Revelan contradicciones en la reconstrucción de la muerte del soldado en Zapala

El juez federal Hugo Greca realizó el último viernes una inspección ocular en las instalaciones del Ejército de la ciudad de Zapala donde el 1° de junio pasado fue encontrado con dos impactos de bala en la cabeza el soldado Pablo Córdoba. La inspección ocular en la guarnición militar de Zapala se realizó 37 días después de su muerte. El abogado de la familia del soldado puso en tela de juicio que haya sido un suicidio, tal como se informó en su momento.

Pablo Córdoba era soldado voluntario y había cumplido 21 años pocas semanas antes del 1 de junio, el día que fue encontrado con dos disparos en la cabeza mientras realizaba una guardia en el Grupo de Artillería 16, el mismo cuartel donde en 1994 fue asesinado Omar Carrasco, por quien se puso fin al servicio militar obligatorio en la Argentina. La información oficial del Ejército fue que el soldado se había suicidado.

Ese día, a las 6.30, el padre de Pablo, el suboficial Juan José Córdoba, recibió un llamado en el que una persona cuya identificación no trascendió le informó que su hijo «se pegó un tiro», y le avisaron que estaba siendo trasladado al hospital de Zapala, donde falleció horas después.

El abogado querellante Maximiliano Orpianessi consideró que «desde el sentido común, (el joven) no puede dispararse dos veces, y menos dos disparos con esa arma de fuego, un FAL (arma por la cual presuntamente murió), cuyo proyectil genera daños cerebrales tremendos».

Ahora se conoció una de las más graves contradicciones, pero no la única, entre los testigos que intervinieron ese día que encontraron el cuerpo. Se dio a conocer el diálogo se produjo entre una enfermera militar y un sargento, durante la reconstrucción de la muerte del soldado Pablo Jesús Gabriel Córdoba en el Grupo de Artillería 16 de Zapala.

-«Cuando llegué al lugar, el soldado tenía el armamento sobre el pecho, lo retiré y le tomé el pulso, y comprobé que todavía estaba con vida», dijo la enfermera.

-«Perdón que interrumpa, tengo algo para decir: ella no sacó el arma del cuerpo, fui yo», manifestó el sargento.

El impulso que le dio a la investigación el querellante Maximiliano Orpianessi, en línea con los constantes reclamos de la familia del soldado, reactivaron un expediente que estaba manejando a control remoto como si fuera un caso de suicidio.

Cada vez hay más sospechas de que a Córdoba le pasó otra cosa. Aún falta descubrir qué. Como mandan los protocolos, su muerte debió manejarse desde el inicio como un homicidio. La familia mantiene la esperanza que se sepa la verdad cuanto antes.

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