Día 13: Sonámbula

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook.

-Tú sabrás si ellos tienen razón, o no- le dijo- Pero en todo caso,
ahora no te quedan sino dos caminos: o te escondes aquí, que es tu casa,
o sales con mi rifle”
-No entiendo un carajo- dijo Santiago Nasar
Crónica de una muerte anunciada

Tengo novedades.


Miranda ya no duerme más en nuestro cuarto. Moví la cuna a la habitación que comparte con Azucena. Ese es el mejor lugar que le puedo ofrecer. No lo había mencionado antes, pero durante los últimos diez días visité a la homeópata, a la pediatra de mis hijas y a una vidente. Las tres, en idiomas diferentes, me dijeron lo mismo: Que Miranda me estaba tomando el pelo. La homeópata me recetó Ignatia 30. Mencionó la fuerte personalidad de Miranda y su tendencia a hacer lo que se le canta. Además, me dijo, es hiper sensible, como vos. Ups. Ouch, pensé. La pediatra me dijo que tenía que enseñarle a dormir y la vidente, que había sido muy flexible con ella. Lo que intuía. Mis hijas descubrieron la rendija y ahora tengo que mostrarles que soy fuerte y puedo ganarles. Mi hermano me llamó después de mucho tiempo por teléfono y cuando le conté todo esto me respondió con pan y vino. Ah, lo que le faltaba a Miranda era un chancletazo. A veces una como mamá se siente una idiota. Llevo meses buscando estrategias para dormir y dormirla y ¿la respuesta era tan simple como “te está tomando el pelo?”. No lo sé. Lo cierto es que Miranda dará un paso hacia la independencia y eso es muy importante en la vida de un ser humano. Ella y yo estamos listas para esa pequeña gran proeza. Y si la inteligencia de un ser humano se ve reflejada en la sumatoria de decisiones materializadas en actos y situaciones concretas y sus posteriores consecuencias, entonces puedo decir que durante los últimos meses fui una tonta, o no, quizás fui inteligente por buscar leer las necesidades de mi hija, aunque todo eso se viera extendido en el tiempo hasta ser como un chicle gomoso que se estira y se estira hasta ni quisiera poder explotar.

Cuando estuve a punto de empezar este experimento, una amiga me mandó un mensaje por whatsapp. Me dijo algo como “¿Estás segura que querés hacerlo? ¿No crees que el hartazgo de las redes sea consecuencia de la falta de sueño, del cansancio acumulado? ¿Por qué mejor no escribís sobre lo que es NO dormir y todo lo que eso acarrea en la vida de una persona?”. Quizás, “Crónicas de una abstinencia” sean en realidad crónicas sobre la falta de sueño, sobre lo que significa verlo todo nuboso, gris y desfocalizado por un tiempo. Quizás mi vida está tan mezclada de mezclas mezcolosas que ya ni siquiera distingo por donde empieza y termina todo. Soy una sonámbula que disimula estar despierta. Una sonámbula que camina por la calle intentando pasar desapercibida en su siempre posible caída. Pero las sonámbulas, como algunxs -y solo algunxs- niñxs libres, además de poner medias adentro de un tacho de basura a las 3 de la mañana, somos capaces de ver más allá del humo. Por eso no quiero renegar ni sucumbir al sonámbulo, más bien ponerlo a descansar por un rato. Una siesta de 45 minutos sobraría. Y así seguiría siendo esta mezcla mezcolosa de inconsciente, consciente, intuición y razón. Y así seguiría pensando lo mismo que pienso despierta o dormida: que las redes sociales son un quilombo increíble, imposibles de descifrar y que, como Santiago Nasar, no entiendo un carajo- y que, como Roberto, de Dailan Kifki, estamos fritos. Pero fritos de verdad.

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