Silvina Casey: “Muchas veces sentimos que tenemos que escondernos para no incomodar a nadie”

La doctora Silvina Casey es la vecina sanmartinense que impulsó, hace más de treinta años, la creación de la Comisión para la Eliminación de Barreras (CAEB). Lo hizo por medio de cartas y pedidos puntuales que visibilizaron la necesidad de no sentirse cercada y encerrada a causa de utilizar una silla de ruedas. Para continuar repasando y actualizando las problemáticas locales en torno a la accesibilidad, RSM conversó con ella para conocer su historia y su visión al respecto.

Silvina llegó a San Martín de los Andes en 1986, para hacer una rotación de su residencia médica en el hospital local. “En ese momento todavía se veían catangos en la calle, el pueblo era muy chico y estaba lleno de lotes vacíos. Todos nos conocíamos. Ibas al supermercado y la cajera te preguntaba en la fila sobre la última novedad del Hospital”, cuenta. En 1993 tuvo un grave accidente que la llevó a transitar varios años de recuperación y rehabilitación: “Cuando volví, estaba en silla de ruedas. Todas mis pacientes estaban preocupadas por mi movilidad y por no poder ir a todos lados como antes”.

Foto: Puentes de Luz.

Como médica ginecóloga, Silvina atendía a muchas vecinas y conocía a mucha gente relacionada con la construcción: “Teniendo ese vínculo, yo podía pedirles directamente que adaptaran los proyectos que estaban desarrollando para que tuvieran acceso de silla de ruedas. Estábamos cercados por las leyes, que no estaban preparadas, y por proyectos que no contemplaban ni accesos ni baños”, subraya.

La posibilidad de poder acceder a un baño público es, junto a las rampas y dársenas de estacionamiento, un tema central en esta conversación. “Lo que define la realidad de la accesibilidad, sobre todo para los que tienen movilidad reducida, es poder llegar a un baño. La ingesta de líquido dura una hora en el cuerpo y nosotros tenemos que calcular a qué hora vamos a necesitar un baño cuando nos trasladamos a cualquier lugar. Se necesitan obras lógicas y conscientes, sobre todo porque queremos tener turismo y la accesibilidad es para todos”, explica.

Imagen ilustrativa.

“En 1999 conseguimos un baño público accesible maravilloso, en frente a la plaza principal, al lado de Artesanías Neuquinas, y nunca lo habilitaron para otro horario que no fuera el de la Municipalidad. No se lo cuentan a los turistas y van a otros lugares privados”, amplia la doctora sobre la problemática de los baños públicos, que alcanza a toda la población en general.

El hecho lamentable que desató la catarata de pasos que desembocaron en la creación de la CAEB ocurrió un sábado de enero de 1990, cuando Silvina había ido al video club, que  quedaba en la calle Roca. “En esa cuadra no había rampas y yo subía por la bajada de autos. El dueño siempre me ayudaba con los escalones. Ese día me trabé y me di vuelta con la silla. Terminé con el típico porrazo en la cabeza, sangrando mucho. ¡Y yo tenía tanta vergüenza,  tapándome para que nadie me viera en la calle. La gente, en esos momentos, quiere que desaparezcas! Todos nos sentimos incómodos cuando no sabemos de qué manera acercarnos o qué es lo que está necesitando una persona con discapacidad”, expresa Casey.

Imagen ilustrativa.

Luego de ese evento y tras haber compartido la angustia de la situación con sus allegados, decidió enviarle una carta a Luz Sapag, entonces intendenta y además paciente suya. “Estaba enojada, pensaba por qué me tenía que esconder yo para no incomodar a nadie. Al lunes siguiente, Luz salió por la radio hablando de mi carta, leyendo lo que contaba y señalando las problemáticas que había con las rampas y las dársenas de estacionamiento, que ella misma veía ocupadas de forma incorrecta desde la ventana de su oficina”. 

Fue así que ella gestionó en Buenos Aires la venida de un grupo de profesionales especializados en accesibilidad, que se reunieron con Silvina en su casa, conformando la comisión y emprendiendo las reuniones de todos los jueves en el Concejo Deliberante. “Yo en esa época viajaba mucho y traía fotos de construcciones accesibles bien hechas en lugares turísticos y aeropuertos. Proponía cosas lógicas, soluciones que yo sabía que se necesitaban y que no había que ponerse a inventar nada, ya todo estaba resuelto en otros países, muchos años antes, con modelos, medidas y materiales”.

“Durante todos esos años, fui a comprobar la accesibilidad de muchas construcciones y tal vez  los dueños habían pagado fortunas pero tenían detalles que hacían que no fueran funcionales.  Si se difundieran las reglas básicas de la accesibilidad, todos estaríamos acostumbrados a saber que en la construcción se dejan los enchufes a tal altura del piso, la puerta del baño para afuera, y otros detalles. Y así la construcción no se encarece y no pierde belleza”, detalla.

Imagen ilustrativa.

Silvina continuó participando de la comisión hasta 2008, cuando un nuevo golpe le causó una afasia. “De todas formas, cuando se murió Luz perdí esa oportunidad de ser escuchada y ese camino fácil para resolver. Así funciona todo, sólo si la persona con discapacidad, o sus familiares, se ocupan de ser visibles e insistir lo suficiente, es decir, de molestar, y así se consigue realizar las cosas”, cuenta, y agrega: “Dejé de ir porque las reuniones pasaron a ser quincenales, en horario de trabajo, la única que iba gratis era yo, y para mi era muy difícil llegar a las reuniones sin estacionamiento, entre otras cosas. Salir con la silla y andar por las calles es imposible, veredas no hubo nunca y en las calles ponen decks gastronómicos, los baños adaptados terminan siendo algo privado, cerrado para limpieza o cuarto de empleados. Sí puedo agradecer que lentamente aparecen las rampas bien hechas, pero después de la pandemia, sabiendo lo imprescindible que es el lavado de manos, ¡todavía no hay baños públicos!, aunque haya oferta gastronómica por todos lados, y en el mejor de los casos, tienen un baño químico, no  accesible, a cierta distancia, que se alquila. Mundo cruel”, concluye la doctora Casey.

1 Comment on Silvina Casey: “Muchas veces sentimos que tenemos que escondernos para no incomodar a nadie”

  1. Marcela Gladys Mansilla // 14 de mayo de 2022 en 17:55 // Responder

    Apoyo a la Dra Caseiy! Y no sólo el impedimento es para circular con silla de ruedas… Si por circunstancias de la vida, tenés que utilizar muletas, bastón, o bota ortopedica, no es fácil caminar por las veredas de San Martin! Cruzar la calle es una misión imposible!!! Y el automovilista, te putea porque cruzas despacio. Si alguien frena para ceder el paso, siempre hay un desubicado tocando bocina!😞

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