Las mujeres de la revolución que la historia invisibilizó y cada vez toman más relevancia en la argentina

A lo largo de la trayectoria escolar hemos aprendido sobre los próceres de la argentina y sus hazañas para construir la patria en la que hoy desarrollamos nuestras vidas, pero cuánto aprendimos de las mujeres, de las próceres o “heroínas”. Seguramente poco o nada, con excepción del Mariquita Sánchez de Thompson a quien por años se la conoció como la dueña del salón donde se entonó por primera vez las estrofas del Himno Nacional Argentino. 

Foto Gob de Bs. As

Lejos de haber ocupado ese único rol y en contra de lo que se esperaba en esa época, fue una mujer con gran personalidad y opinión propia, sobre la historia, el país, el futuro y el amor. Tampoco fue la única imagen femenina que participó en el procesos revolucionario e independentista. 

Pero, casi todas las mujeres que se dedicaron a la acción política, social y urbana durante los albores del siglo XIX persiguieron, además de la libertad de la Patria naciente, su propia libertad y su igualdad respecto a los varones.

¿Quiénes son esas otras mujeres a las cuales la historia invisibilizó y que con el crecimiento del movimiento feminista toman cada vez más relevancia? 

María Remedios del Valle, la Madre de la patria, era afrodescendiente y nació en 1766 en la capital del Virreinato del Río de la Plata. Luchó en las invasiones inglesas y tras la Revolución de Mayo partió junto con su marido e hijos a la expedición destinada al Alto Perú al mando de Ortiz de Ocampo. Combatió en el Ejército del Norte comandado por Manuel Belgrano. 

María Remedios del Valle

Además, participó en los principales combates y en las batallas de Tucumán, Salta y Ayohúma, entre otras. Tanto su marido como hijos no sobrevivieron a las guerras, pero ella continuó atendiendo a los heridos y arriesgando la vida. Siete veces estuvo a punto de ser fusilada. 

A pesar de ser nombrada capitana por Belgrano, al terminar la guerra, el general Juan José Viamonte la reconoció en las calles de Buenos Aires pidiendo limosna, harapienta. Desde su banca en la Legislatura pidió que se hiciera justicia y se le otorgara la pensión por los servicios prestados, lo cual recién se produjo tras siete años de insistencia, en 1828. Falleció en 1847. Fue declarada de manera póstuma como «Madre de la patria». 

María Magdalena Dámasa «Macacha» Güemes (Salta 1787-1866), hermana del caudillo Martín Güemes, provenía de una acomodada familia de la élite de esa provincia. Desde 1810 ambos hermanos apoyaron a la revolución organizando milicias de apoyo a los ejércitos del Alto Perú. 

María Magdalena Dámasa «Macacha» Güemes

En su participación en la gesta llevaron adelante la estrategia de «guerra de guerrillas», conocidos como «los infernales» del caudillo, asesinado años después. Macacha ofició de mano derecha de su hermano, y como parte de la gesta independentista en el norte cumplió tareas militares, organizativas, auxilió heridos en el campo de batalla, y llevó misiones de espionaje junto a otras mujeres contra los realistas. 

Participó activamente en la vida política de Salta, y apoyó la oposición a la hegemonía del puerto de Buenos Aires. A su hermano lo apodaban el Padre de los Pobres y a ella «Madre del Pobrerío». 

Juana Azurduy, es considerada una de las heroínas de la independencia del colonialismo español. Nació en Chuquisaca (actual Bolivia) el 12 de julio de 1780 en el seno de una de las familias criollas más acomodadas de la época.

Juana Azurduy

Sin embargo, su sentido de justicia la llevó a abandonar todo para luchar junto a su marido Manuel Ascencio Padilla, contra la corona de España. Años después, tras caer el último reducto realista del exvirreinato del Río de la Plata en el Alto Perú, el 1 de abril de 1825, Simón Bolívar la ascendió a coronel y le otorgó una pensión que recibió durante cinco años. 

A partir de ese entonces, a través de una organización conocida como «Los Leales», el matrimonio combatió contra imperio español destacándose especialmente Juana por su valentía y su capacidad de mando, hecho que le valió nombramiento de teniente coronel, en el verano de 1816.

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