Vidas literarias: Santiago Loustaunau y los primeros pasos de un largo camino

Vuelve a ser sábado y todo indica que es momento de conocer a otro de nuestros escritores locales. Esta vez, RSM tuvo la oportunidad de conversar con Santiago Loustaunau, joven poeta y docente, quien nos llevará por un recorrido entre aprendizajes e inspiraciones.

“Empecé a escribir al mismo tiempo que empecé a leer, pero la idea de compartir esos textos llegó recién hace unos años”, dice la voz suave y amable de Santiago, del otro lado de la línea. Tiene 28 años y hace cuatro o cinco que suelta sus poemas al mundo. “Cuando era chico tuve la suerte de compartir los almuerzos con mi viejo. Un día tuvo ganas de empezar a leerme después de comer. Creo que eso fue clave y siempre le estoy agradecido por ello. Al tiempo me largué a leer solo y no quise parar.”

Fotos: Leonardo Casanova

Hay un punto en el que todos estos perfiles de escritores locales empiezan a converger: las primeras lecturas. Cuando le pregunto a Santiago por esos recuerdos me responde citando la anécdota de Matías Castro Sahilices, del fin de semana anterior: “Justo estaba hablando de la charla que tuviste con Matías, cuando hablaban de los orígenes y de cómo te marcan las primeras lecturas. En mi caso fue Los días del Venado, de Liliana Bodoc. No solo ese, sino una gran cantidad de libros de fantasía y aventura. La Saga de los Confines es una genial versión latinoamericana de literatura fantástica.”

Ese libro se transformó en una anécdota y tiene un lugar más que particular en la vida de Santiago. Cuenta que cuando conoce a una persona nueva y empieza a hablar de escritura, lo primero que hace es prestarle su ejemplar de Bodoc: “Lo ofrezco y yo también acompaño esa lectura, voy recordando todo. Esas primeras lecturas siempre están ahí. Yo al menos no siento el deseo de correrme de ese lugar.”

Terminado el secundario técnico, se fue a Buenos Aires a estudiar el Profesorado de Historia. Al final de la carrera paso seis meses de intercambio en Uruguay, becado por la Universidad. “Estuve haciendo una especialización en antropología. La experiencia fue muy buena, me dedicaba a estudiar y escribir. Más escribir que estudiar (risas).”

Antes de empezar a compartir sus poemas hizo varios talleres literarios, que describe como experiencias clave por contar con la presencia de otras personas que escuchen y compartan lecturas. “Eso lo estoy viendo ahora, desde otro lugar. La importancia de la compañía que uno tiene a la hora de escribir y compartir. Por casualidad caí en un taller de poesía, porque me daba el horario. Esa experiencia me dio mucho impulso para escribir diariamente. Después pasé por muchos otros, quería ver diferentes dinámicas. Creo que eso fue lo que más me formó en cuanto a estar conectado con lecturas.”

Su primera publicación vino de la mano de La Grama, una editorial autogestiva y artesanal dedicada a la encuadernación. Se llamó Contar la luna, título criticado en una anécdota graciosa: “En una cena con gente de La Grieta, con quienes tuve la suerte de relacionarme, estaba Raúl Mansilla, un poeta de Neuquén. En un momento, medio en joda y medio enserio, empezó a criticar el título porque ya hay muchos poemas sobre la luna. Me decía: Basta con la luna (risas). Yo eso lo tomé como un aprendizaje, para ir hacia otros lados.”

La poesía de Santiago está muy ligada a la oralidad a través de su gusto por el recitado: “Hay algo de lo oral en la escritura, que es el origen de la poesía. Estamos en una época de analizar esa oralidad en la escritura, volver a ponerla en primer plano. Me encanta ir a recitar, compartir ese momento de exposición y vergüenza que después se transforma en crecimiento. Lo mejor que te puede pasar es sentir esa tensión. El silencio se vuelve físico, tiene una espesura  cuando sentís que las palabras que estás diciendo tienen un eco.”

Hace poco la revista digital Escrituras Indie lanzó una convocatoria federal de poesía que resultó en una antología digital de 10 autores de diferentes provincias, entre los que se incluyen dos poemas de Santiago. Constelaciones es de acceso libre y puede leerse en internet.

Cuando nos ponemos a hablar de sus influencias literarias, Santiago recuerda a su querida Bodoc pero agrega: “Hace poco leí a Camila Sosa Villada, una escritora cordobesa. Un amigo me prestó EL viaje inútil, un libro inclasificable en el que cuenta su historia a través de la escritura. Es difícil de catalogar porque mezcla estilos. Empieza en prosa pero termina diluyéndose en un poema. Es un libro increíble.”

De entre sus ocupaciones actuales, la que más disfruta es dictar talleres de escritura. “Al volver a San Martín, buscando trabajo, me di cuenta de que disfruto mucho esos talleres. Me siento muy bien en ese rol de dar herramientas para que otros se las apropien y escriban. Generar momentos de escritura y estar atento al momento de creación de otros. Eso me obliga a leer y estudiar mucho. Ahora estoy dando uno de narrativa en modalidad virtual. Pronto empezaremos uno presencial, para chicos, en la Biblioteca Ruca Trabun.”

En su futuro se dibuja el trabajo de corrección sobre un poemario que está llevando adelante junto a la poeta Zaira Nofal. “Pensé que lo tenía escrito pero me hizo un montón de devoluciones que me hicieron ampliarlo y seguir escribiéndolo.” Entre versos y talleres, en la cabeza de Santiago suena mucha música, aunque si hubiera una banda de sonido, le gustaría que fuera Kind of Blue de Miles Davis.

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