que hay una mano oscura desestabilizadora, que manipula las acciones para volver al pasado y apropiarse del gobierno o de la caja.
Están quienes dicen que son los reposicionamientos de una interna que sólo busca capitalizar el descontento social y generar nuevos liderazgos.
Están también los que dicen: “aquí nadie quiere laburar y todos quieren mamar de la teta del Estado, los de arriba y los de abajo”.
Y están los que interpretan que el descontento social, la bronca, es traicionada por una clase dirigente, política o gremial, que negocia a espalda de los trabajadores, que transa las arcas de las obras sociales y se apoltrona en sus cargos, para continuar con sus privilegios.
O simplemente están los que dicen que la gente se cansó, no aguanta a fin de mes y tiene miedo de perder su empleo o lo perdió. Y se interpretan muchas cosas más.
La complejidad de la trama político–social propicia una infinidad de análisis, tanto como la diversidad de visiones ideológicas, políticas, estratégicas y tamices personales. La presencia de fuertes choques de intereses, de ambiciones personales, de luchas de poder, de la distribución del ingreso y las propias contradicciones, aumentan la mirada. Es la política. En buena hora.
Pero hay una sola verdad, que es la realidad: la contundente presencia y protagonismo de miles de personas en la calle, que cada vez más manifiestan su descontento y gritan y exigen sus demandas.
Son voces en la calle que no se apagan con la charlatanería de los insistentes personajes que invaden cotidianamente los medios.
Algo está cambiando, lejos y a contrapelo del anunciado “cambiemos” del eslogan de campaña, y que muchos votantes afines al gobierno creyeron.
Esta vez, ¿será para modificar las injusticias sociales?; ¿será para debatir un Proyecto Nacional Democrático y Popular en contraposición de uno de sumisión y entrega, que pretenda crecimiento sin inclusión?
¿Será para reemplazar la caduca dirigencia en algunos sectores, por representantes honestos y transformadores? ¿Será para modificar las correlaciones de poder y cambiar las cosas de verdad?
Estos son los grandes interrogantes que se deberán ir aclarando, para que no vengan después las sorpresas, como las del Brexit, las de Trump o las del plebiscito de Colombia.

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