Casas Contadas – Capítulo 26: Más de 80 años de historias en un hogar habitado por varias familias

A lo largo de todos estos meses recorriendo recuerdos anclados en casas antiguas de San Martín de los Andes, hemos visto construcciones que permanecen por generaciones en la misma familia. Otras, lamentablemente, se pierden a causa del tiempo o de las personas. Sin embargo hay un tercer grupo, formado por casas que van pasando de familia en familia, y cada una imprime sobre ella su propio recuerdo. Hoy recorremos la historia de una hermosa casita que data de 1940, ubicada en Fosbery al 500.

Con un frente mágico, coronado por plantas que crecen haciendo de marco, la casa conserva su fachada original. El techo de chapa, las paredes de listones de madera ubicados de forma horizontal, el ventanal cuadrado, un pequeño porche. Por dentro, el revestimiento de madera continúa en paredes y techo. Aunque pintado, todo se mantiene tal cual fue construido.

Foto: Federico Soto

La primera en recibirme en esta historia es Laura, que junto a su familia viven allí desde hace 10 años. Me deja pasar y me lleva a recorrer los diferentes ambientes. Con ella descubrí, en una de las dos habitaciones, una puerta misteriosa. “No sabemos para qué la pusieron, del otro lado hay pared”, me dice, señalando. La construcción, de estilo chileno, data de 1940 y perteneció, en un comienzo, a la familia Lagos.

“Es una casa hermosa y muy fuerte. Nosotros pintamos en un par de ocasiones desde que vivimos acá pero el resto se mantiene igual. Son materiales muy resistentes. Afuera hay un galpón que tiene el mismo estilo, y hay una salida de chimenea en el techo, aunque dentro de la casa ya no esté”, dice laura, mientras recorremos el lugar. También me señala los pisos de cemento pintado y una puertita en el techo del living comedor, que conduce a un altillo.

Foto: Federico Soto

La dueña actual de esta antigua casita es Tania Campos, la segunda voz en este relato. Ella compró la casa en 1998, a un fotógrafo local llamado Francisco Fedeschi. Él la había remodelado, manteniendo el estilo intacto. “Desde que tengo recuerdos, esa casa siempre estuvo ahí”, empieza a contarme. Nacida en San Martín en 1968, el primer contacto de Tania con la casa fue de muy chica. “Mis papás eran muy amigos de Mirta y Raúl Quiroga, que en ese entonces vivían ahí. Yo tendría 5 o 6 años y me acuerdo de compartir muchas cenas, fiestas y reuniones en esa casa”.

Foto: Federico Soto

Nacida y criada en una casita sobre la calle Brown, la familia de Tania pronto se trasladó a Elordi. “A ese lugar, que era también muy antiguo y precioso, mi mamá lo llamó Mi Naranjita. Ahora ya no existe. Se demolió para hacer un edificio”. En Fosbery, Tania y sus hermanos pasaban tardes enteras jugando con los hijos de la familia Quiroga, bajo las farolas: “Éramos muy amigos de Rauli y Vero. Tengo un recuerdo muy fuerte asociado a esa casa, que es el de escuchar a los adultos reirse mucho, muy fuerte, mientras nosotros jugábamos afuera”

Originalmente, el interior de la casa tenía otra división de ambientes. Entrando desde la calle, uno se encontraba con un recibidor. Luego había un ambiente comedor, separado de la cocina, y dos ambientes más pequeños. “En la cocina había un hogar a leña, del que aún está la chimenea. Se usaba para cocinar y calefaccionar. Luego, en la remodelación, se sacó la división entre comedor y cocina, para que quedara un único ambiente más grande, y se agregaron unas terminaciones de ladrillo en las paredes, en la parte de abajo”.

Foto: Federico Soto

Tania y su familia vivieron tres años en esa casa antes de irse del país, en 2001. “Mi hija Katherina nació ahí. Todos mis hijos tienen un recuerdo muy fuerte y hermoso de su niñez en esa casa, sobre todo Benjamín. Pudieron crecer en un ambiente parecido al mío, con juegos en la calle, que aún era de tierra, con poco tránsito. Tenían a sus amigos cerca y una habitación hermosa en la que los recuerdo jugando en invierno, refugiados entre legos de todos los colores. En la esquina de enfrente no estaban los departamentos azules sino el aserradero del tano Feliccetti, con el que siempre conversaba”.

Foto: Federico Soto

Después de ellos, los primeros inquilinos fueron los dueños del Hostel Puma, que se empezó a construir en ese tiempo. Luego vino un doctor del hospital, seguido de un artista, hasta finalmente quedar en manos de Laura y su familia. “El artista fue quien remodeló el galpón que está en el patio de atrás. Lo usaba como taller para trabajar. Después se convirtió en lavadero”.

Tantas voces, tantas familias. Cada una interpretó y vivió la casa a su manera, todas resguardando su forma y su legado. Tania asegura que, con el tiempo, quedará en manos de su hijo Benjamín, quien tiene una conexión especial con el lugar. Más allá de quienes la ocupen o por cuantas manos pase, lo importante es que cada uno construya su propio vínculo con ella, que asegure su supervivencia. Como ya sabemos, en cada hogar hay una historia, o varias, que necesitan ser protegidas. 

2 Comments on Casas Contadas – Capítulo 26: Más de 80 años de historias en un hogar habitado por varias familias

  1. Interesante historia, los materiales de antes para la construccion eran buenos, porque la casa se conserva con el pasar del tiempo.
    Parece una casa de cuento. Lindas historias

  2. HOLA LA VERDAD QUE ES HERMOSO CONOCER LA HISTORIA DE ESTAS CASA ,QUE EN ALGUN MOMENTO HEMOS PASADO POR SU VEREDA , RECUERDOS DE NUESTRA NIÑEZ ,OLORES ,COLORES ,PERSONAS Y CUANTAS QUE YA HAN DESAPARECIDO ,LOS FELICITO POR APORTAR UN GRANITO DE ARENA A NUESTROS RECUERDOS ,GRACIAS .

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