Crítica de “Así Habló el Cambista”: porque todo lo bueno tiene olor a podrido

Por Francisco Corso

En la ciudad de Montevideo Humberto Brause, gracias a la tutela de su suegro se convierte en un cambista y se dedica a la compra y venta de dinero. Sin embargo, su ambición y deseo de poder le empiezan a jugar una mala pasada cuando descubre que mientras más uno abarca más peligra.

Una película que muestra como el poder puede trastornar el juicio de alguien y como en el ambiente podrido en el que habita, no se vive, se sobrevive.

Basada en la obra de Enrique Gruber, Federico Veiroj nos presenta personajes grotescos y no muestra la menor intención de embellecerlos. Crea de esta manera un protagonista con el cual uno no siente el menor apego. Parecería una decisión extraña, ya que en el cine que uno está acostumbrado a consumir se busca generar empatía con el espectador. En este caso funciona perfectamente ya que por muy desagradable y despreciable que sea Humberto, el mundo que lo rodea parece ser aún peor.

El arte de la película acompaña perfectamente la propuesta previamente planteada, dejando a todos los personajes con ropas oscuras, a excepción de Gudrun (Dolores Fonsi) quien viste con colores chillones. Los espacios también decorados con colores oscuros generan constantemente una sensación de incomodidad en el espectador.

Hubo ciertos momentos de la película que en lo personal no me dejaron disfrutarla debidamente, uno de ellos fue la decisión de no subtitular los diálogos en portugués. Si bien se entiende a grandes rasgos lo que dicen ya que su idioma no dista mucho del nuestro, requiere un esfuerzo extra, que al fin y al cabo nos aleja de la película que estamos viendo. Luego ciertos diálogos que se me hicieron forzados ya que no parecían provenir de la naturaleza del personaje. Nada que haya sido realmente una molestia.

Teniendo en cuenta que hacia sólo una semana había estado “La Odisea de los Giles” en cartelera, considero que es una película muy interesante para ver. Ambas hablan y hacen referencia a períodos de tiempo no tan lejanos. Y mientras que una lo encara desde la empatía (como es el caso de La Odisea de los Giles), la otra parece buscar una ruta totalmente diferente.

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