Greenwashing, Pinkwashing y Purplewashing: estrategias de marketing que son pura fachada 

El Pinkwashing es la unión de dos conceptos, en primer lugar, Pink, en inglés “rosa”, que tradicionalmente se asocia a la lucha contra el cáncer de mama y Whitwash, que se traduce como “blanquear”. Es decir, es el término que se utiliza para criticar la falsedad de las marcas al reivindicar una lucha en un momento concreto con objetivos económicos o para mostrarse ante su público como una institución moderna e implicada con los problemas sociales.

Muchas veces en el afán por vender, posicionarse y ser nombrados muchos organismos y marcas utilizan banderas y símbolos de luchas que se vienen gestando desde hace décadas como pantalla marketinera para posicionarse y vender mejor sus productos o propuestas, mientras que en el fondo sus políticas poco tienen que ver con estos movimientos y por lo que cada vez son más cuestionadas. 

El primero de estos tres términos en surgir, fue el Pinkwashing que tuvo su origen en los años 90, cuando varias empresas decidieron teñir sus marcas de rosa durante el mes de mayo para vender mejor sus productos. Fue entonces cuando Breast Cancer Action denunció esta acción a través de este término, señalando a aquellas empresas cuya lucha era únicamente propagandística y con fines económicos. 

En el caso del Purplewashing, el ejemplo más cercano es el 8 de marzo, cuando salen campañas publicitarias y de marketing alrededor del Día Internacional de la Mujer; algunas de ellas ofrecen descuentos, otras versiones de estrategias anteriores cuyo único cambio tiene que ver con la adopción del color rosa o violeta. Y cada vez son también más cuestionadas por clientas y usuarias en general. 

Por su parte, el “greenwashing”, se trata de maquillar los productos de color verde sin realmente ser respetuosos con el medio ambiente. Este es el más cotidiano y una gran cantidad de empresas y organismo se autoproclaman «Eco friendly» poniendo sellos en sus envases o packaging, cuando en realidad muchas de sus políticas terminan perjudicando el entorno que los rodea.

A pesar de todo esto, especialistas y militantes aseguran que esto no quiere decir que las empresas no puedan unirse a movimientos sociales, ni que los ciudadanos puedan aplaudir dichas reivindicaciones, sino todo lo contrario, manifiestan que es necesario apoyar a aquellas empresas y organismos que destinan partes de sus beneficios a estas causas o incluso que a través de su voz exigen políticas de acción o visibilizan a colectivos silenciados.

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