Día 16: De contradicciones

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook

“- Les recordé que los hermanos Vicario sacrificaban los mismos cerdos que criaban,
y les eran tan familiares que los distinguían por sus nombres.
-Es cierto, pero fíjese que no le ponían nombres de gente sino de flores”
Crónica de una muerte anunciada

Me gustaría ser mucho más concreta y coherente. Mucho más firme en palabras y actos, mucho más plantada. Soy en cambio una raíz que crece discontinua y se aferra a la tierra como puede, aunque con la consciencia abierta de su deuda. Esa es mi única y gran victoria. Las manos con las que me rescato todos los días son mis propias manos- y cuando mi consciencia está cansada, como ahora, me valgo de otras manos y de otras raíces. Las manos de Felisa sanan. También sus palabras. Felisa vive en Junín de los Andes y todos los días pone sus manos y sus pies en el río para alivianar la carga. Me gustaría ser menos contradictoria. Conozco mis paradojas. Recorrí muchas cuevas para llegar a mí. Este experimento es otra cueva más y pienso cómo será el momento de la salida. Ya siento nostalgia de mi adiós.  

¿Hoy termina tu auto exilio de la modernidad?”, me acaba de escribir una amiga por mensaje de texto. Todas las palabras de esa frase fueron justas. Regresar del exilio. Vivir en tiempos modernos. Aprender a vivir en nuestro tiempo. Aprender a ser humano. Encontrar la manera de las cosas, diferente para cada unx.  Encontrar mi manera a pesar de las contradicciones. Soy una mujer que ansía ser mejor madre y soy una madre que ansía ser mejor mujer. Ignoro a Facebook pero lo necesito para compartir mis escritos. Los necesito, a ustedes, lectores. Soy una solitaria pero necesito salir al mundo y ser del mundo y de su gente porque sinó me apago y me pongo  triste. A propósito de la tristeza. Hace poco me hice un test en Google mientras hamacaba el cochecito de Miranda para dormirla. Como pensé que quizás estaba deprimida, escribí: “Test de depresión”. Tuve que responder muchas preguntas con opciones múltiples. El test me dio negativo y festejé con ímpetu y en silencio- no quería despertar a Miranda. Me alegró no tener depresión porque no es algo que estuviera buscando. En el caso de haberme dado positivo, creo que la hubiera aceptado aunque se tratara de una depresión no deseada. Pero nada de eso pasó y el test me ubicó en humanoide promedio. Tengo deseos, sueños, proyectos. Duermo para el culo porque tengo una hija que…y… A  pesar de todo y con todo, soy una persona optimista. Lo bueno del test es que fue rápido y en cinco minutos pude tener mi diagnostico, algo realmente práctico considerando que tenía varias tareas por delante y no podía seguir perdiendo el tiempo en cosas tan deprimentes (nota: si querés saber si sos hipócrita, por ejemplo, también hay un test de hipocresía. Y otros como: test de ansiedad, test del negador, test del hipocondríaco y todos los tests que se puedan imaginar). Volviendo al tema principal de los cerdos, los nombres y las flores;  a las formas impiadosas que cobra toda contradicción humana…resulta que soy ciudad inmaterial y montaña material. Lloro por dentro pero uso sombrero rojo, y cuando disfruto, considero haber ganado una batalla- la de mis ancestros.  Tengo pocas certezas, pero de algo estoy segura: una señala hacia afuera lo que no vive por dentro. Así, el que señala al homosexual, le teme a su propia homosexualidad; el de izquierda a los placeres terrenales, el de derecha, al despojo material…en mi caso, creo que como persona de izquierda tengo mucho de derecha y como persona de derecha tengo mucho de izquierda. Las redes llegan para reflejar mis propias negaciones. Las detesto y las quiero. Son margaritas que se deshojan hasta llegar a su último pétalo incierto, contradicciones Vicarias de lo humano.

lustrador: Lucas Palacios

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