Cuáles son los cambios en el trabajo y el desarrollo vocacional con la pandemia
Carmen Manson es Licenciada en Psicología, se especializó en Psicología Educativa y actualmente coordina actividades particulares de Orientación Vocacional. Entrevistada por RSM, hace un análisis de cómo son los desarrollos laborales que la pandemia ha dejado y cómo se han modificado los recorridos de estudios.

RSM: ¿Cómo se trabaja para abordar un desarrollo vocacional en este nuevo contexto de pandemia?
C.M.: En general lo que hacemos es trazar un proyecto de vida, porque hoy no podemos descontextualizarlo de los tiempos de pandemia. La pandemia es un hecho disruptivo que nos ha tomado a todos por sorpresa. Tenemos que aprender a vivir en esa suerte de incertidumbre aunque no se esté preparado para esto. En general estamos formateados para planificar y decidir sobre proyectos familiares y profesionales.
Claramente estamos viviendo tiempos extraordinarios, fuera de lo común que nos desconciertan y que nos llevan a tener que ir pensando y repensando nuestro quehacer en forma casi permanente. Nada de lo planificado, hoy puede sostenerse como si no pasara nada.
Si bien es cierto que como dicen los chinos, las crisis son nueva oportunidades, no podemos dejar de ver el todo, que efectivamente estamos atravesando una crisis y las crisis conllevan miedos, angustias, sufrimientos, etc. Hay que atravesarla primero para que surja la oportunidad
RSM: ¿Cómo intervienen los proyectos de vida en la elección de los estudios?
C.M.: En nuestra adolescencia teníamos más o menos “planificada la vida”, pensando “a tal edad voy a estudiar, a tal otra me voy a casar, voy a tener hijos” y hoy por hoy no podemos formular las preguntas sobre los proyectos de esa misma manera o con esa misma lógica. En la actualidad, muchas personas no se plantean la maternidad y la paternidad como parte de proyecto de vida, que va de la mano del proyecto vocacional. Hay un despegue de la construcción familiar. La cuestión de la construcción familiar, va tomando distintas maneras
RSM: ¿Cómo se aborda este cambio de paradigma y la incertidumbre?
C.M.: En estos cambios se plantea una necesidad de responder sobre la inmediatez que hace girar las elecciones en cuanto a los estudios de corta duración, alejándose de las carreras tradicionales o carreras de grado que son de cuatro años en adelante. Esto tiene que ver también con la necesidad socioeconómica de vincularse rápidamente con el mundo del trabajo.
Hubo un auge por parte de las instituciones educativas, que empezaron a ofrecer diplomaturas, que son más cortas, o también cursos certificados por universidades, que pueden durar seis meses. También hay capacitaciones fuertes e importantes en oficios.

En la actualidad, existe una amplia diversificación de la actividad laboral, más allá del desarrollo de una carrera concreta. En general se hacen recortes sobre especializaciones.
RSM: ¿Las actividades para la búsqueda vocacional son exclusivas para jóvenes?
C.M.: En realidad no necesariamente son jóvenes los que consultan. Hace algunos años entrevisté a una persona que se estaba por jubilar y buscaba desarrollar un proceso de orientación vocacional porque se enfrentaba a la incertidumbre de no saber qué hacer. “Ahora que me jubilo no tengo idea de que voy a hacer con mi vida”, me decía. El trabajo en este sentido, es similar en cualquier edad, buscar algún deseo latente vinculado a lo vocacional.
RSM: ¿Cuáles son los aspectos que quedan al descubierto con la implementación de educación virtual?
C.M.: El año pasado fue un momento de ensayo y error porque nos tomó a todos por sorpresa. Todos los profesores, maestros, profesores universitarios, maestros de nivel inicial, todos tuvieron que reinventar su metodología de enseñanza. En este sentido, la pandemia y la virtualidad tiene varias cosas para ponerse a pensar. Una de las cuestiones es que pone de manifiesto la desigualdad. No todos tienen dispositivo ni conexión a internet. Y muchas familias deben organizarse para distribuir el uso del dispositivo o pocos datos que tienen.
Pone en evidencia, cosas que sucedían antes. En la presencialidad muchas veces esta desigualdad se manifestaba a través de las inasistencias.
Otro tema es el proceso de enseñanza y aprendizaje, que se evidencia desde la virtualidad, cuando los docentes se plantean que no todos pueden acceder ni desarrollarse de la misma manera. No podemos pensar en un aprendizaje monocrónico. No todos aprenden lo mismo, al mismo tiempo y no todos tienen el mismo punto de partida.
Por último, o principalmente, La escuela tiene su rol fundamenteal que es el de la producción de conocimiento, pero también allí se aprende a compartir con otros, a convivir con otras realidades, otras culturas, otras creencias, que en la virtualidad se desdibujan. Tiene también la escuela, una suerte de comienzo de salida exogámica, en la que nos vamos de casa, para conocer y habitar otros espacios que permiten pertenecer y circular desde la heterogeneidad.





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