Este sábado se presenta en la ciudad «Sombrero Colibrí», el nuevo libro de Marisa Godoy

Este sábado 22 de noviembre, a las 18 horas, en la sala Gunther Bass del Centro Cultural Cotesma, se presentará el libro «Sombrero Colibrí» de la escritora local Marisa Godoy. Editado por Ediciones Las Guachas, es el primer título de la colección ATP (apta para todo público). El libro cuenta con las ilustraciones de Diana Zaccaro, el diseño de Florencia Nobre y palabras de contratapa de Márgara Averbach.

Dice la autora sobre esta nueva publicación: «Estoy más que agradecida con Ediciones Las Guachas, que es una editorial independiente que vengo siguiendo y acompañando en la compra de las bellezas que editan, además de ser parte también de uno de los primeros libros, la antología «Nos queda el mundo», que se editó, o que Ediciones Las Guachas editó en pandemia. Desde ese momento, Las Guachas están dentro de mi plano de elecciones que yo tomo a la hora de comprar libros, porque arman un catálogo hermoso con escrituras de mujeres de estos territorios, entonces para mí es de verdad una alegría inmensa que hayan estimado mi escritura y dicho que sí a este proyecto, que además es el primero de una colección que pretende ser para las infancias, las adolescencias, y no solamente, porque ya sabemos que la literatura es literatura y se escribe sin adjetivos, como dijo la Tere Andruetto. Entonces, sí es literatura y está anclada desde lo estético y desde lo ético, y claramente también desde la mirada política, porque la literatura no es ingenua en ese sentido, entonces vale para mí muchísimo que hayan dicho que sí a este libro, y que lo hayan arropado, y que sea el primero de muchas historias más que vendrán».

Además, consultada sobre el estilo y contenido de esta nueva obra, explicó: «Si tuviera que describir la identidad de «Sombrero Colibrí», podría decir que es una historia anclada en la memoria, es una apelación a la memoria, a recuperar el territorio de la infancia o el patio de la infancia de la que estamos hechos y hechas y que más de las veces la dejamos como dormidas en algún arcón y a veces nos cuesta muchísimo conectarnos con ella y me parece que es algo que deberíamos ejercitar en función de no perder la ternura.

Me parece que estamos viviendo momentos en los que es necesario, muy necesario, volver a apelar a la ternura que alguna vez nos habitó, sobre todo porque estamos atravesando un momento como sociedad de muchas roturas, de muchos enojos y de dejar aflorar las cosas no muy buenas que tenemos como seres humanos, entonces me parece que apelar a la infancia en algún sentido tiene que ver con eso, con recuperar la ternura como una acción amorosa y también como una acción política si se quiere, sobre todo quienes escribimos o quienes estamos de alguna manera vinculados o vinculadas con el arte.

Entonces, decía, es una apelación a la memoria, es una apelación a recuperar la infancia que nos constituye y nos habita y de alguna manera también apelar a nuestro linaje, de donde venimos, de las historias que estamos hechos y hechas y del vínculo que hemos tenido con nuestros abuelos y nuestras abuelas. Es una historia que tiene un hilo conductor claramente, pero también es una historia que está constituida por varios pasajes o varias fotografías vivientes, como menciona la narradora en algún momento, que si se leen de manera independiente también tienen cuerpo y sentido y a la vez están unidas a ese hilo conductor que hace que la historia también sea constituida, conformada como una unidad de sentidos.

Elijo a la hora de escribir que la poesía esté, tengo un fuerte vínculo con la poesía, entonces me interesa que de un modo u otro aparezca ese latido en mi escritura y creo que de un modo u otro está logrado ese objetivo».

Hablando de cómo surgió la idea de escribir este libro, relató: «Sombrero Colibrí es un libro que se fue gestando creo que hace mucho tiempo. Estando en Zapala el otro día y a raíz de encontrarme con amigues queridos de la literatura infantil y juvenil, recordé que hace más de 20 años, estando en la Biblioteca 9 de Julio, participando de un taller con la narradora Diana Tarnovsky, conté una anécdota de infancia que implicaba al abuelo y luego de escucharla Diana me dijo, tenés que escribir ese libro. Estoy hablando de una anécdota que ocurrió hace más de 20 años atrás. Y en Zapala, a raíz de encontrarme con un amigo, vuelvo a decir, escritor, que la conoce mucho a Diana, recordé. Y fue como un momento muy emotivo para mí porque me ponía a pensar en cuánto tiempo las historias que nos constituyen, nos acompañan o se van creando en nuestros pensamientos y en nuestros corazones y cuánto tiempo pasa para que la escritura obre en consecuencia.

Yo creo que es un libro que se ha tomado su tiempo en todo sentido. Se lo tomó en la escritura, en las ilustraciones que desde hace más de dos años viene haciendo Diana Zaccaro, a quien le agradezco un montón su trabajo y su obra. La conocí a ella a través de las redes sociales, puntualmente en Facebook, donde da a conocer sus trabajos. Me conmovieron en su momento, ella estaba trabajando en una serie de ilustraciones eróticas y a mí me resultaban sumamente conmovedoras, sutiles, de una gran belleza y delicadeza.

A partir de ahí la comencé a seguir y ver que también tenía otras colecciones bucólicas con una línea muy armónica y de mucho decir también a través de sus ilustraciones. Fue así que la conocí, empezamos a interactuar hasta que un día, una vez que yo ya tenía más o menos armada la historia, se la compartí y ella amorosamente me dijo que sí. Y ahí comenzó el intercambio que, vuelvo a decir, llevó más de dos años».

«Es un libro que ha sido muy bien arropado, no solamente por Ediciones Las Guachas, sino también por quienes lo leyeron antes de que sea libro, y en este sentido agradezco profundamente y con mucha alegría las palabras de la contratapa que supo escribir Margara Averbach, que al leerlo me dijo que sí, que le parecía una historia que merecía ser publicada, y bueno, escribió con mucho cariño la contratapa.

Luego, una vez que se publicó, debo decir que he recibido devoluciones muy hermosas de parte de sus lectores y lectoras. Hay poetas queridas que lo han mediado, lo han convidado en sus talleres y me han llegado fotos y comentarios que de verdad alegran mi corazón. Lo he presentado al momento en diferentes localidades de nuestra provincia, en la Feria del Libro de Neuquén, en la Feria del Libro de Zapala, donde la verdad ahí hubo un grupo de mujeres que sin conocerme, porque la verdad que el vínculo fue a través de la docente y escritora Cecilia Alaniz, con quien compartí años de trabajo en el Instituto de Formación Docente, me preparó el camino amoroso para una presentación allí con mujeres que la verdad me alegraron muchísimo el corazón. Y acabo de volver también de la Feria de las Ovejas, allí también un amigo escritor querido de toda la vida me acompañó en esa presentación y para mí fue un regalo, un hermoso regalo. Así que ahora toca presentarlo aquí en mi pueblo, a mí me gusta decirle pueblo a San Martín de los Andes, me cuesta la idea de ciudad porque bueno yo nací acá, crecí acá, de hecho Sombrero Colibrí tiene como algunos guiños a ese pueblo que constituía en mi infancia y bueno toca ahora esta presentación el sábado 22 de noviembre aquí en San Martín de los Andes y claro está que que la espero con mucha alegría y bueno que quienes quieran y deseen y tengan un vínculo con los libros, la lectura y las historias puedan venir y compartir ese momento», concluyó la escritora.

Por su parte, las editoras destacaron: «Para nosotras, quienes formamos Edición de las Guachas, Julieta Santos, Florencia Nobre y yo, Tamara Padrón, es un desafío editar este tipo de libros álbum, libros ilustrados, porque merecen y necesitan un trabajo de calidad con las imágenes, con el texto, pero también con los soportes, y los soportes materiales a veces incrementan muchísimo el costo del libro y también para nosotras, como Edición Política, es importante que el costo del libro, el precio de venta, el público sea accesible, de nada sirven, y siempre lo decimos, los libros hermosos que nadie puede comprar, queremos que los libros no estén en anaqueles, que estén en el piso, que estén en carteras, en mochilas, que tengan marcas de dedos, que circulen, que si alguien lo quiere, que el libro no sea una imposibilidad, entonces también era un desafío, por eso recién en nuestro quinto año como proyecto editorial nos animamos a esto, fue nuestro libro más difícil de hacer, por todo esto que implicaba, lo conseguimos, estamos muy orgullosas, las críticas son excelentes, y sobre todo el momento de encuentro, donde se produce la lectura, esa intersección hermosa entre el libro, el objeto libro, la historia que cuenta, y las lectoras y los lectores, que muchas veces son niñas y niños, pero también personas adultas que se encuentran en esta historia, contada por esa línea, y su relación con el abuelo, con las historias, como la literatura se empieza a tejer en casa, y no necesariamente en las bibliotecas, sino también en las cocinas, en los jardines, en las huertas, en esos espacios íntimos donde se recupera palabra y memoria, como no íbamos a acompañar a Marisa, que sabemos que es una escritura reconocida, y querida, y gran lectora además, así que gracias a que fue ella, nos animamos, y acá estamos, vamos a seguir, tenemos un segundo proyecto para la colección, pero sí es una colección que va a paso de caracol, porque es lento, y porque los libros precisan un tiempo, un tiempo de aportar, diría Marisa».

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