Día 20: No es que…

Treinta días sin conexión instantánea. Treinta escritos, uno por día, que narrarán la vida de Clara Oyuela fuera de las redes sociales. Un mes sin whatsapp, sin Instagram y sin Facebook

“Bueno- dijo- , aquí estoy”
Crónica de una muerte anunciada

No es que escribimos “Las Primas”, de Aurora Venturini. Es que escribimos “Los micro-cuentos de Chupetona, cuentos cortos para ir al baño”. Los escribimos y dibujamos con Azucena, inspirados en una niña de sus sueños. Una niña que no usa chupete.

No es que con Azucena y Miranda caminamos por el cráter del volcán Puyehue. Es que caminamos por el callejón de Gingins, juntamos flores violetas y soplamos un panadero hasta que solo quedó su tallo.

No es que cocinamos una torta de un metro y medio en “Pan con Chocolate”,  es que hicimos unas galletitas de colores que quedaron bastante feas pero Azucena no paraba de decir lo ricas que eran (faltó azúcar y nos pasamos de harina).

No es que Suyai Otaño nos sacó unas fotos para su próxima obra, es que nos sacamos una foto con Azucena y Miranda en la capsula de fotos instantánea. En la mayoría yo salí con los ojos cerrados, Miranda por la mitad y Azu,  amarilla.

No es que viajamos a Disney por una noche. Es que fuimos a la plaza Sarmiento con mi prima Jose y sus hijxs. Azucena estaba tan excitada de hacer plaza nocturna que empezó a correr y se cayó. Se raspó la rodilla y no paró de llorar hasta que llegamos a casa. Al día siguiente, rengueó todo el día pero en un momento la pesqué corriendo yendo a buscar chocolate a la cocina.

No es que en la glorieta se escuchaba a “Fémina” improvisar algunas canciones inéditas. Es que había un coro de principiantes que practicaba sus canciones y le daba verano a la noche. Una de las canciones era “El monstruo de la laguna”, pero con letra de protesta social. Raro.

No es que fui al Teatro Colón a ver a Paloma Herrera. Es que vi a Elsa, de Frozen, a La Llorona, de Coco, y a la versión femenina de Carlos Vives, hacer su propio show en el living de mi casa. Azucena me pidió que por favor no hablara porque en el teatro no se habla, y después me repartió unos billetes del “Estanciero” para que le pagara el show que había visto. Le dije que en el teatro también se podía pasar la gorra.

No es que Miranda corre como Caster Semenya. Es que quiere dar sus primeros pasos y yo la estoy ayudando a caminar por el pasto. Le agarro un dedo y cuando no se da cuenta, se lo suelto. Me dijeron que otra técnica era darle un lápiz. Le di uno de color piel- no puedo con la sobreprotección.

No es que la vida sin redes sociales me inspira a hacer cosas extraordinarias. Es que lo extraordinario es sentirme más presente y  más tranquila; sin interrupciones ni distracciones, sin la ansiedad de sacarle fotos a cada uno de los momentos. Eso, para mí, es llevar a mis hijas a las estrellas.

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