7 Años de Colegio ICEBLE: una escuela a puro pulmón

Vanesa Capurro Geoghegan vive en San Martín de los Andes desde hace 27 años. Siempre trabajó en educación, primero en Jardín y luego en Primaria, en distintas escuelas de la ciudad y de la vecina Junín de los Andes. Se formó como Maestra especializada en Educación Inicial, luego como Profesora de Enseñanza Primaria, es también maestra de Inglés, realizó un posgrado en Teología y está terminando uno sobre Conflicto y Mediación, “fundamental para estos tiempos”, explica. Es miembro de la asociación sin fines de lucro que sostiene a la escuela, una de las gestoras del proyecto y, en la actualidad, Directora General de ICEBLE, el Instituto Cristiano Evangélico Bautista Luz y Esperanza, que ha cumplido ya siete años de vida educativa.

Cuando comenzaron la escuela, lo hicieron con 8 chicos en primer grado y 12 en las salas de jardín. Hoy luego de 7 años de intenso trabajo cuentan con 250 chicos en toda la escuela, yendo por una tercera promoción en primaria y cuarta en jardín. Con una propuesta de nivel medio que dio la posibilidad de generar una nueva escuela técnica en la comunidad. Y todo este crecimiento realizado de manera autosustentada porque no cuentan ni han contado con subsidio alguno del Consejo Provincial de Educación, a pesar de habérselo prometido cuando se gestaba este proyecto educativo en un momento donde hacían falta aulas en la ciudad.

ICEBLE tiene una visión: “formar personas con sentido de pertenencia y conciencia hacia Dios, hacia su familia y la comunidad toda”. Y está atada a una misión, a algo práctico: “aplicando el corazón a la enseñanza, transmitiendo valores y principios para la vida”. Vanesa explica: “Esto es lo que día a día hacemos. Este cartelito lo vas a ver en todas las aulas. La escuela sale, se vincula, es una asociación sin fines de lucro que se mueve en su comunidad, colabora donde haga falta”. La Directora recibió a RSM en su oficina llena de papeles y proyectos. Allí pudimos conversar sobre la escuela, su historia y su forma de ser.

RSM: ¿Qué destacan de estos siete años de vida institucional?

Vanesa Capurro Geoghegan: Primero, que no es una escuela que haya crecido en forma vegetativa, es decir grado por grada cada año. Sino que lo hizo de acuerdo a la necesidad que tenía el otro. Por ejemplo, arrancamos nuestro segundo año, en función de la demanda, abriendo no sólo segundo grado, sino también tercero. Y esto lo hemos hecho en varias oportunidades cuando ha hecho falta. Y este fue nuestro pensamiento siempre y es lo que nos sigue sosteniendo ahora. De hecho hubo un año que tuvimos una gran demanda para primer grado y tuvimos que armar un segundo primer grado. El edificio lo utilizamos al máximo, a la mañana está todo lo que es nivel inicial y primaria, y a la tarde es escuela técnica.

También es importante para nosotros que las aulas están todas digitalizadas. Cada aula tiene además de sus pizarras, sus proyectores, internet, los parlantes y los equipos de sonido. En todas las aulas el mismo sistema, como una herramienta fundamental que el docente tiene para trabajar hoy en día, donde el chico crece en una sociedad en la que el clic es lo más rápido y se aburre fácilmente con todas las cosas. Y es lógico por la velocidad en que avanza la sociedad.

Entonces al contenido lo tenés que dar de la manera más creativa posible para que los chicos sigan aprendiendo, sabiendo que la forma en la que aprenden es muy diferente a como lo hacíamos nosotros en nuestra época, donde podíamos permanecer más tiempo sentados. Ahora necesitan nuevas rutinas. Por eso nosotros trabajamos ya en primer ciclo de la primaria, y es una de nuestras fortalezas, con docentes divididos en las materias de sociales y naturales, matemáticas y lengua. O sea que ya los chicos desde primer grado comparten docentes. Ellos saben que viene la seño tal o el profe tal, con su modalidad, su tono, su manera de enseñar diferente al otro, y qué pasa, es menos desgastante para el docente y también para el chico que al cambiar de persona y forma está potenciando su capacidad de atención, por ejemplo. Y esto para nosotros es fundamental.

Otro ejemplo es que en las rotaciones de cuarto a séptimo grado hay un aula de sociales, otra de lengua, de matemáticas y de naturales y los chicos cambian de aula de acuerdo a la materia que les toque cada día. Generan  autonomía y aprenden a sostener un montón de cosas como a cuidar sus pertenencias y no se aburren de estar siempre en la misma aula sentados a veces con el mismo maestro.

RSM: ¿Cómo definen esta propuesta educativa?

Vanesa Capurro Geoghegan: Creemos que es una propuesta innovadora, cambiante, que la modificamos cada año, que podemos disfrutarla, donde pensamos en los chicos permanentemente. Esto es algo que hacemos siempre. Vemos qué funcionó cada año, qué hay que cambiar. Tenemos los proyectos anuales en cada uno de los grados, donde trabajamos para que cada año puedan estar viviendo algo diferente, disfrutarlo e ir preparándose para lo que viene en el siguiente curso.

Tenemos talleres desde sala de 2 y 3 hasta séptimo grado. En sala de 2 y 3 se llama “Pequeños exploradores”, en la de 4 años “Los investigadores”, en sala de 5 es un proyecto donde trabajan más con computadoras. En primer grado con reciclado y el Sirve, en segundo todo lo que es la  alimentación, en tercero es teatro, en cuarto es el viaje a Neuquén y el aprendizaje de nuestra provincia, quinto grado desarrollan todo lo que es huerta, sexto con la parte de radio y locución, y en séptimo todo lo que son proyectos sociales. Por ejemplo ver qué necesitaba el hospital, realizar una campaña y luego los mismos chicos de séptimo lo llevan. Todo dentro del horario escolar.

Desarrollamos también un proyecto que se llama “Sembrando Sonrisas”, del que participa tanto la escuela como la iglesia y todos los spots radiales los hizo sexto grado. En alimentación saludable, se implementaron desde segundo grado los jugos en la escuela. Primero y quinto grado pudieron trabajar juntos, uno desde el Sirve y el otro desde el proyecto de Huerta, complementándose para la separación y utilización de lo que es orgánico e inorgánico. Son proyectos anuales que terminan el 15 de noviembre, y junto con el día de la escuela técnica se cierran los proyectos y se hace una muestra general de todo el colegio.

RSM:  ¿Cómo iniciaron sus actividades educativas y cómo se dio el crecimiento de la escuela hasta el día de hoy?

Vanesa Capurro Geoghegan: Arrancamos primaria y jardín. Salitas de 2 y 3, y de 4 y 5, y también con primer grado.  Este fue nuestro inicio, todo era más chico y ha ido creciendo. En 45 días acondicionamos la escuela para comenzar, sobre todo lo necesitaba el lugar  donde iría el jardín, y ahí fue toda mano de obra de colaboradores permanentes de la congregación que ayudaban a gestar este proyecto, que trabajaban todo el día para que se pudiera abrir la escuela en tiempo y forma.

Iniciamos las clases en marzo, como todas las escuelas. Al año siguiente abrimos segundo y tercer grado. O sea, teníamos la progresión que los de primero pasaban a segundo y después, frente a la necesidad de mucha gente de querer estar en la escuela, abrimos un tercero. En Jardín, teníamos una sala de 5, una de 4 y una multiedad. Pocos chicos los primeros años pero iba creciendo la escuela. Después, en el tercer año abrimos cuarto grado y frente a una nueva necesidad de la comunidad, abrimos quinto, nos animamos a esto y mientras tanto íbamos cambiando la modalidad de la escuela.

Siempre soñamos una escuela que sea diferente, que sus bases estén sustentada en los valores, que el chico no vea algo igual, que sea interactivo, que sea algo con movimiento, que además de aprender, que es obligatorio, venga a disfrutar a la escuela. Que aprender no sea un padecimiento. Y esto fue lo que siempre pregonamos. Buscamos que esto se refleje en algunos detalles: por ejemplo, acá a la mañana cuando llegás no te suena un timbre, que es temprano y te puede poner de mal humor, sino que ponemos una música y con ella vamos a formar, luego levantamos la bandera y todo continúa. Después, en el 2017 tuvimos nuestra primera promoción, en el 2018 la segunda, y ahora se viene la tercer promoción de  primaria.

RSM: Finalmente llegó la secundaria…

Vanesa Capurro Geoghegan: Sí, arrancamos el año pasado con primer año de escuela técnica y estamos transitando el segundo. También presentado en el Consejo Provincial de Educación, en lo que es el ciclo superior de la escuela técnica con una modalidad que elegimos y que está inicialmente aprobada en la provincia pero aún estamos esperando la respuesta formal. La propuesta es de Comunicación Multimedial.

Desde el Consejo nos dijeron que tenía que ser una propuesta diferente a las que ya habían en Junín y en San Martín. Y sabiendo que están en nuestra ciudad la Escuela de Cine y la UTN, vimos que había universidades donde podrían ingresar los chicos que egresaran de acá, sabiendo que no todos pueden irse afuera a estudiar. Entonces pensamos en darles herramientas para que puedan seguir estudiando en San Martín de los Andes.

 Esta es la  modalidad que ya presentamos y  estamos esperando que el CPE nos confirme, pero son los tiempos de ellos y no los nuestros. Pensamos que esta orientación también puede ser útil por ejemplo para las pequeñas Pymes, para promocionar los productos de los emprendedores locales, porque salir de una escuela técnica tiene salida laboral. Y tiene que ser un título que te sirva para algo concreto y que se adapte a las necesidades del lugar.

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