Juan Kovadloff: “Es importante la interacción entre la actividad y la historia de un lugar”

Juan Kovadloff vive en San Martín de los Andes desde el año 2003. Aunque se dedica a la luthería desde hace 20 años, hasta el 2016 enseñó guitarra. Hace tres años, pudo conseguir el espacio donde dicta el Taller de Luthería, que funciona en el Ex Hotel Sol.

RSM: ¿Cómo  llegaste a la luthería?

JK: Yo era guitarrista, y como músico quería saber cómo reparar mi instrumento. Tenía una guitarra y no estaba conforme con como andaba. Quería mejorar su funcionamiento. Fue una búsqueda. La llevaba a un Luthier, y en un momento le pregunté si podía trabajar con él como aprendiz. Quería meterme en el mundo de la luthería. Así empecé, gracias a Gustavo Cicero. Y después seguí aprendiendo con otra gente. Cuando llegué a San Martín de los Andes conocía  a Daniel Etcheverry. Es un tipo muy  ingenioso, y entre los dos íbamos aprendiendo, compartiendo conocimiento. Yo sabía que hacer cómo guitarrista, él sabía un poco más como ingeniero.

RSM: Más allá del maestro que te acompañó  desde el  comienzo, ¿estudiaste luthería?

JK: Todo el aprendizaje que tengo con respecto a la luthería no es académico. Fui aprendiendo través de la experiencia.  Y como músico hice una Tecnicatura en guitarra y siempre lo que hice fue dar clases de guitarra, ese fue mi medio de vida. Pero desde hace tres años dejé de dar clases de guitarra y cambié de oficio. Toco en varios proyectos como guitarrista pero ahora ya no doy clases. Ahora vivo de la luthería.

RSM: Contanos sobre el taller. ¿Cuánto tiempo se tarda en construir una guitarra?

JK: Se tarda aproximadamente 8 meses en realizar todo el proyecto.  El vínculo entre el artesano y la obra se establece durante un periodo largo de tiempo y te vas encariñando con el trabajo. El día que le ponemos las cuerdas y suena es como un nacimiento.

RSM: Es más difícil si no se tienen conocimientos musicales…

JK: Alguien que no sabe de música está a tientas respecto a las medidas de las cuerdas. Yo, como coordinador, le digo que las cuerdas tienen que estar a 4 milímetros del diapasón como máximo. Si quedan muy altas son más difíciles de pisar. Tiene que haber un correcto funcionamiento del instrumento, que se llama “la acción”. El instrumento tiene que tener una correcta acción. Si quien construye la guitarra es músico, le resulta más fácil percibir esas cosas. Cuando le damos la forma al mango es un momento de mucha recompensa. Porque sucede que hay momentos que laburás todo el día y parece que tu trabajo sigue igual, y hay momentos que sucede a la inversa. Entonces uno de los procesos que visualmente tiene mucha recompensa es el tallado del mango porque pasás de un formato cuadrado a un formato redondo. El que sabe tocar en seguida se pueda dar una noción al tacto de si el mango está muy grueso o muy fino. Hay muchos procesos que se vuelven a empezar, cuanto más experiencia mejor. Hace 20 años que estoy con la luthería y cada vez tengo más en cuenta que hay procesos en lo que es el taller escuela. Entonces me tomo más el tiempo para decir: “hagámoslo devuelta, ¿qué apuro hay?”. Aparte, el ensamble de la guitarra es el encastre de un montón de piezas que en un momento están separadas y después se juntan. Entonces el formato de esas pieza se tiene que ajustar con precisión al molde, porque sino te cuesta un montón armarla. Lo que tiene que ocurrir es que lo ensambles sin esfuerzo, y a veces hay que hacerlo dos veces.  Me parece que esa paciencia que uno va adquiriendo es parte del oficio.

El taller funciona todos los días y en total asisten 35 alumnos. Para inscribirse, en este momento, hay lista de espera. La idea es que a medida que cada uno va terminando su proyecto, otro pueda ingresar.  En las clases, por una cuestión espacial, hay un máximo de 5 personas. Pero también es interesante destacar que las escuelas primarias y secundarias realizan visitas al espacio.

RSM: ¿Cómo funciona el taller de luthería?

JK: La cuota del taller tiene un valor de $1800 y eso incluye cuatro clases de dos horas y media a tres horas.  Aparte se abona el valor de los materiales que queda al costo, las maderas, los clavijeros. Todas las personas vienen y hacen su guitarra como si fueran a cualquier taller.

RSM: ¿Qué crees que le aporta la Escuela de Luthería a la ciudad?

JK: El taller brinda becas en contraprestación con el espacio que ocupa que es un espacio municipal. Son 10 becas gratuitas que las orientamos a alumnos de las escuelas técnicas. Esos chicos y chicas vienen los días lunes a partir de las 15 horas y hay dos grupos de 5 personas, uno de 15 a 17.30 horas y el otro de 17.30 a 20 horas. Esos chicos van construyendo su guitarra de forma gratuita, no pagan clases ni materiales. Cada vez que un chico termina su guitarra se la lleva y libera la vacante que siempre son 10. Un chico del barrio Cantera terminó una guitarra. Usó una de las becas. Entonces, ahora tiene que traer a alguien que considere que el taller le pueda servir para que se genere el de boca en boca y que vaya haciendo algo bueno a través del tiempo.

RSM: Si, pero el proceso de construcción es largo

JK: Claro, pero algunos terminan antes que otros; igual hasta que se termina todo el proceso, es largo y pasa todo un año. Es un ciclo diferente al de la escuela. Los chicos siguen viniendo en las vacaciones paso todo el verano que siguieron viniendo por que la pasan bien. Incluso los que terminan no se quieren ir y se quedan en otros horarios ayudándome y aprendiendo el oficio.Trato de extender su permanencia en el taller todo lo que pueda.

RSM: ¿Solo chicos de la escuela técnica o está abierto otros estudiantes?

JK: Por ahora solo de la escuela técnica. En un principio, lo que pasa es que las vacantes son pocas para lo que es toda una comunidad. El taller se autogestiona.  Con la plata de la gente que paga, mantengo las becas, por eso es que el número de vacantes es limitado. Por eso, direccionamos las becas para estudiantes de las EPET. La idea es abrirlo a toda la comunidad de estudiantes. Las escuelas hacen visitas, la idea es que el proyecto crezca y que este abierto a toda la comunidad sin costo, o con un costo accesible. 

RSM: ¿Cómo es el proceso de construcción de una guitarra?

JK: La guitarra se empieza a ensamblar en una tabla de ensamble para  asegrarnos que quede recta. En la misma tabla se van a presentar los aros (los costados de la guitarra). La madera  de los aros se dobla aplicándole humedad y calor y se flexiona sobre un tubo caliente. La madera que compramos nosotros es de guayubira. Son tablones de una pulgada por seis y se fetean en una carpintería con una maquina circular para que queden de 4 milímetros. Esto nos ayuda muchísimo porque  tenemos que seguir afinándola con una lijadora porque esta madera tiene que llegar a 2 milímetros de espesor.  Recién cuando la pieza mide 2 mm está lista para trabajar. Después  de la lijadora, usamos otra máquina que es como un tubo gigante que tiene una  resistencia  de termotanque. En esa máquina “hervimos” las maderas y la flexionamos contra un tubo caliente, que tiene una lámpara que lo calienta a 100 grados.  Presionamos la madera humedecida en caliente y le damos la forma. Lo que tenemos son moldes y prensas que nos ayudan.  Hay que flexionar la madera hasta que quepa en el molde y con unos taco con la forma de la guitarra, como si fuera el negativo,  se encargan de presionar el trabajo todavía húmedo y caliente. Una vez que la madera está seca y fría queda en lo que llamamos “estado de reposo”.

RSM: ¿Qué tipo de maderas usas?

JK: Los fondos y los aros son de guayubira. Por lo general, el concepto es que la caja sea de madera dura, para que el sonido refracte contra las paredes interiores de la caja, como en el baño que suena como con un eco. Cada parte de la guitarra cumple una función específica y necesita un material diferente.  Por ejemplo: la tapa (que es el frente de la guitarra) es de madera bien liviana. La tapa es todo,  es lo que produce el sonido en la guitarra, y por lo tanto  tiene que ser de madera muy liviana porque la vibración de las cuerdas tiene que poder estimular el panel, y ponerlo en movimiento. Si fuese pesada la vibración de la cuerda no mueve la tapa, la resonancia no se produce y la guitarra no suena. La tapa tiene que ser muy vibrante. Pero a la vez no tiene que colapsar con la tensión de las cuerdas. Para que no se doble toda la tapa con la tensión lleva una serie de refuerzos, por detrás,  que fortalecen donde más hace falta y deja vibrar donde también mas hace falta. La parte del puente es donde los refuerzos están más espaciados y están más cerca en la zona la boca de la tapa (un agujero significa debilitamiento). Por eso, están más juntos arriba. Esta zona que tiene la boca es la zona crítica de la guitarra. Siempre que una guitarra se dobla sucede en la boca. Alrededor de la boca se incrusta la roseta, es otra madera que esta  incrustada a un milímetro porque el agujero de la boca está cortando fibras naturales. Entonces lo normal sería que la madera se parta en donde acabamos de cortar. La roseta contiene la fibra para que la madera de la tapa no se abra por la veta. Esa es la función de la roseta que puede ser de madera de radal. En las guitarras de fábrica, la roseta tiene una función ornamental, no cumple la función estructural que tiene que cumplir la roseta.

RSM: Pero ¿eso no le da calidad a la guitarra?

JK: No, por eso hay guitarras de diferentes valores. Una guitarra cualquiera cuesta arriba de los 1500 pesos, y una artesanal no baja de los 30000. La diferencia radica en muchos detalles que hacen al instrumento. Los materiales básicamente, y la forma de construcción. La guitarra de fábrica tampoco necesita roseta porque los paneles están hechos de terciado. Y como las fibras del terciado van entrecruzadas nunca se va a rajar. En cambio, la madera maciza que usamos nosotros  es una sola fibra. Una guitarra artesanal es más frágil que una guitarra de fábrica.

RSM: ¿Qué otros instrumentos construyen en el taller?

JK: Además de guitarras, fabricamos charango, ukelele, bajo, cajón peruano, todo lo que se llama  instrumento de cuerda pulsada, los instrumentos que se tocan con la mano. No violines, viola, violoncelos, que son instrumentos de arco.

RSM: ¿Reciclan elementos para la confección delos instrumentos?

JK: Si, las maderas que usamos son locales como Raulí, Alerce, Ciprés, y Radal. Por ejemplo, mucho del Raulí me lo pasaron cuando hicieron la refacción en la calle Koessller, de lo que hoy es Crux. En esa remodelación me dieron  todo el raulí que sacaron. Esa madera es muy espectacular para hacer una guitarra porque es un raulí estacionado que tiene muchos años. Los refuerzos también son de otra remodelación, de la Casa de Estudios Cotesma. Sacaron un montón de machimbre de Alerce que, si bien no sirve para hacer tapas, lo listoneamos y hacemos los refuerzos. Me parece que importante la interacción entre la actividad y la historia del lugar. En San Martín de los Andes existen un montón de remodelaciones edilicias, y esa madera se puede reciclar. La mayor parte de los materiales que usamos son maderas recicladas.  Es muy lindo cuando traes  una madera de tu casa y te haces una guitarra. Siempre cuento la historia de Brian May, el guitarrista de Queen, la guitarra que usa, y usó siempre, es la guitarra que se hizo con el padre con un tablón que encontró en su casa. Tenés una  conexión distinta como artista y como música cuando el instrumento es construido por vos, y más si la madera la trajiste de tu casa. Tiene una historia. Me gustan las historia de la madera:“esta madera estuvo en un campo en Buenos Aires, y terminó siendo guitarra en la Patagonia”.

Aquellos interesados ser parte de la Escuela Taller de Luthería pueden contactarse por mail a tallerescueladelutheria@gmail.com, o también por las redes sociales Instagram y Facebook como Taller Escuela de Luthería.

Fotos: Leo Casanova – RSM

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