Martín Comesaña: “Soy un hijo de la escuela pública, uno de los orgullos más grandes que tengo como persona”
Tras haber obtenido el primer premio del concurso 2022 del Centro Editor Municipal, con su cuento “Oblivion”, RSM conversó con Martín Comesaña, para conocer un poco más sobre su faceta de escritor y sus procesos creativos.
“Empezamos por el principio: me llamo Martín Comesaña, tengo 54 años, vivo en San Martín de los Andes desde hace 21 años, nací en el barrio porteño de La Boca y escribo desde que tengo recuerdos”, arranca a presentarse el entrevistado, tildando casilleros de datos a modo de introducción. Su memoria es muy vasta y rescata detalles de infancia que hacen de colchón a este relato.

“Lo primero que escribí fueron letras para mis canciones, a los 12 o 13 años. Quería hacer mis propias canciones porque quería ser una estrella de rock. Algunas todavía las recuerdo. Después, me acuerdo de haber participado en un concurso literario, en 1978, cuando fue el conflicto con Chile. Yo iba a una escuela estatal, que se llamaba “República de Chile”, donde La Boca empieza a confundirse con Barracas y Patricios. Era tal la podrida, que había soldados con ametralladoras en el patio, atentos a que ocurriera un atentado. ¡¿Qué loco, no?! Un atentado en la escuela”, recuerda Martín, hablando pausado y claro, como imagino que hace cuando da clases en la Epet.
“En plena demencia, la dirección del colegio propone un concurso, cuyo título era “Confraternidad argentino-chilena”. Yo lo gano y el premio me lo entrega Sergio Onofre Jarpa Reyes, que era embajador chileno. ¡Decime cómo me puedo acordar de ese nombre tras más de 40 años!. Ese fue el primer premio que obtuve. Después vinieron las poesías y las letras de rock. En algún momento de mi adolescencia tardía empecé con los relatos, cuentos, y sobre todo frases, muchas frases y reflexiones”, narra el escritor, que de profesión es ingeniero, condición que no le impide ver más allá de la simetría entre los ángulos que forman el marco de un cuadro. Al abordar la nota, lo llamé “escritor outsider”, de esos que no integran el canon, que habitan los márgenes, y están cómodos en el bosque. “Estoy bien ahí”, respondió risueño.


“Con la facilidad de la computadora empecé a guardar todo. Después de un tiempo volvés a algunas cosas que ni te acordás qué son, y son un mazazo. Me encanta eso de la escritura, que genera impacto. A veces, lo que uno escribe es la verbalización de lo que le impactó, como si fuera una transmutación de energía. Impacto pega en escritor/escritor escribe/escritor devuelve el impacto. Creo que cuando alguien te dice que sintió lo que escribiste lograste transmutar la energía”, reflexiona Martín, conocido por muchos en su faceta de músico.
“Yo soy absolutamente autodidacta. No tengo mayores estudios respecto a la escritura que los que se brindan en la escuela. Soy un hijo de la escuela pública, desde jardín de infantes hasta la universidad, uno de los orgullos más grandes que tengo como persona. En esa escuela me inculcaron el amor por la lectura. No recuerdo ningún momento en el que mi mesa de luz, escritorio o carpa no haya tenido libros. Siempre hay libros. Pilas aquí, pilas allá. Mi escuela es esa, leer absolutamente todo. Mi esposa es una gran lectora también y cuando nos fuimos a vivir juntos, juntamos nuestras bibliotecas y fue algo fastuoso. Unimos fuerzas”, cuenta con emoción y diversión.

“Cuando sos autodidacta, la escuela es escuchar y tocar, como en la música. Ahí vas entendiendo lo que dice el otro y cómo lo dice, y vas creando tu propia forma de decir. No es una copia sino un reconocimiento de la herramienta, para ver cómo usarla. En este sentido la lectura es fundamental y creo que es una de las grandes deudas de la escuela hoy en día. La lectura como experiencia sensorial, que involucra el tacto, tener el libro en la mano, mojarse el dedo con la lengua para pasar la página, olerlo. Los libros tienen olor, a nuevo y a viejo. El libro como obsequio, como muestra de afecto. Encontrar un libro con alguna anotación de saludo que reconforte. El libro independiente de toda manifestación electromagnética. Está siempre ahí, disponible, hasta a la luz de una vela. Hay una gran deuda que tiene la sociedad con aquellos lectores que aún no saben que lo son”, dice Martín. Pienso en las sueltas de libros que a veces se hacen en eventos o en las cajas que cada dos por tres se encuentran cerca de un cesto de basura, llenas de libros tristes, que se encuentran con lectores hambrientos y son devueltos así a la vida.

Respecto a sus propios procesos creativos, dice: “Estando en San Martín de los Andes empecé a escribir más. Tener que quedarse en casa, en épocas invernales o de lluvias, se presta para sentarse a reflexionar y llevar esos pensamientos al papel. Cuando formaba parte del cuerpo de bomberos, una vez escribí un poema en un blog, que se llamó “La sirena”. Tuvo una repercusión que me sorprendió gratamente. Creo que ahí me decidí a empezar a mostrar algo de lo que escribía. Empecé a crear personajes, situaciones. Es medio inevitable ser autorreferencial. La escritura es como el túnel del tiempo, ahí vale el “qué hubiera sido sí”, podés jugar y torcer el rumbo de un acontecimiento. Esa es su magia”.
El primer trabajo que envió a un concurso fue organizado por la Biblioteca Popular 9 de Julio. Salió ganador y se publicó. A partir de ahí empezó a animarse a participar en otras instancias. En certámenes del CEM participó dos veces, contando la edición 2022, ambas con exitosos resultados: “Me parece una instancia local fantástica porque todo lo que lees de los escritores locales es cautivante. Creo que el trabajo de seleccionar debe ser difícil”.

El viernes 8 de julio se realizó el acto de apertura de plicas en el Salón Municipal: “Fui con muy pocas esperanzas. Pasa a veces que un texto te gusta pero interpretas que no puede gustar mucho afuera, o no llega el mensaje al otro. No le tenía fe. Cuando escucho la devolución de la señora Bazterrica, que estuvo como jurado especial, y escucho el nombre de mi cuento, me agarró una emoción y una sorpresa. Tenía al lado a mi esposa, María Inés. La agarré y le dije: “Gané”, con expresión de incredulidad. Me puso muy contento”.
Seguramente, además de “Oblivion” que pronto saldrá editado junto a los demás cuentos ganadores del certamen 2022 del Cem, y de “Valdiviana”, relato que formó parte de Quiero Relato y se encuentra disponible para escanear el código QR y escuchar en el muelle del lago Lácar, pronto sabremos de más producciones literarias de Martín Comesaña. Mientras tanto, nos queda escucharlo hacer música en los escenario sanmartinenses.
Fotos: cortesía.




Qué capo Tincho. Otra faceta más de un tipo inquieto