Elecciones polarizadas. Un proceso para prestarle atención

Una fuerte polarización electoral enfrenta este domingo Brasil, entre el candidato del Partido Social Liberal (PSL), Jair Messias Bolsonaro y el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad. Lo que se juega con la polarización.

 Este domingo tendrá lugar lo que seguramente será la primera vuelta electoral en Brasil. Así será, ya que se prevé que ningún candidato alcanzará el triunfo en esta vuelta, que requiere del 50% de los votos del electorado. En la segunda vuelta participarán los dos partidos más votados y tendrá lugar el 28 de octubre.

Se elegirán en estas elecciones, además de Presidente y Vice, legisladores del Congreso Nacional, Gobernadores y Vicegobernadores estatales, las Asambleas Legislativas estatales y la Cámara Legislativa del Distrito Federal.

Rige ya la veda electoral en la radio y televisión, y los últimos sondeos dan un 32% para el ultraderechista Bolsonaro y un 23% para Haddad, quien fuera vice del proscripto ex presidente Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), por lo que asumió la candidatura.

Ambos se encuentran lejos del resto de los candidatos (siempre según los sondeos), por lo que se viene observando con el correr de las campañas, la fuerte polarización del electorado.

Lo cierto es que dicha polarización descansa fundamentalmente más en el “contra de” que en el “a favor de” lo que explica la binaria elección.

Resta por determinar el comportamiento de un 30% del electorado, que rechaza a ambos candidatos y las sorpresas que pueden deparar los errores que suelen ocurrir con las encuestas.

No es poco lo que se juega en estas elecciones, ya que esta es la tercera contienda que se presenta este año en América Latina, donde un viraje político parece volver a configurarse. En México resultó electo López Obrador de la alianza progresista “Juntos Haremos Historia” y en Colombia triunfó por primera vez un candidato de izquierda como Gustavo Petro.

La imposibilidad de la corriente neoliberal brasilera de encontrar un candidato capaz de oponerse al retorno de un gobierno que defienda los intereses nacionales y de las clases populares brasileras, llevó a incentivar y ayudar a que creciera el extremismo de derecha; que representa la instalación en escena de Bolsonaro.

El otro incentivo lo explica el creciente grado de crisis social, política y económica en que se encuentra sumergido el país.

Hasta el 2013 la economía de Brasil crecía, para desencadenar luego en un ciclo recesivo bajo el gobierno de Dilma Rousseff quién sucedió a Lula a principios del 2011. El golpe parlamentario que padeció en agosto de 2016, agudizó la crisis, la que se profundizó con otra de corte política producida mediante el polémico encarcelamiento de Lula, a quien corrieron de la carrera presidencial. Lula encabezaba las encuestas y podría haber sido claramente el triunfador en estas elecciones.

La economía se contrajo durante 2015 y 2016, para empezar a repuntar muy levemente durante el año pasado.

De todos modos el estado de la economía es crítico, agudizado escandalosamente durante el mandato de Temer, quien asumió hasta hoy la presidencia, luego de la destitución de Dilma por parte del Senado.

El sorprendente crecimiento político del extremista de derecha Bolsonaro dicen que dejó perplejo al equipo de campaña de Haddad, quien a la vez corrió con la desventaja de ser bastante desconocido para el electorado general, al necesitar reemplazar a Lula recientemente.

Bolsonaro expresa al mismo tiempo un voto antisistema, como ocurrió en gran parte en los Estados Unidos con Trump. De cualquier modo asombra su crecimiento, porque se trata de un confeso misógino, xenófobo y fascista, que no da tregua con sus provocadoras declaraciones.

Ni siquiera la fuerte movilización llevada a cabo por la entidades feministas en las jornadas del 29 de setiembre  con la consigna unificada de “El no, Él nunca”, pudieron aplacar su ascenso en las encuestas.

La incertidumbre reinante vuelve para Brasil todas las miradas por los resultados de este domingo.

Una fuerte polarización que lleva a canalizar las broncas en actos frívolos a la hora de votar.

Un acentuado poder mediático que busca enceguecer, al lado del poder económico real; para juntos conducir irresponsablemente los destinos de una nación, sin medir en consecuencias.

Un proceso enturbiado que se deberá seguir con atención; podría marcar acaso, lo que pueda ocurrir en el resto de la región. Lo que por muchos motivos nos incluye indefectiblemente.

Descubre más desde Realidad Sanmartinense

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo