Malvinas, una gesta muy hermosa

El 26 de mayo de 1982, el Brigadier británico Thompson recibió la orden de atacar Darwin y Pradera de Ganso, con la urgencia política de obtener una victoria. La propaganda interna era necesaria para Inglaterra en ese momento, sobre todo teniendo en cuenta que el clima  se complicaría aún más en los próximos días. Estaban desorientados, la fuerza británica desconocía la verdadera capacidad de Argentina. Días antes, el hundimiento del Atlantic Conveyor complicó su situación. Ahora disponían de una pista de aterrizaje menos para los aviones Sea Harrier.  A pesar de todo, Thompson cumplió las órdenes y el segundo batallón de paracaidistas inició su marcha.

Nicolás Kasanzew es periodista y corresponsal de guerra. Fue el único periodista argentino que estuvo presente en 1982 durante el conflicto de Malvinas.  

Algo está claro: a medida que el tiempo transcurre, este conflicto despierta mayor interés, y  se reconoce el valor de los combatientes. Y para que esto ocurra Nicolás ha sido un aliado de importancia. Además de brindar charlas, como las que pudimos celebrar en nuestra ciudad la semana pasada, ha publicado dos libros que cuentan la otra cara de esta guerra: Malvinas, a sangre y fuego, y La pasión según Malvinas.

Los libros son consecuencia de la censura.  Kasanzew, quien en ese momento trabajaba  para Canal 7, cuenta que al volver de la guerra, sus propios compañeros de trabajo fueron quienes le contaron que “el noventa y cinco por ciento del material no sólo no se había mostrado sino que fue destruido”.  Los libros fueron la manera que encontró de compensar todo lo que no se dijo de la guerra en ese momento.

Nicolás festejó su cumpleaños estando en Malvinas y recuerda el par de medias de lana que le regalaron los oficiales y suboficiales de la fuerza aérea como “el mejor regalo”. “En  ese ambiente era a precio de oro”, dice.

Se siente orgulloso al reconocer las hazañas de quienes combatieron, “sobre todo de los pilotos, que hicieron absolutas maravillas con aviones que no eran para enfrentar una flota modelo 80”, manifiesta. Y agrega: “Nosotros teníamos muchos aviones modelo 50, los A4, y sin embargo con esos aviones, supliendo los treinta años de diferencia en tecnología con pericia y con coraje, diezmamos a las fuerzas inglesas”. Pero también lo invade la indignación por los generales que no se preocupaban por los soldados. “Tenían una actitud pasiva, no querían realmente combatir. En la guerra de Malvinas yo vi que combatían los más  jóvenes, nosotros no perdimos la guerra porque teníamos soldados de 18 y 19 años, si no porque  teníamos generales y almirantes de 50 que claudicaron”.

Los vínculos que se establecen  en la guerra son muy fuertes,  al igual que las imágenes y los recuerdos que quedan. Es muy doloroso saber que se un combatiente ha muerto. Pero el periodista afirma que “también han quedado grabadas historias de amor al prójimo, que también es lo que se ve en una guerra, no solo las miserias, sino las grandezas del alma, porque en una guerra se caen todas las caretas, nadie puede aparentar lo que no es y entonces ves lo mejor y lo peor del ser humano”.

El sacrificio estuvo presente a lo largo de todo el conflicto. Kasanzew se cuestiona por qué se esconde la otra cara. Probablemente, los modelos que construimos se inspiran en futbolistas o personajes de la farándula. En la guerra se pensaba en el otro. “Por ejemplo, cuando cae herido de un balazo en el estómago un sargento, Villegas, y ordena a dos soldados que lo seguían que se salvaran, que se retiraran, ellos arriesgan la vida, desobedecen la orden, lo llevan ocho kilómetros al hombro y le salvan la vida.”

El periodista recuerda la hazaña de los aviadores cuando se hundió el Belgrano.  “No se sabía dónde estaban las balsas y cada minuto era importante porque se iban a seguir muriendo en el mar. Sale el avión que llega hasta el punto que los pilotos llaman punto de lotería. O  sea que, desde ahí se tenían que volver porque si no se caían al agua. Y conferencian el capitán con la tripulación y los 10 dicen “seguimos volando”, y vuelan media hora más y salvan 700 vidas arriesgando la propia. Tanto así, que el avión a duras penas llegó con el mínimo de combustible a aterrizar de vuelta en el continente”.

Está convencido de que los ingleses reconocieron más el valor de nuestros soldados, que los argentinos mismos. “El almirante inglés Woodward, escribió un diario durante la guerra. El 13 de junio, después de numerar las bajas que sufrió la fuerza británica, escribe esta frase: “Si los argentinos pudieran soplarnos nos caemos””.Ese día Menéndez decide la rendición.

Los británicos estaban tan desgastados como los argentinos, y asegura que “esa flota estuvo a un tris de volverse, y esto da por tierra con todas estas frases hechas que dicen que estábamos de antemano condenados al fracaso”.

Nicolás Kasanzew volvió de Malvinas el 13 de junio en el último Hércules. “Ese fue un vuelo absolutamente para el infarto, porque salimos con las bengalas inglesas iluminando el cielo del aeropuerto. Los cañones ingleses estaban reglando la pista, había packs de Harriers encima de nuestras cabezas, y había enfrente nuestro una fragata inglesa que un par de horas más tardes, derribo al capitán Casado, bien nos podría haber derribado a nosotros”.

A pesar de hablar del mismo tema, cada charla es distinta y emocionante para el que conoce la historia. “Malvinas es una gesta hermosa”, dice. “Demasiado hermoso desde el punto de vista de los valores humanos, y por eso es una gran picardía que nuestros gobiernos, nuestros medios de prensa tergiversen, oculten o reduzcan”. Porque es obvio que la guerra es sinónimo de hambre y de frío. “Pero no ahondan, y si ahondaran descubrirían un panorama épico que yo estoy absolutamente seguro, tengo conciencia histórica, que con el paso de las décadas Malvinas va a quedar a la par del cruce de los Andes nada menos. Dentro de cien años nadie va a recordar quien fue Alfonsín, Macri, y todo el mundo va a conocer los nombres de nuestros héroes porque van a estar en los libros de historia”.

Agradecemos muy especialmente a Casa de Te Arrayán.

Producción y Fotografía: Leo Casanova – RSM

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