Vidas Literarias: Daniel Tórtora y los recuerdos del barrio en la voz

Promediando el final de este valioso y cuantioso ciclo de entrevistas, RSM se dio el gusto de conversar con Daniel Tórtora, escritor, editor y librero, para conocer su historia más a fondo y disfrutar de sus divertidos recuerdos.

Estamos dentro de la librería La Grieta y, a pesar de que es horario comercial, los ruidos de la avenida no llegan a perturbar la calma que alumbra el murmullo de los libros. Daniel cierra la puerta y pone el cartel que reza: «Cerrado». «Para que no nos interrumpan», dice. Entre estantes y paredes repletas de voces, solo la suya va a empezar a oirse, por detrás de un barbijo negro con escudo de River. Que me cuente de su infancia, le pido, y que se acuerde de esas primeras lecturas lúdicas, que tanto marcan.

«Todavía guardo ahí (señala un recoveco entre dos estantes, cerca del mostrador) el primer libro que tuve y que leí, que es Sandokán. A uno siempre le queda la duda, como en los sueños, si es realmente el primer libro que tuvo o leyó. En casa mi papá leía mucho. Era un tipo que tenía apenas hasta segundo grado pero leía mucho la colección Robin Hood y a mí me tocó heredar ese tipo de lecturas. No todas, pero sí las de aventura, que son las que me encantan. Después mi tia también era muy lectora, ella me regaló ese primer librito.»

La infancia y adolescencia de Daniel transcurrieron en el barrio de Ramos Mejía, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, frente a una plazoleta, jugando a la pelota y habitando la calle. «Esas memorias son las que me llevan a escribir. Yo siempre digo que son tres o cuatro cosas las que manejo. Uno siempre habla o escribe sobre lo que fue o lo que hubiese querido ser. Muchas veces vuelvo a eso. El libro Variaciones sobre mi barrio tiene mucho que ver con mi club de toda la vida; mis amigos de entonces, que son los mismos de ahora; con la plazoleta y mi casa, que duró hasta que pasó la autopista por encima. Es un barrio extraño, que se mantiene con las mismas familias: los hijos de los hijos».

Daniel me habla de su barrio y, a través del reflejo de sus recuerdos, veo pasar décadas de historia: la zona residencial que supo albergar enfermos para curarlos con sus aires limpios; la quintas de los Martinez de Hoz, los Ramos Mejía. «De chico me gustaba mucho la historia. Carlos Fuentes decía: Si querés saber de historia lee literatura. Eso me pasó a mí. Yo estudié Historia en la Universidad de Morón. Ahí ya escribía. En tercer año había una profesora muy bonita de literatura francesa. Yo estaba cursando una materia abominable: Lejano oriente próximo y cercano. En ese tiempo ya había empezado a tirar para letras, hacía talleres. La clase siguiente me fui a la de literatura, la cursé durante un mes. Al otro año me pasé a letras y terminé en la UBA. Tuve de profesores a David Viñas y Beatriz Sarlo. A David lo conocí entrando con el libro Santa Evita en la mano, a los gritos diciendo: El que llega a leer esto es un hijo de puta. Era un terrorista literario. Obviamente lo primero que fui a leer fue Santa Evita«.

De la fascinación por la literatura argentina devino el tiempo de los talleres. Uno en particular, dictado por Antonio Dal Masetto, dejó su huella: «Practicamente era una charla de tres horas. Él se sentaba en una silla y te preguntaba qué estabas escribiendo. Se fijaba en pequeñas cosas que otros no miraban y eso es lo que yo necesitaba. Me hizo leer autores que tenían que ver con mis formas.»

Inmediatamente después de hablar de ese taller Daniel declara no ser escritor, sino alguien que quiere escribir. «Yo lo que busco es conmover con la palabra. Creo que la palabra es eso», dice. Hablamos de formas, estructuras y personas literarias. «Yo soy un argentino escribiendo, no puedo sacarmelo de encima, no puedo hablar en modo neutro ni bajar o subir de nivel. Uno escribe lo que lee. Creo que lo más importante es contar historias que hagan llorar o morir de risa», explica.

Foto: Leonardo Casanova

Cuando le pregunto cómo fue que empezó a editar me dice: «ah, eso fue fácil» y nos reimos juntos. Me cuenta de un concurso, el único al que dice darle importancia, el Leopoldo Marechal de Morón, cuyo premio implicaba dinero. «A los 26 años uno se entusiasma. Armamos una revista en el oeste que se llamó Arte Oeste, entre músicos y escritores, que anduvo muy bien. Era un grupo cultural con el que hacíamos lo mismo que acá. Yo hacía notas de rock. Al tiempo me contrataron en revistas regionales, por canje. Estaba muy metido en eso y conocí mucha gente, pero nunca pensé en editar. Después me vine a vivir acá, en 1995″, cuenta, empezando otro tramo de historia.

Presentación musica de «Cuatro de copas» en la Feria del Libro.

La grieta nació en el 2001, en un corte de ruta, tan recurretes en esa época. Cuenta Daniel que, estando con Rafaél Urretabizkaya, éste le dice: «Dani, hay que hacer otra cosa». A partir de esa idea nació la revista, que demoró un año en salir. Al quinto número recibieron el ofrecimiento de la entonces Secretaria de Cultura para editar una antología, o dos: Escritores en su tinta y Envasado en orígen. La editorial surgió tiempo después, con Carlitos el carnicero, de Rafaél y Aimé, con Willie Arrue.

Por ese tiempo Daniel editó, al fin, Más vale nunca, que tuvo cuatro ediciones: «Es una novela que cuenta la historia de un pueblo de Neuquén en el que deja de pasar el tren. También se mezcla un relato de amor, que nunca se da. Armé una historia de vasos comunicantes: una línea transcurre desde la llegada de un profesor al pueblo, hasta que deja de pasar el tren. La otra línea cuenta la última semana», explica, y me muestra una edición de las primeras en salir.

Después llegó La respuesta por la cosa rara: el último viaje de un viajante, relatos encadenados que forman una novela. Seguido a eso apareció la historia del Club Social del barrio: Luna en los charcos. «La presentación en Buenos Aires la organizaron mis compañeras, había 200 personas. Mientras escribía me armaban reuniones y entrevistas. El último día que fui al club no había nadie. Me empecé a despedir de todo. Al salir pasé por la cancha de basquet, que estaba llena de charcos, con la luna pegando un pedacito en cada uno.»

En 2013 nació la librería, por cosas de la casualidad. Daniel cuenta la anécdota entre risas, con los ojos brillantes. «Pedimos plata prestada para comprar los primeros libros, más los de La grieta, la revista Sudestada y unos libros de chicos que nos habían regalado. La librería me cambió la vida. Siempre la habíamos pasado mal económicamente, y eso mejoró. También le dio visibilidad a la editorial, un lugar para que pudieran venir quienes querian editar», dice.

Nada más tentador, hablando con un librero, que pedirle recomendaciones. Me nombra a Leonardo Padura y a Hemingway, con énfasis enérgico, pero también menciona escritores locales, como Gustavo Santos: «Los dos libros que tiene me gustan mucho. El Raulí es un librazo despojado, sencillo pero complejo. Las huellas de Tomás en la arena son tres cuentos largos que me encantaron. Acá en San Martín tenemos escritores de primera. El Rafa (Urretabizkaya); Marcelo Gobbo; María Marta Paz, que creció muchísimo en este último tiempo; Marisa Godoy, que está preparando su segundo libro; Marcelo Bardeli, que es un escritor fantástico que está desperdiciado porque no escribe ni edita. Siempre que empezas a nombrar dejás a muchos afuera», se disculpa.

Alejandro Tarruella y Hugo Bonigo en presentación de «Variaciones sobre mi barrio».

Ahora Daniel está trabajando en dos ensayos sobre el tango en la región, música que dice que suena en su cabeza: «Vengo de una familia muy tanguera. Mi vieja cantó tango hasta hace dos año, mi abuelo tocaba el bandoneón. Estoy escribiendo sobre la historia del tango en la región y sobre la figura de la mujer que canta tango», dice, cerrando la charla. Fuera de grabación la conversación sigue un poquito más, mirando libros y revistas. Momentos después, el cartel de «cerrado» se transformará en «abierto» y la vida cotidiana se volverá a reanudar.

4 Comments on Vidas Literarias: Daniel Tórtora y los recuerdos del barrio en la voz

  1. Horacio Guerrero // 1 de mayo de 2021 en 11:49 // Responder

    Yo conozco muchas de esas historias secretas, y evalúo escribir su biografía no autorizada!!!

  2. Horacio Guerrero // 1 de mayo de 2021 en 11:51 // Responder

    Yo conozco muchas de esas historias secretas y evalúo escribir su biografía no autorizada…

  3. Todo un personaje.

  4. Pablo Nicolas Vallejos // 2 de mayo de 2021 en 23:55 // Responder

    Me encantó la nota!

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