El Cafecito del pueblo: “Sin esa mesa para mí no hay mañana posible”

Hace 19 años Gustavo Corbalán, uno los gastronómicos con mayor historia activa en San Martín de los Andes, abrió las puertas del Cafecito Bar, ubicado en la Av. San Martín, casi esquina Elordi. Abre todos los días desde las 7.30 hasta las 23 horas, y recibe allí a numerosos vecinos que llegan a lo largo del día a tomar algo y a conversar sobre los distintos temas de la realidad que vive la ciudad.

El Cafecito recuerda a esos clásicos cafés de los barrios porteños donde los lunes, después de una fecha de fútbol, se juntan los amigos a tomar un cortado y de repente todos se convierten en directores técnicos. Gustavo nos cuenta que aquí después de una buena nevada, todos se convierten en maquinistas y durante la temporada de pesca, los guías discuten sobre sus mesas quién pescó la mejor trucha.

Gustavo Corbalán llegó a San Martín de los Andes en el año 87 para trabajar en el Hotel Sol, y junto a Boland y a Fernandez Robles administraba la gastronomía del cerro y del complejo hotelero. En el 90 abrió La Bataraza, frente al lago, una recordada parrilla de la ciudad. Estuvo junto a Pupi Delfino en lo que fue El Peñón y luego en Hua Hum, del 90 al 97. Ahí llegó la segunda etapa de la Bataraza. Después, el Cafecito.

Gustavo Corbalán en su tiempo libre juega al fútbol en el equipo Los Dinosaurios de la Liga de Veteranos. Está casado con Angie y tiene dos hijos, Juan Manuel (21) y Catalina (18), que le dan una mano en el Cafecito y trabajan unas horas allí.

Su propuesta es bien de bar, tanto en las comidas como en la variedad de bebidas. Los desayunos, cafés y sándwiches son muy valorados por los clientes, pero también las comidas rápidas y minutas, todo bien casero, que prepara para los mediodías o a la cena. Por la tarde salen las tortas y tartas, o los tés con tostadas. Siempre hay una oferta de menú del día con gaseosa o vaso de vino incluido.

“Todos los días en la mesa del fondo nos reunimos con clientes y amigos a tomar un café y a conversar. Sin esa mesa para mí no hay mañana posible”, confiesa Gustavo, quien agrega: “Siempre voy renovando algo. Hice todo remando, con mucho esfuerzo, y me da mucha alegría que se haya convertido en el café del pueblo”.

Foto: Leo Casanova – RSM
Producción y redacción: Fernando Sánchez

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