Historia: Los 40 años del Trabun

Por Ana María de Mena *

A mediados y fines de los años 70, a los dos lados de los Andes del sur, las poblaciones estuvieron bajo dictaduras militares, y sintieron de cerca los temores derivados de la controversia por la posesión de las islas del Canal de Beagle. La zozobra tuvo su mayor aflicción a comienzo de los años 80, por la posibilidad de una lucha armada, que fue inminente cuando hubo desplazamiento de tropas. 

En Argentina, la guerra de Malvinas -entre otras razones- apresuró el alejamiento de quienes detentaban el poder por la fuerza y posibilitó la llegada a la Presidencia de un mandatario elegido a través del voto ciudadano, al asumirla el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín. 

Persistía en Chile el régimen pinochetista, mientras, los argentinos empezaban a percibir la sensación de libertad con el funcionamiento institucional, el regreso de exiliados y el reencuentro con voces que habían sido prohibidas. 

Aimé Painé, Filomena Cayún, Rosa Cañicul y otras señoras en Quila Quina, 1984.

El Tratado de Paz y Amistad de 1984 alejó los fantasmas de una guerra y al final de ese año hubo días que empezaron a iluminarse en San Martín de los Andes. Fue cuando Gabriel Kohan, que los sábados conducía la audición radial matutina “Canto abierto”, empezó a divulgar que hacía falta el encuentro entre la gente de los dos países, ya que en el pueblo había familias con integrantes chilenos. Algo similar pasaba del otro lado de los límites territoriales, donde vivían muchos argentinos. 

Kohan sostenía que mientras se resignificaran las cosas que unían a las dos naciones a través de costumbres, sentimientos, creencias, comidas, bailes, música, poesía y otras manifestaciones artísticas, sería posible una convivencia más agradable.  

Creía que la única forma de lograr que los pueblos se unieran por lazos de afecto sería conociéndose, y hacerlo a través de la cultura era un buen comienzo. Desde su programa resolvió invitar a los oyentes a realizar un encuentro binacional desde las expresiones culturales, poniendo énfasis en el lenguaje universal de la música.  

La idea enseguida encontró respuesta favorable en general y por parte de las personas provenientes del país vecino afincadas en la localidad. Se aglutinaron alrededor de Ulises Vargas Barrera y conformaron la agrupación de Residentes Chilenos General San Martín. Como en el pueblo no había una entidad similar que nucleara a argentinos para interactuar, se formó la peña Numilén. Al parecer este es un nombre de fantasía; no figura en ningún diccionario y no lo conocen los referentes consultados; sin embargo, podría ser una derivación de “ngümilen” cuyo significado sería “escuchar”. 

Leda Valladares canta acompañándose con su caja.

Así, el germen empezó a prosperar y esas agrupaciones iniciaron actividades bajo el lema “Conocernos es querernos”. 

Junto a Gabriel y Ulises, se fueron sumando Rubén Cabrera, el Chango Elio Ramiro Soria, Hernán Prieto, Mario Suárez y otras personas, para trabajar tendiendo a unir lazos y evidenciar a través del arte que, mientras los pueblos comparten las expresiones de su cultura, no quieren la guerra que planean los gobernantes. 

Enseguida abrieron las puertas facilitando sus espacios las escuelas N° 5, 134 y 174, el salón municipal, el de los Bomberos Voluntarios y el Centro Cultural Amankay. 

“Habíamos pasado tantos dramas, habíamos sufrido tanto, que teníamos ganas de sostener esa democracia que había empezado hacía tan poco… entonces fue fácil que todos pusiéramos el hombro”, dice María Celia Maglione, docente que impulsó actividades artísticas y educativas en los encuentros iniciales. 

Uno de los distintivos del Trabun.

El entusiasmo que prevalece 

SI había resquemores, se diluyeron y el fervor se contagió. Kohan coordinó las actividades para dar forma a la iniciativa bautizada con el nombre de Trabun que se traduce como “estar unidos”, “encuentro”, “todos juntos”, según distintas fuentes. Para el sur cordillerano Trabun equivale a Encuentro de los pueblos. 

La convocatoria inicial fue a músicos, poetas, artesanos y artistas de disciplinas diversas y a comunidades originarias, porque desde el principio estuvo la idea de incluir a los pueblos preexistentes. Se exhortaba a la participación mediante expresiones típicas como la gastronomía, el canto, la danza, la escritura… “manifestaciones que no tienen fronteras”, sostiene Roberto Chiappino, promotor del Trabun durante muchas ediciones posteriores. 

La primera contó con un afiche de divulgación realizado por la pintora Lidaura Chapitel y al llegar los participantes recibieron de regalo un distintivo diseñado en la escuela rural de Las Coloradas donde trabajaba la docente Graciela Rendón. En los años siguientes otros colegios hicieron nuevas insignias. 

El encuentro tuvo su órgano de divulgación escrito mediante una revista, publicada gracias a la colaboración de los vecinos. En la portada tenía el logotipo que en letras mayúsculas decía TRABUN y debajo la leyenda “en la cultura popular”. Con mucho entusiasmo, se programó la inauguración para el 7 de diciembre de 1984.  

Diseño para la edición de 1986, varios los hizo Lidaura Chapitel.

El epicentro fue la plaza San Martín, lugar público alrededor del cual están los edificios institucionales significativos de la vida lugareña. Allí se montó el escenario que fue bautizado con el nombre de don Atahualpa Yupanqui. A partir de entonces, anualmente se homenajea a personalidades destacadas dando su nombre a ese espacio. 

Aquel día por la tarde, algunos de los organizadores trasladaron en dos camionetas una buena cantidad de cañas colihue recién cortadas, para usar en parte del armado del escenario. A las 21hs se había previsto el comienzo de la reunión y, cuando llegó la hora, una lluvia indeseada cayó sobre la plaza. Estaba a punto de malograrse la celebración cuando el vecino Dante Valeri se acercó con un camión cargado de lonas, que se extendieron sobre el techo para evitar que los artistas se mojaran. Entonces siguió la fiesta que empezó como Encuentro Sur Cordillerano Argentino-chileno.  

En varias oportunidades para la inauguración se recibió la “bendición celestial” de la lluvia. Es una huella de origen y superarla es parte de los rituales trabuneros.  

En cada esquina de la plaza se encienden fogones para cocinar empanadas, carnes y platos típicos que integran las atractivas ofertas gastronómicas. Al calor de esos fuegos, alguna vez estuvieron intérpretes señeros como Jorge Marziali, Raúl Carnota, Omar Moreno Palacios, Moncho Mierez, el Chango Farías Gómez, Dalmacio Esquivel, Cacho Tirao y reconocidos como Peteco Caravajal, Marta Pirén, los Hermanos Berbel, el Dúo Coplanacu, Raly Barrionuevo, Julio Lacarra y Chany Suárez, entre muchas figuras. 

Javier Villafañe durante una comida; de pie y con boina, Gabriel Kohan.

Imaginación y alegría para integrar

La idea era que los artistas actuaran sin recibir remuneración, pero que no tuvieran gastos, entonces se buscó proveerles traslado, alojamiento y comidas, recurriendo a los vecinos que respondieron generosamente y brindaron sus viviendas, además de las cabañas, hoteles y hosterías que ofrecieron habitaciones.  

Se estableció que hubiera quioscos atendidos por entidades locales, ya fueran escuelas, clubes, asociaciones y cooperativas, que necesitaban recursos para sus actividades, para que cocinaran comidas típicas, tanto chilenas como argentinas y las vendieran.  Cuando las entidades solicitaban el espacio tenían que informar el destino que darían a los fondos que recaudaran por la venta. Así los organizadores establecían a quiénes se otorgarían los quioscos. Un porcentaje de los ingresos era derivado a ellas y el otro a la organización del Trabun para solventar los gastos que demandaba la fiesta. 

En una ocasión, en el Instituto de Formación Docente N° 3 sus estudiantes de segundo año se encargaron de vender humita; preparada en la cocina del establecimiento por un muchacho proveniente del noroeste. Con los fondos reunidos compraron libros para iniciar la biblioteca institucional que comenzó con 200 ejemplares.    

“Las comidas se hacían en la escuela N° 134, con el apoyo del maestro Juan Carlos Fernández. Se trabajó sin dinero y con la convicción de generar espacios que fomentaran la fraternidad”, señala María Celia. 

La gente alrededor del escenario en 2013.

Muchas voluntades se acercaron a dar una mano y hoy se recuerdan las empanadas deliciosas de Alicia Celfa Matus, los auxilios técnicos de Mario Delgado y los nombres de Lina Rubilar, Eliana González, Isabel Durán, Juana Molina, Elsie Contreras, Mario Suárez, Matilde Quintana de Coronado, Isabel y René Inostroza ayudando incansablemente. Son algunos de la infinidad de vecinos que apoyaron los encuentros.  

Con el correr del tiempo se sumaron como organizadores Israel Prieto, Roberto Arias, Ricardo Parada, Tomás Rodriguez, Heber López, etc. Surgió, además, el Pichi Trabun para menores de dieciséis años, que se sigue realizando con el encuentro anual.  

En las primeras celebraciones participaron agrupaciones chilenas que en el escenario sanmartinense expresaban lo que en su propio país no podían. La mirada de la dictadura vecina generó sospechas sobre los organizadores, algunos de los cuales recibieron la visita de agentes de servicios de inteligencia, que solo encontraron… ¡ganas de promover la concordia por medio del arte! 

Se aprovechaban todas las instancias para confraternizar. Los almuerzos y cenas eran propicios para el intercambio entre los grupos. Hacer juegos, enseñar un baile típico, organizar un concurso de narraciones, inventar frases, intercambiar recetas de comida, daban esas posibilidades. “Era maravilloso ver todo lo que aprendíamos, todo lo que nos ayudaba a conocernos, cómo era el clima precioso que se lograba”, dice María Celia. 

Para dar espacio a expresiones de todos los rincones, en una ocasión una delegación del Noroeste argentino hizo el topamiento de comadres, una acción significativa del carnaval jujeño. En el mismo sentido, Aimé Painé actuó en el escenario y luego, en Quila Quina, compartió saberes sobre el canto mapuche con un grupo de mujeres. 

El público numeroso en 2018.

En 1987 se realizó una pequeña feria de libros con el maestro correntino experto en literatura de jóvenes y niños Pablo Medina, fundador de librería La Nube, que presentó material nuevo y ejemplares inhallables que estuvieron al alcance del público. 

Dos años más tarde, en el marco de las Jornadas de Integración realizadas en la escuela N° 134, el profesorado docente presentó un trabajo sobre la “Música en la escuela primaria y la preparación de los maestros”, a partir de la asignatura Didáctica de la Educación Musical. 

Para tornar placentera la convivencia, una vez que en la organización supieron que un grupo interpretaría la canción “La Mazamorra”, prepararon vasitos con el tradicional alimento con el que invitaron a los asistentes. Así el arte confluyó con la gastronomía. 

Diversidades y propagación feliz

Siempre primó la intención de confraternizar y así se presentaron bailarines, recitadores, músicos, cantantes, agrupaciones folclóricas, poetas, actores, murgas y bandas de artistas argentinos emergentes y de trayectoria nacional. También actuaron figuras regionales representativas como las copleras jujeñas Hermanas Cari; el humahuaqueño Fortunato Ramos; el integrante de la nueva trova rosarina Adrián Abonizio; la salteña Melania Pérez, el cordobés Emiliano Zerbini, el singular Gustavo Patiño y fue excepcional la presencia del coro toba Chelaalapí  

Atravesando fronteras se subieron al escenario sanmartinense la peruana Carmina Cannavino; la Banda Bordemar que ensambla folclore chilote con música de cámara y el grupo andino Guamary, por citar algunos. Asimismo, llegaron artistas desde Chile, Uruguay, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Canadá, Francia e Italia. 

Escenario y público de edición 2016.

Participaron, además, cultores de otras disciplinas como muralistas, pintores, marionetistas, titiriteros, actrices de la talla de Luisa Calcumil, multifacéticos como Luis Alberto “Kike” Sánchez Vera y el estudioso del folclore y experto en instrumentos musicales Rubén Pérez Bugallo.  

Por su inolvidable personalidad, es recordada la visita del titiritero Javier Villafañe. Durante la estadía don Javier comentó su interés en salir a conocer el pueblo. En la caminata que hizo, se detuvo a contemplar durante unos minutos el monumento a José de San Martín. María Celia Maglione comenta que cuando le consultaron el motivo de su alto en la recorrida, respondió que era la primera vez que veía un homenaje ecuestre al Libertador montado en un caballo criollo y no en un caballo de batalla, cuyas características difieren en el porte, tamaño y peso. Una agudeza en la que no habían reparado quienes lo acompañaban. 

Esa es una anécdota, pero los hechos y peculiaridades generados en varias décadas del Trabun son innumerables. Acaso una singularidad extraordinaria es la asistencia a todos los encuentros de Iván Ríos Triviño procedente de la localidad chilena de La Unión. Iván vino a San Martín de los Andes en automóvil, camión, ómnibus…y en ¡bicicleta! Fervoroso adherente trajo a la familia consigo en varias oportunidades y en su casa recibió a muchas delegaciones y amigos argentinos que viajaron a Chile.  

A partir del Trabun surgieron iniciativas que dieron frutos de distintas características en tiempos y sitios diferentes. En San Carlos de Bariloche tuvo lugar La Patagonia Canta; en Santa Rosa, La Pampa, el Encuentro de Músicos Patagónicos; en Posadas, Misiones, el Abambaé; en Buenos Aires Músicas de provincias y en Cutral Co, el Tren Traüen. 

kiosko – 2019.

El entusiasmo de las delegaciones trasandinas, generó el deseo de organizar la versión chilena de la fiesta. Esto se concretó en 2012 cuando hubo una réplica en la plaza de la ciudad de Castro, en la isla Grande de Chiloé. 

Una de las personalidades que llega con frecuencia es el prof. Julio César Mariángel Toledo, creador del Ballet Folclórico de la Universidad Austral de Chile (UACH) agrupación cuyo primer viaje al exterior fue para participar en un Trabun. Después gestionó otras instancias y se iniciaron giras por distintos países de varios continentes. 

En una visita a San Martín de los Andes conoció a Leda Valladares, la folclorista, compositora, recopiladora e investigadora de las tradiciones. Conversando con ella supo que había vivido en París muy cerca de Margot Loyola Linares, su eminente par chilena. Conociendo la importancia de esas personalidades, Toledo instrumentó un proyecto cultural que promovió en Valdivia: el “Lleuquén 85”; programado por el Instituto de Artes Musicales de la Facultad de Filosofía y Humanidades, y el Departamento de actividades extracurriculares, en conjunto con el ballet folclórico de la UACH. 

Toledo tuvo la posibilidad de ver la actuación del grupo de danzas Albricias fundado por Rubén Cabrera y gestionó una presentación en su país. Esto inició un largo camino de giras del conjunto por distintas ciudades que incluyó visitas a lugares tan remotos como Japón.  

Vale mencionar que cada comisión organizadora tuvo al frente una persona que orientaba el accionar acompañando a movimientos culturales nacionales y latinoamericanos. Como durante el proceso militar se habían prohibido las canciones en inglés, en los años 80 el resurgimiento de la música nacional que se había iniciado con el movimiento del Nuevo Cancionero, se potenció por el regreso al país de artistas exiliados. Después hubo aproximación a lineamientos de Alternativa Musical Argentina y, más tarde, la orientación artística se encaminó hacia la música patagónica. Sin abandonar el pasado, el encuentro fue adhiriendo a distintas corrientes. 

Trabun, 2019.

El accionar trabunero fue significativo como vehículo para reivindicar las libertades, en un período en que las dictaduras habían avasallado los derechos y herido de diversos modos a la población. Pasados esos períodos sigue aportando a la divulgación de artistas y a la integración cultural. 

Dice Toledo: “Lo más importante es ser un espacio de encuentro tal como lo dice su nombre, que está respondiendo a un concepto fundamental de la cultura latinoamericana que es la cultura de la oralidad y la oralidad solo sucede en un espacio de encuentro. Este es un espacio simbólico en ese aspecto; de encuentro entre sujetos que tienen conciencia de sí mismos, factores de una cultura que ha estado invisibilizada por los sistemas oligárquicos que manejan la educación, la política, la religión. Es una forma de salir a la luz, una luz de esperanza de sentirse existentes, de sentirse reconocidos”. 

Ha sido fértil la tierra sobre la que los mayores sembraron y la prosperidad se refleja en la comisión organizadora de los últimos años, integrada por varios jóvenes, algunos de los cuales son hijos de los iniciadores o surgidos del Pichi Trabun. 

En síntesis, es una fiesta popular en su origen y desarrollo. Conviene recordar que la palabra “popular” proviene del latín “popularis” y significa “relativo al pueblo – que le gusta al pueblo”, dos conceptos que se corporizan en cada celebración. La canción de Ricardo Parada inspirada en el encuentro lo resume en los versos que dicen:

“Como aljaba que nace entre las piedras, / flor silvestre el Trabun se hizo milagro,/ se hundieron sus raíces muy adentro, / pariendo flores nuevas cada año”.

(*) anamariademena@gmail.com

Nota de la autora: Agradezco testimonios y materiales brindados desde Chile por Julio César Mariángel Toledo, y en Argentina de María Celia Maglione, Ulises Vargas Barrera, Elio Ramiro Soria, César Aníbal Fernández y Roberto Chiappino. 

1 Comment on Historia: Los 40 años del Trabun

  1. Güendi Sorzini // 3 de diciembre de 2023 en 22:05 //

    Hola,buenas noches….en esta nota falta nombrar a mucha gente que colaboró durante muchos años con el Trabun…entre ellos a mi padre que fue durante varios años integrante y presidente de la comisión organizadora.. Luis Alberto Sorzini.

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