Una flor en las estrellas: un libro para chicos que le habla a los adultos

Clara Oyuela es la escritora local que dio vida a Una flor en las estrellas, el libro que cuenta una historia para chicos pero esconde un poderoso mensaje para los adultos. RSM tuvo la oportunidad de hablar con ella sobre su libro y la gran aventura que lo inició.

“(…)¿Cómo es que padres e hijos nos encontramos? ¿Es esta unión producto del azar o existe acaso una fuerza mayor, capaz de unirnos? Mi respuesta a estas preguntas dieron por resultado el presente cuento, que también busca mostrar el carácter único e irrepetible que cada niño trae, y el desafío al que nos enfrentamos los padres: ¿Somos capaces de acompañar a nuestros hijos en el desarrollo de sus dones naturales?” (Fragmento inicial del libro: Una flor en las estrellas)

Clara Oyuela es psicóloga, mamá de Azucena y Miranda, viajera y escritora. Durante tres años emprendió, junto a su marido Joaquín, un viaje a bordo de Westy, su camioneta, desde Buenos Aires hasta Alaska. Esa experiencia no solo les regaló recuerdos y enseñanzas, también culminó con la llegada de su primera hija.

En Una flor en las estrellas, Clara toma todo lo vivido en su viaje y lo mezcla con un diálogo hermoso que mantiene con su hija, dando como resultado un cuento divertido, imaginativo, pero sobre todo sensible y poderoso. Un relato sobre niños que viven en las estrellas y observan desde ahí a los adultos, preocupados por cómo han podido dejar de creer en la magia.

Al relato lo acompañan ilustraciones de cinco artistas diferentes, que aportan sus miradas particulares a cada paso de la historia, aumentando el valor de la experiencia narrativa y transformando este cuento en una obra de arte.

Clara 1

¿Cómo nace la idea de escribir este libro? ¿Era algo que tenías ya en mente desde antes?

“Esta historia, a diferencia de otras que escribo,  surgió como un impulso, muy natural e intuitivo. De hecho, tardé muy poco en escribirla y esa cuestión del tiempo me hacía preguntarme si lo que escribía era digno de compartir o no. Siempre está esa inseguridad. Pero al mismo tiempo tenía esa intuición y ese amor por la historia que conté. Fue una especie de diálogo entre Azucena y yo, cuando ella todavía estaba en mi panza y yo sólo tenía preguntas. Un diálogo entre nosotras desde sus primeros latidos, una conexión muy fuerte que me pidió transformarla en arte. Me acuerdo de esas primeras líneas, en un estacionamiento de un supermercado en Alaska.”

¿Cómo surgió la idea de hacer ese viaje a Alaska? ¿Tenían una meta, un plan? 

“Alaska. ¿Podés creer que me cuesta hablar de Alaska?. Puedo decirte que fue un viaje de 3 años  y 76 mil kilómetros de palabras escritas. Un viaje planeado con mucha anticipación. Alaska representa el silencio.  En ese silencio apareció Azucena, porque en el silencio aparece lo que es eterno.”

Alaska 3

¿Cómo fue trabajar con cinco ilustradores diferentes? 

“Los ilustradores son personas muy queridas para mí pero sobre todo, muy talentosas. Cada uno de ellos tiene su identidad artística, su propia cosmovisión. Eso me parecía único para la historia. Poder darle una multiplicidad de miradas a un mismo relato. Son personas muy sensibles y conectadas con lo humano. El libro, sin ellos, no hubiera tenido la misma vida, la misma luz.”

Hay una pregunta muy fuerte dentro del relato: “¿Ya nadie cree en la magia?” ¿Cómo responderías vos a esa pregunta?

 “¡¿Ya nadie cree en la magia!?” lo dice una niña que ama pintar con sus lápices de colores, una niña de origen inuit que se llama Sedna. Lo grita desde la impotencia, desde su mirada de niña que sigue ilusionada con muchísimas cosas de la vida, que tiene fe y es optimista. Se lo grita a los adultos, me lo grita a mí. Tan desilusionados, tan agotados nosotros, tan desesperados. Es un grito que pide más poesía, más abrazos entre padres e hijos, más vida de la sencilla, más dialogo, más vida vivida, de la rústica, de esa que necesita el alma para volverse humana.  Es ese grito que me recuerda que la ilusión y la fantasía en la vida de los niños, deberían ser vistas como derechos a defender y a estimular; son formas de inteligencia emocional, de herramientas que se les da para toda la vida. Hay que estar muy conectado a la vida y a uno mismo para ser creativo, para no caer en los caminos más fáciles, esos que frustran y apagan a los niños.”

Al ver la portada del libro uno piensa que se trata de un cuento infantil, pero ya desde la primera hoja se plantea otra dirección. ¿Sería este un libro de niños para adultos? 

“Yo creo que este es un libro para chicos y para adultos, justamente porque lo escribí en diálogo con Azucena. De alguna forma ella me habló desde su lenguaje de niña y yo puse lo mío. Las ilustraciones, como fueron creadas por artistas- y el arte no tiene edad- también le dan al libro ese espíritu fresco y amplio.” 

¿Cuánto hay de verdad en la historia de los personajes? Raúl y sus dos mamás, Sedna y su familia nómada…

“A esta altura ya no distingo realidad de ficción.  Hay mucho del viaje a Alaska y de otros viajes que hice. Está mi amor por la literatura y por el contacto humano.  A Sedna, de origen inuit, seguramente la pensé desde Charlene, una mujer en Alaska con la que aprendimos a conservar salmones. Sus ojos eran achinados, como los de Sedna y se estaba preparando para la llegada del invierno.”

Clara 2

Sos escritora, sos mamá de dos nenas. Si te preguntan hoy quién es Clara Oyuela, ¿qué responderías?

“Alguien que aprendió a fingir un poco con todo lo que ve y en todo caso, aprendió a transformarlo. También intento ser una buena psicóloga.”

¿Cómo es la relación de tus hijas con la lectura? ¿Cómo las acercas a los libros? ¿Les contaste esta historia?

“Los libros circulan en casa de forma muy natural. Hay libros por todos lados y siempre estamos leyendo algo. Amo el papel, tocarlo, anotar, volver a leer. Todo lo que suponga encontrar historias, adentro o afuera de casa, todo eso me parece un tesoro humano. Y mis hijas lo viven así. Buscamos historias todo el tiempo. A través de todo tipo de lectura, en eso soy muy abierta; me gusta respetar sus gustos aunque no sean los míos y también mostrarles lo que me gusta a mí. Lo importante es el relato y la forma de trasmitirlo. La forma que tengan ellas de mirar la vida depende mucho de ese relato.  La forma es contenido.”

¿Tenés planes de seguir escribiendo?

“Tengo mucho escrito aunque no publicado. No solo por un tema económico – lo que implica imprimir y mover un libro independiente-  también me juegan otras cosas. Ahora estoy terminando un cuento para Miranda y como estoy segura que es tan lindo como el de Azucena, me encantaría publicarlo. Al igual que Una flor en las estrellas, es para gente de corazón sensible.”

Y una de yapa, más subjetiva: ¿Cómo suena la banda sonora de tu vida?

“Ahora mismo soy víctima del niñarcado musical, mucho de Elsa y Anna y Miguel y el chanchito de Sing que es muy talentoso. Pero si mal no recuerdo, a mí me gusta todo tipo de música y mi estado de ánimo me va guiando. Hoy a la mañana, por ejemplo, tuve la suerte de escuchar una parte de la nueva canción de René Pérez. La escuché por la mitad  porque Azucena se enojó porque quería su música y Miranda empezó a vomitar porque tiene un virus. La mitad de la canción es lindísima.”

Una flor en las estrellas está disponible en librerías locales para todos aquellos que quieran compartir con los más chicos una lectura distinta, mágica e inspiradora.

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