Rafael Urretabizkaya: “El trabajo más profundo de la docencia, el que conmueve, es el que agrega algo inédito en las vidas de quienes participan de ese encuentro”

En nuestro país, cada 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro, recordando la muerte de Domingo Faustino Sarmiento y en reconocimiento a la labor de todas aquellas personas abocadas a la educación. Tomando esta fecha como punto de partida, RSM conversó con Rafael Urretabizkaya, maestro rural por más de 30 años, director y escritor, para navegar los mares de la profesión a través de su enorme experiencia.

RSM: ¿Cuándo decidiste estudiar el profesorado docente?

RU: Yo me vine para acá en 1983, para estudiar la tecnicatura forestal, pero no me interesó y la dejé. Entonces me metí a estudiar el profesorado, que era la alternativa, y me encantó. Me fascinó la escuela; cada vez que una profesora traía algo interesante yo quería saber de quién era y leer el libro. Fue una revelación, una cosa preciosa que me dura hasta ahora. El interés por la pedagogía me duró los 31 años que trabajé, más los que estudié, y hasta hoy tengo un amor muy grande por ese tema, ese vínculo tan humano de la gente que se encuentra y se enseña.

Fue bastante particular la historia porque en la escuela yo siempre había sido un alumno conflictivo, una pesadilla, entonces todos los que me conocían de chico se sorprendían de que hubiera elegido el profesorado, pero el hecho de haber sido un pibe complicado fue mi moneda de oro como maestro, porque me apasionaba que todos estuvieran en la escuela, que aprendieran, sobre todo los que tenían dificultades o problemas.

Rincón de Pilo Lil: «Don Beño Figueroa cortó su álamo más derechito y alto para hacer un mástil y poner una bandera. Don Herminio Díaz lo trajo con los bueyes y a la mañana siguiente sacamos la foto.»

RSM: ¿Te referís a problemas de acceso a la escolaridad?

RU: Problemas de cualquier tipo. Hay un tema que cuesta muchísimo saldar en la escuela, que son los puntos de partida de los chicos: desde dónde están arrancando el aprendizaje. Si en la escuela se hace de todo para que aprendan, pero vuelven a una casa llena de oscuridad, violencia, carencia o pobreza de vínculos, esos chicos arrancan muy atrás. El Estado tiene que saldar esa diferencia respecto a los chicos que tienen otra realidad en sus hogares, asegurar que todos estén en la escuela, aprendan, hagan amigos y amigas. Esto tiene que pasar y esa tarea me encantó. Trabajé 17 años en el campo.

Escuela del Rincón, en Pilo Lil. Funcionó un año, en 1990, con 15 estudiantes.

RSM: ¿En qué escuela empezaste a enseñar?

RU: En la escuela de Aucapan, en la comunidad Linares, saliendo de Junín de los Andes camino a Aluminé. Después trabajé en Pilo Lil, en Huilquimenuco, en Chiquilihuin un tiempito y en Puente Blanco, donde estuve bastante tiempo.

RSM: ¿Te perfilaste de entrada a la enseñanza en escuelas rurales?

RU: Me moría por ir ahí, levitaba de felicidad.

Pilo Lil. Rafael junto a sus hijos Ayelén y Juan, en el boliche de Nerio Prieto y Mirna.

RSM: ¿Por qué? ¿Qué era lo que más te interesaba?

RU: Por una percepción, ganas de estar ahí. No tanto por ir a impartir una clase sino por lo que te decía antes, por contribuir a saldar esa diferencia que hay en la accesibilidad.

A mí me pareció siempre que la escuela tiene que presentar el mundo, que lo mismo que me gusta a mí le puede gustar a otros chicos, que la música y la literatura son cuestiones inabarcables y todo tiene que llegar a los chiquitos. Para todos, todo. Sentí que era una tarea que llevaba con mucha alegría, nunca me pesó.

RSM: ¿Tuviste alguna barrera en cuanto a lenguaje o creencias culturales, dentro de las comunidades, para enseñar?

RU: Eso depende de cómo te pares vos frente al otro, me parece. Sí, hay algunas cuestiones, partiendo de que la escuela tiene un mandato castellanizador. Vos podés reafirmar eso, o también podés correrte de la conquista, hacer cosas para que no continúe a través tuyo.

Lo que te quiero decir es que en la escuela se puede hacer todo lo que se te ocurra. La escuela sarmientina tiene una barrera de arranque, pero eso no tiene por qué continuar a través tuyo, vos podés hacerlo diferente. Todo lo que no estuvo bueno cerca mío, en todos esos años en el campo, lo que no mejoró fue porque yo no lo supe hacer, no porque no se pudiera.

Recuerdo de los encuentros Martín Ezpeleta. Celebrado en Costa del Malleo con 3 agrupaciones gauchas y 70 montas.

Para darte un ejemplo, “Interculturalidad” en la ley de educación Neuquina tiene 7 renglones. Vos me podés decir que es poco, pero permite hacer todo tipo de cosas, permite innovar, trabajar con la comunidad. Lo prescripto, lo que está pensado para ser dado, está bárbaro. No hay un problema en las leyes, es una cuestión de leerlas e interpretarlas.  

“Las cosas no son así, están así”, dice Pablo Freire. Los chicos y las chicas ya están en la escuela, no nos esperan. En la escuela, lo mejor de lo posible es lo imprescindible, porque los chicos ya están ahí. Entonces hoy tienen que aprender, hoy tienen que hacer nuevos amigos, hoy tienen que conocer el arte y descubrir nuevas cosas, hoy se tienen que volver a la casa distintos de cómo llegaron. Hoy tienen que sentir que llegó la maestra o el maestro y les dijo: “Mirá, pensé en vos, por eso te traje este jueguito”. Se tienen que sentir incluidos, considerados.

Escuela de Puente Blanco, con el niño Juli Dominguez

RSM: ¿Qué cambios viste en la escuela, a lo largo de tantos años?

RU: El más importante fue la llegada del transporte. Antes nosotros vivíamos en la escuela y los chicos tenían que caminar muchas horas para llegar. Ahora están las combis, llegan todos juntos y eso cambió mucho la dinámica de las escuelas. Permitió que haya egresados en escuelas donde no se llegaba nunca a terminar la escolaridad.

Otro cambio importante fue la creación de los secundarios rurales. Antes era todo un trámite que un chico de Huilquimenuco o Aucapan fuera al secundario. Nosotros, como comunidad de maestros, hicimos muchas reuniones pidiendo el secundario. Era una necesidad de la comunidad. Ahora hay uno en Costa del Malleo, con transporte.

Escuela 188. Producción para la obra «Pedro y el lobo». La cabeza del lobo se montó sobre un fitito con el que recorrieron el barrio juntando libros para la biblioteca de Chacra 4.

RSM: De todos tus años de maestro, ¿te acordás de alguna escuela o vivencia en concreto?

RU: En Huilquimenuco es donde estuve más tiempo, y lo que pasaba lindo ahí era que, durante muchos años, los espectáculos que venían a San Martín de los Andes iban a Huilqui. Pasaban días allá con nosotros, de onda. Todos se quedaban fascinados, invitábamos a toda la comunidad. Vinieron también grandes bandas de rock y no hacían música especial, hacían la que a ellos les gustaba. A la gente le podía gustar más o menos, pero recibían algo genuino.

En esa comunidad hicimos unos encuentros de caballos, tomando de referencia un cuento de Gustavo Roldán que se llama “Traición de domadores”. Se formaban agrupaciones, estandartes y se difundía por las radios como el “Encuentro Martín Ezpeleta”, pero nunca se decía que era a caballito de palo. Entonces llegaba la gente y estaban todos los chicos con los caballitos re preparados, y nadie rompía esa magia, viste. Era precioso.

Encuentros Martín Ezpeleta: a caballo de palo

RSM: ¿Tenés el recuerdo de algún alumno o alumna en particular?

RU: Sí. Hay una niñita, acá en Puente Blanco, que se llama Doralisa y hoy en día es agente sanitaria. Cuando era muy chiquita le gustaba traer dibujos de regalo, venía iluminada, con una sonrisa enorme. Un día me da un dibujo que era un conejo, y ahí en el paraje hay conejos, pero este era distinto, como sacado de una revista de Disney. Entonces, como un huevón, le dije: “Ay que lindo, gracias, ¿lo copiaste?”, pensando esto, que lo había sacado de algún cuento. Ella me miró indignada y me dijo: “No, maestro Rafa, me lo creí”.

Ella me enseñó que creer es crear, y a vivir con la certeza de que los chicos les enseñan a los grandes cosas profundas.

Rafael junto a la joven Doralisa

RSM: También fuiste director, ¿qué te atraía de ese puesto?

RU: Me encantaba. En las escuelas de campo, donde fui director muchos años, sos maestro y director, seguís dando clases a la vez que conducís a la escuela a un lugar mejor. Hay que hacer una lectura de dónde estás, con quiénes trabajás, no se puede hacer lo mismo en todos lados. Se estudia para eso, no es una cuestión intuitiva.

La escuela es una institución que tiende a repetirse, porque todos fuimos estudiantes y a veces no se sabe bien qué hacer. Se plantean cosas muy difíciles y decir “no sé” es una opción bastante buena, pero no se sabe mucho decir “no sé”. El que aprende a decirlo, aprende a dudar y puede tomar una calle lateral, en el pensamiento o en su vida, puede preguntarse cosas. La fragilidad garpa, no es sinónimo de debilidad, es tener conciencia de que el mundo es cambiante y de que sos una persona que se está armando.

RSM: ¿Cómo se relaciona tu yo escritor con la escuela?

RU: Yo escribía antes de ser maestro, durante y después, claro. Si escribir es escuchar al otro, al mundo, y también escucharse, el trabajo más profundo de la docencia, el que conmueve, es el que agrega algo inédito en las vidas de quienes participan de ese encuentro. Es parecido, ¿no? Claro que en ese encuentro le corresponde al maestro estar muy bien preparado para poder dar de la mejor manera, pero si no hay encuentro el resto no funciona.

Piaget decía que la afectividad es el motor de la inteligencia. La poesía le viene muy bien a la escuela. Poesía es intuición y pura confianza. La escuela necesita las dos cosas: intuición para presentar el mundo, desde una institución vieja, a un alumno siempre nuevo; y confianza para creer en el otro, una confianza a todo trapo, que suelte algo para que ese otro sea quien construya sentido.

RSM: ¿Qué te gustaría decirles a aquellas personas que están empezando el profesorado?

RU: Que están arrancando un camino hermosísimo; que se puede dar y recibir mucho; que hay un otro que está esperando lo mejor de vos, que probablemente esté en silencio, no siempre es el que está haciendo ruido en la primera fila; que siempre tengan algo especial para ese chico; que hay que estudiar y estar muy cerca de la gente; que crean que el chico puede todo; que se puede y se debe leer a García Lorca en las escuelas. Yo leo a Bertolt Brecht cuando me invitan a hablar en un jardín. Los chicos tienen 4 o 5 años y se entienden con Brecht. Entonces hay que dar todo en las escuelas, no poquito sino mucho de todo.

RSM: ¿Y a los que ya están ejerciendo la docencia que les dirías?

RU: Que se junten con los parecidos. Mirá, tengo un amigo que tiene la teoría del 33%. Dice que vos llegás a una institución donde trabaja un grupo de gente y el 33% son compañeros de la causa “vamos a hacer que esto sea mejor”, otro 33% son contrarios y el 33% restante va y viene. Entonces vos te tenés que reconocer a tu 33% y encontrarte con los que van para adelante.

1 Comment on Rafael Urretabizkaya: “El trabajo más profundo de la docencia, el que conmueve, es el que agrega algo inédito en las vidas de quienes participan de ese encuentro”

  1. Norma Elena Bregagnolo // 16 septiembre, 2020 en 9:23 am // Responder

    Preciosa entrevista, llena de sabiduría, un gran maestro, justo lo que necesitamos para ser mejores !

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