Día 13: Sonámbula
Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook.
ahora no te quedan sino dos caminos: o te escondes aquí, que es tu casa,
o sales con mi rifle”
-No entiendo un carajo- dijo Santiago Nasar
Crónica de una muerte anunciada
Tengo novedades.
Cuando estuve a punto de empezar este experimento, una amiga me mandó un mensaje por whatsapp. Me dijo algo como “¿Estás segura que querés hacerlo? ¿No crees que el hartazgo de las redes sea consecuencia de la falta de sueño, del cansancio acumulado? ¿Por qué mejor no escribís sobre lo que es NO dormir y todo lo que eso acarrea en la vida de una persona?”. Quizás, “Crónicas de una abstinencia” sean en realidad crónicas sobre la falta de sueño, sobre lo que significa verlo todo nuboso, gris y desfocalizado por un tiempo. Quizás mi vida está tan mezclada de mezclas mezcolosas que ya ni siquiera distingo por donde empieza y termina todo. Soy una sonámbula que disimula estar despierta. Una sonámbula que camina por la calle intentando pasar desapercibida en su siempre posible caída. Pero las sonámbulas, como algunxs -y solo algunxs- niñxs libres, además de poner medias adentro de un tacho de basura a las 3 de la mañana, somos capaces de ver más allá del humo. Por eso no quiero renegar ni sucumbir al sonámbulo, más bien ponerlo a descansar por un rato. Una siesta de 45 minutos sobraría. Y así seguiría siendo esta mezcla mezcolosa de inconsciente, consciente, intuición y razón. Y así seguiría pensando lo mismo que pienso despierta o dormida: que las redes sociales son un quilombo increíble, imposibles de descifrar y que, como Santiago Nasar, no entiendo un carajo- y que, como Roberto, de Dailan Kifki, estamos fritos. Pero fritos de verdad.



