Analizan la extensión del horario nocturno para bares y confiterías, durante la próxima temporada estival

En la sesión del Concejo Deliberante, desarrollada este jueves, hizo uso de la banca del vecino, el dueño de un resto bar en la calle Villegas y Mascardi, para solicitar la extensión de los horarios de cierre de bares y confiterías, que actualmente es a las 3:30. Juan Ariel Albornoz, estuvo acompañado por Daniel Ayala, taxista de nuestra ciudad, para plantear la pérdida del desarrollo de una cadena económica que genera la restricción horaria.

Albornoz, que en las ciudades aledañas como Junín de los Andes o Villa La Angostura, los locales gastronómicos no tienen horario de cierre, algo que sí sucede en nuestra ciudad. Asimismo, indicó que para tener abierto hasta las 3:30 tuvo que realizar un estudio de insonoridad de manera privada, porque el área de bromatología no cuenta con las herramientas para hacerlo.

Por su parte, Daniel Ayala, contó que después de ese horario “se muere” San Martín de los Andes, y muchos turistas le consultan por actividades a esa hora. Ejemplificó con una experiencia que vivió el pasado fin de semana, cuando se realizó el encuentro de motoqueros, que lo llamaban pidiéndole la recomendacioń de alǵun lugar para ir a las 4 de la mañana, pero estaba todo cerrado. “Los choferes pedimos viajes, los comercios pierden clientes y los turistas no tienen actividades”, remarcó.

Los concejales plantearon que este tema se está debatiendo en la comisión de hacienda, a partir de una iniciativa del bloque del Frente de Todos. En este sentido, Martín Rodríguez expresó que si los estudios de insonorización están bien, la extensión del horario no debe ser un problema, al menos pensando en los ruidos molestos. Sin embargo, desde el punto de vista de la circulación en la vía pública, los horarios marcan una diferencia, y si se debe aggiornar esa discusión.

Asimismo, desde el Juntos por el Cambio, la concejal Monín Aquín indicó que la exigencia de los horarios a los comercios se pueden cambiar, porque no se generan problemas dentro de los locales, sino a la salida de ellos. “Esto es lo que tenemos que abordar institucionalmente, porque los ruidos molestos se producen en las dos cuadras alrededor de los boliches. Se le exige al comerciante medidas internas, se le cobra y el problema está afuera”.

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