Peri Plansöen, el ilustrador pionero

Por Ana María de Mena (*)

Hijo de Elena Cifuentes y Pieter Plansöen, Pedro Gustavo Plansöen nació en San Martín de los Andes el 15 de enero de 1936. En la familia y en el pueblo era llamado “Peri”. Fueron sus hermanos Elena, a quien llamaban Ronga, Jacobo Martín, Marta y Ernesto.

Cursó la escuela primaria en el viejo edificio de la escuela N° 5, en la época en que los escolares llevaban en una mano los útiles y en la otra un tronquito para alimentar la estufa de leña que ofrecía calefacción en el aula. Cuando el establecimiento se mudó a la edificación que ocupa actualmente, el cambio fue muy grande porque enseñar y aprender fue más fácil en ambientes más confortables.

A la escuela con un gran moño como se usaba en los años 50 y 60

Siendo niño perdió a su hermana mayor enferma de meningitis; debió ser difícil para él, ya que se llevaba muy bien con ella. Después falleció la madre. Fueron dos hechos penosos que, probablemente, influyeron para forjar en él un carácter retraído, a veces un poco huraño. 

Una anécdota que recuerdan en su familia es que para ayudar a la madre salía a vender diarios. Era chico, y en una oportunidad en que estaba vestido con un sobretodo de paño que ella le había confeccionado, como se largó a llover tomó una cinta de las máquinas de escribir de entonces -que ensuciaban los dedos de tinta apenas se tocaban- con las que sujetó los diarios sobre sí, envolviéndose con la cinta y manchando todo el abrigo. La madre reaccionó con benevolencia cuando vio el resultado sobre la prenda.

Con seguridad debe haber sido un golpe muy duro perder a esa mamá indulgente cuando tenía solamente catorce años. Es posible que entonces se acentuara su escasa propensión a ser sociable.

A esa edad ingresó en la sucursal sanmartinense del correo (entonces dependiente de la Secretaría de Correos y Telecomunicaciones de la Nación). 

Peri agachado, en el medio, con los compañeros del correo

Le gustaba cabalgar y participó en las primeras excursiones al cerro Chapelco con los pioneros que subían caminando, para bajar esquiando una vez, o dos si había suerte. 

Con el correr del tiempo y poco a poco fue desarrollando su carrera laboral y ascendiendo en la entidad hasta jubilarse como tenedor de libros, tal como se denominaba entonces a quienes se ocupaban de tareas administrativas y contables.

Retratos con humor

Mientras eso pasaba decidió realizar el curso de dibujo de Academias Pitman, una entidad privada que tenía treinta sucursales, (ninguna en San Martín de los Andes) y ofrecía capacitación a distancia, particularmente en temas vinculados con el comercio y que usualmente preparaban para rápidas salidas laborales de los años 50.

Una carrera a distancia en esa época no tenía las facilidades de la simultaneidad que brindan hoy las herramientas virtuales; en aquellos años implicaba recibir instrucciones, enviar los trabajos prácticos y conocer la aprobación o no de los mismos y los comentarios a que hubiera lugar, por correo postal. Vale decir que se ponían a prueba la paciencia y la constancia para el estudio del que cursaba.

Con habilidades propias y la formación obtenida en el curso de dibujo, a poco de fundado el periódico “El Tábano” por Antonio Jesús Creide (“Tuco” Creide) y Carlos Dioverti Bastos, le propusieron ilustrar algunas notas.

A tono con el conocido humor de Tuco Creide y la chispa brillante de Dioverti, El Tábano rápidamente se convirtió en una pieza de lectura esperada por los vecinos. Dioverti (pariente del laureado literato paraguayo Augusto Roa Bastos, seguramente con tinta de escritura en las venas) le daba a Peri las cuartetas alusivas a una personalidad del pueblo y Plansöen hacía las ilustraciones. Dioverti las firmaba con sus iniciales y, en algunas ocasiones, las suscribía con el seudónimo de “Electrodo”. 

Caricatura publicada en El Tábano

Los retratos dibujados exaltando con humor las características anatómicas de los aludidos, terminaron convirtiéndose en sucesos que se publicaban bajo el título de Estampa local. 

Así desfilaron, entre otros, el boxeador Zenen Jara; el gerente bancario que había sido arquero del club Estudiantes de La Plata Emir Félix Latorre Lelong; el cirujano René Borsani; el mecánico Jorge Aquín; el peluquero Adolfo Pendón y el juez de paz Julio C. Quiroga, entre muchos. 

También hizo la caricatura de Aldo García, ex concejal y tallista que es autor de la cabeza de Miguel Andrés Camino, colocada en un pedrón frente al lago Lácar, sobre la costanera que lleva el nombre del poeta.

Su versión de Aldo García

En 1957 se publicó “Nguillatunes del Neuquén” de Willy Aaron Hassler y cuenta con una imagen dibujada por Peri. Hasta donde hay testimonios, se puede afirmar que Pedro Plansöen es el primer caricaturista e ilustrador del pueblo.

La página ilustrada del libro de Willy Hassler

Familia y amigos

Peri se casó en 1962 con Elsa Schnarwiller durante una ceremonia en la capilla San José. Seis años después nació Caricia, la primera hija del matrimonio, luego nacieron Martín en 1973 y María Celeste en 1984. 

Junto a su mascota

Trabajador y honesto, le gustaba la música clásica, posiblemente herencia del padre. También era muy lector y solía retirar en préstamo los libros de la Biblioteca Popular 9 de Julio, de la que era socio. Disfrutaba la poesía de Pablo Neruda, la de César Vallejo y la de Juan Gelman. Con su esposa compartía la lectura de las ediciones de Selecciones del Reader Digest. 

En la sala de su casa, los estantes donde guardaba los libros ocupaban la pared más grande completa desde el piso al techo.

Reservado, era amigo de Carlos Campos, Alfredo Pargade, Cacho Palmer y Pablo Cottescu. Solía decir de ellos: “son pocos, pero son los mejores”. 

Con su amigo, el aviador Carlos Campos

No lucraba con su habilidad para dibujar, más bien hacía carteles de madera en carácter de gauchadas. Para Pipín Novoa realizó un dibujo incluido en el folleto con que Cuevas promocionaba las cabalgatas que ofrecía. 

Los vecinos que festejaban aquellas publicaciones de El Tábano, tuvieron un día de tristeza que fue infinita para Pedro Plansöen y su familia. Ocurrió en 1996 cuando se accidentó el avión que piloteaba su hijo Martín, en el que perdió la vida el muchacho y la perdieron Quito, Pichi y María Isabel Astete. Los comercios bajaron las persianas, los vecinos se recluyeron en sus casas y fue como si el tiempo se detuviera para todos, paralizados por el impacto y la pena. 

Cada cual sobrellevó los días que siguieron como pudo.

Quizás más retraído, Peri leyó y escuchó la música clásica que prefería, siguió leyendo mucho y también se dedicó a escribir, entre otras cosas, advertencias sobre la necesidad de cuidar el entorno natural del pueblo, con la forma de cartas de lector. Lo hacía en una antigua máquina Remington, donde, además, escribió “El tesoro del Amazonas”, una narración de aventuras que no llegó a publicar.

Muy enfermo y con padecimientos, falleció el 25 de noviembre de 2018. 

El último libro que había retirado de la biblioteca fue “Bajo la lluvia ajena” de Gelman. Pedro Plansöen, a su modo resistió a la ausencia de su hijo durante varios años y como dijo alguna vez Gelman “poniéndole vida a la muerte”.

En el recuerdo sanmartinense dejó las sonrisas que arrancaban las ocurrencias de Dioverti con la compañía de sus dibujos que -al parecer- son los del primer caricaturista del pueblo.

(*) anamariademena@gmail.com

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