Vidas contadas: Cecilia Laclau y el propósito de acompañar e inspirar la autoexploración

Año nuevo, historias nuevas. El espacio de RSM dedicado a narrar la vida y las experiencias de nuestros vecinos continúa recorriendo calles y rincones. En esta ocasión, arrancamos el 2021 conversando con Cecilia Laclau, quien se dedica a la consultoría y enseñanza de astrología y yoga. Lo que sigue a continuación es su historia, y una reflexión que nos regala para este nuevo año que comienza.

El pasillo, en el primer piso de Belgrano y San Martín, es largo y oscuro. Al fondo, una figura femenina, vestida de violeta eléctrico, saluda, hace señas y llama a entrar en su espacio, iluminado con la luz natural del enorme ventanal. Inmediatamente me recibe una biblioteca, una vela encendida, algunas poltronas mullidas, un telescopio y un ambiente diáfano en donde se apilan esterillas de yoga, formando una pequeña montaña. Ella se sienta derecha, con las piernas cruzadas, y sonríe mientras espera que la charla comience.

“Yo nací acá, mi madre es nacida acá y mi abuela es nacida acá. Tengo una línea femenina muy fuerte nacida acá. Tuve una infancia hermosa, de barrio, vecinos y bosque. Mis padres son muy allegados a la naturaleza, me han criaron el agua y el bosque”, dice y cuenta, entre risas, que egresó de la EPET 12 como Maestra Mayor de Obra. El ultimo año se empezó a acercar al arte plástico, entre la pintura y la alfarería, motivo por el cual se fue a Buenos Aires con la idea de estudiar Bellas Artes.

Durante un año, mientras hacía el ingreso a la universidad, en el trayecto de ida y vuelta en colectivo, la continua aparición de un cartel que decía “Astrología” le empezó a generar curiosidad. Un buen día bajó y entró.

“Siempre estuve cerca de los símbolos. Mi mamá es profesora de yoga y hemos recibido maestros en casa. En mi infancia hubo mucha influencia de toda la filosofía oriental. Entonces ese día entré, sin tener idea de lo que iba a encontrar. Averigüé y empecé a tomar un taller con una profesora particular que después me derivó a otras escuelas para hacer la carrera. Como buena egresada de la EPET, elegí la escuela más técnica, que es el Centro Astrológico de Buenos Aires, una fundación con más de 70 años de trayectoria, con mucha base astronómica y de cálculo.”

Se para y busca en la biblioteca unos libros para mostrarme tablillas de posiciones planetarias, que a mis ojos son unas listas larguísimas de números y me dice: “Tuve la suerte de tener profes muy grosos, gente que hace trabajos de investigación, con muchas orientaciones diferentes. La carrera dura 3 años y después vos le tenés que dar la orientación. Yo hice Hindú y dos orientaciones en consultoría. Un año después, me especialicé en astrología de las relaciones.”

Recién graduada, Cecilia se dedicó a la consultoría vocacional. Cuenta que se sentía muy cerca de los jóvenes, por su edad, y además porque a lo largo de su adolescencia, diferentes experiencias fuertes le hicieron ver que su trabajo tenía que enfocarse en acompañar a otros.

En 2010 volvió a San Martín de los Andes, en principio con la idea de trabajar durante el verano y seguir viajando. “Para mi sorpresa, llegué y me sentí muy querida y valorada, me di cuenta de que había muchas personas muy disponibles para mí. Mirá, te lo digo así: armé un taller de fin de semana y de repente vinieron 15 personas. Dije: ¡¿qué?! Después di otro y otro, y muchas personas empezaron a consultarme para hacer su carta natal. Entonces me quedé.”

Cecilia charla con soltura, entre risas y breves pausas de silencio, en las que piensa sus palabras a la vez que crea suspenso para quien la escucha. Mueve las manos y los brazos abriendo espacios, acariciando el aire. Si se la observa por un rato, da la impresión de estar bailando sentada sobre su propio eje. “En ese tiempo hice un instructorado de yoga, de alguna manera le di forma a lo que yo ya había absorbido de chica. A fines del 2012 conocí a mi pareja, que es colombiano y llegó a mi casa porque durante dos años yo recibí viajeros a través de una página web. Cuando nuestro primer hijo tenía dos años nos fuimos a México y estuvimos viajando por un año. Yo estaba embarazada de nuestra segunda hija, llegamos en noviembre y nació en enero.”

El lugar en el que estamos charlando es su espacio de trabajo, que tiene hace más de siete años, cuando la llegada de su hijo hizo necesario separar la profesión del hogar. Es también el espacio al que se retira para estudiar y alimentarse de lo que le hace bien.  En su vida diaria, Cecilia incorpora prácticas de yoga, canto de mantras y consultas, que durante la cuarentena continuaron a través de Zoom. “Me fascina ver el cambio en las personas, su evolución. Acompañar ese proceso me encanta. La astrología es la línea que está entre el destino y el libre albedrío. Todos tenemos cosas que aprender, pero cada uno elige la forma de hacerlo. Cada uno es hacedor de sus experiencias.”

Sobre sus consultas, Cecilia dice que el trabajo más lindo que hace es extirpar las verdades que cada persona cree de sí misma, que es lo que más limita la expresión y el disfrute. “Son totalmente innecesarias y falsas, pero hay que ser suave con eso, cada uno tiene que descubrirlo por sí mismo. A mi me gusta pinchar ahí.” También disfruta de conectar a las personas con diferentes profesionales que trabajan en otros niveles y especialidades, para alentar a que cada uno se ocupe de sí mismo en profundidad y estimular la curiosidad.

En febrero del 2020 se llevó a cabo el Copahue Medita, un evento en el que Laclau dio una charla sobre qué no es la astrología. “Yo no hago astrología de revista. La gente se distrae con las palabras lindas, pero para mí está prohibido hablar en astrológico por la vida, es un lenguaje sagrado. Entonces fue muy lindo lo que pasó en esa charla. Cayó una lluvia tremenda, se cortó la luz y demoramos en empezar. Mi forma de ir guiando las clases requiere de cierta paciencia. El que está ansioso por saber qué es géminis se retira de mi charla (risas). Yo quería explicar que hay mucha pavada en la superficialidad de los medios masivos. Hasta el yoga se sexualizó. Hay mucha falta de escrúpulos, mucha frivolidad.”

Hace 10 años que, además de las consultas, Laclau dicta la instrucción astrológica. Este año empezó a modificar la formación, que duraba 3 años, para empezar a divulgar y compartir mucho más la práctica desde el cuerpo, trabajando la conexión con los elementos (fuego, tierra, aire, agua), para que no quede solo en el plano discursivo.

La vida es un fractal de una danza cósmica, explica Cecilia, lo que vemos es un reflejo de algo que pasa mientras nosotros transitamos nuestras experiencias. “No hay nada externo que pueda influenciarnos si no queremos”, dice. Recuperar ese poder es, para ella, el camino a seguir.

Promediando el final de nuestra charla, le pedí a Cecilia una reflexión sobre el año que pasamos y el que estamos estrenando: “Todo este año fue una preparación de nuestro individuo. Hubo una situación que nos trascendió a todos, una crisis mundial que nos tuvo encerrados. Fue un tiempo que se trató de ir hacia adentro, para restaurar nuestro sistema y recuperar la memoria sobre qué estamos haciendo acá. Tras una emergencia, uno siempre empieza a recapitular sobre lo que es más importante. Fijate lo que pasa cuando brindamos: decimos “salud”. Eso siempre fue lo más importante, pero estábamos mirando otro canal. Lo importante es la soberanía sobre la salud”, explica, y agrega que todo este tiempo de autorregulación de sentido y valores tiene la fuerza de llamarnos a un camino que tenga corazón.

 Cada uno, dice, va a ser llamado a explorar y actuar teniendo la propia escala de valores por delante. “Si tenemos nuestros valores claros podemos enfrentar la realidad respondiendo coherentemente con quienes somos. Yo creo que ahora estamos internamente menos a la deriva que antes. Confío mucho en la humanidad, en el poder de los seres humanos de restaurar su conexión con la tierra. Lo próximo tiene mucho más que ver con unirnos, con la comunión y comunicación sana de las masas que funcionan en conjunto por causas comunes.”

Lo que sigue para este nuevo año, explica Cecilia, será aprender a sumarse, a convivir, a saber entrar en relación con otros, trabajando en conjunto por causas compartidas.

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