El filtro mediático de la realidad: un ojo cruel
Entre la realidad y lo que trasciende hay cada vez menos puntos de contacto. La implacable inmediatez por la que estamos gobernados y la posibilidad de estar siempre en el ángulo de alguna cámara hace que todo, eventualmente, se vuelva una versión posible, una interpretación de la realidad que supo ser. Siempre hay una fragmentación, siempre un recorte, siempre una elección. Hay algo que sucede y algo que se viraliza.

Hace poco, una joven sanmartinense me contó una anécdota, mientras reflexionábamos sobre cómo diferenciar los puntos de vista de un narrador. Me dijo: “si suena un teléfono en una casa vacía, donde nadie está para escucharlo, ¿está sonando realmente?”. La idea primero me generó cierta incomodidad, una profunda sensación de soledad y desconsuelo por ese sonido que no encuentra un oyente. Luego pensé: un teléfono que suena en una casa vacía es un hecho que nadie replica, que no trasciende.
Esta semana, fuimos muchos los que estuvimos siguiendo las novedades sobre la salud de Wanda Nara y Silvina Luna. En el caso de la primera, un bloqueo de información por parte de su fuero íntimo desató muchos rumores y fue un periodista el que adelantó un diagnóstico, según la artista, antes de que ella misma lo tuviera confirmado. Tuvo que publicar una extensa y detallada carta para acomodar los dichos y diretes sobre su propia salud. En el caso de la segunda, hasta último momento intentó mantener una comunicación en primera persona, “para evitar malos entendidos”, y luego se compartieron partes oficiales periódicos, habilitados por su hermano y su manager. Mucho esfuerzo para evitar fabulaciones, ¿no les parece?

Seguramente, muchos de ustedes piensen: “y bueno, son famosos, figuras públicas, mediáticas…”. Sin embargo, la era Black Mirror llegó hace mucho y se instaló con comodidad para acostumbrarnos a percibir una realidad fragmentada, hecha de recortes y retazos: fotos, audios, videos, en la que reconocemos como verdadero sólo aquello que trasciende, los teléfonos que suenan rodeados de gente.
Hace unos días, se difundió la noticia de que Williams Alexander Tapón, de 24 años, habría tomado la decisión de suicidarse luego de la viralización de un video que lo muestra golpeando a Ariel Paniagua, árbitro del partido en el que jugaba, quien lo había denunciado ante la policía tras quedar internado. Luego del episodio, se vio envuelto en una gran cantidad de entrevistas, preguntas, acoso que, según su esposa, no habría podido manejar. El suceso lo superó, dijo. También trascendieron los últimos audios del deportista, estremecedores y públicos.

No solo las celebridades son acosadas por los smartphones. Nadie está exento de sufrir el escarnio desmedido de los llamados “haters” al compartir cualquier atisbo de la propia cotidianidad. Hay quienes encuentran la forma de manejarlo y quienes no. Hay teléfonos que suenan y son atendidos, mientras otros suenan en casas vacías. En la medida en que seamos cada vez más conscientes del recorte desmedido y deliberado que hacemos de la realidad, quizás logremos ser más libres.
Fotos: Imagenes ilustrativas.




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