«Sueños de agua»: desde Chubut a San Martín de los Andes

El próximo sábado, 12 de agosto a las 20 hs, en la Sala Amankay, se presentará la obra «Sueños de agua», un imperdible unipersonal de Andrea Despó, basado en una historia de vida transcurrida en Chubut. La obra cuenta, a través de la danza, el canto, los objetos y la actuación, fragmentos de la vida de doña María Epul de Cañuqueo, la popular machi de Cerro Negro, desde la mirada de la actriz. 

Sueños de Agua” es un espectáculo teatral, basado en la historia de vida de Doña María Epul de Cañuqueo, “machi” y “camaruquera” mapuche, quien reunió el interés de multitudes en búsqueda de remedio y consuelo para sus padecimientos. Doña María vivió en Cerro Negro, en el límite entre los departamentos de Paso de Indios y Mártires, en pleno corazón de la meseta chubutense, un lugar agreste que sintetiza el paisaje patagónico.  

«Se dice que entre sus innumerables y conocidos pacientes estuvo la madre del General Perón, por entonces residente en el territorio chubutense. Posiblemente de este conocimiento sobre su existencia haya surgido lo que se afirma como certero: entre quienes se hallaron en tratamiento con Doña María Epul estuvo la misma Eva Perón. Doña María falleció en 1960 a una edad que, según sus familiares, había superado los 100 años”, explica el libro “María Epul de Cañuqueo, machi y camaruquera de Cerro Negro.  

«En lengua mapuche, “machi” es la persona que sana, es intermediaria con los espíritus y fuerzas (pu longko y pu newen). Mirando las aguas diagnosticaba y proponía medicinas, curando a su pueblo de las enfermedades del cuerpo y del espíritu. María Epul levantaba Camarikun o rogativa colectiva del pueblo mapuche», expresa la actríz de este unipersonal.

La puesta teatral rescata en su esencia esta historia y también condiciona su espacio y búsqueda estética a conceptos propios de la cosmovisión mapuche, para la que hombre-tierra-naturaleza-universo constituye un solo ser.  El espacio y la danza circular, la austeridad de elementos, los cantos, los ritmos y el agua, conforman un mundo onírico. El nudo dramático que propone la obra presenta a una niña ante la ineludible muerte de su abuela, Doña María. En ese desdoblamiento, en ese pasaje de un personaje a otro, la actriz pone al espectador en el doble juego del que mira y el que es mirado, aquel que hace y el que ve hacer, el que es y su testigo. 

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