San Martín de los Andes bajo la sombra del terror: testimonios revelan el impacto local de la represión en la dictadura

En el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en Neuquén, una serie de testimonios volvió a poner el foco en lo ocurrido durante la última dictadura militar en San Martín de los Andes, que, entre 1976 y 1978, no superaba los 5.000 habitantes y donde el aparato represivo dejó huellas profundas y duraderas.

Foto: Matias Subat

La última testigo en declarar aportó un dato clave sobre la presencia de fuerzas de seguridad en la zona.

“Era un uniformado con capa de tela; es un atuendo poco frecuente”, describió, aludiendo al entonces jefe de Gendarmería, Emilio Sacchitella. “Yo lo conozco porque mi papá era de Gendarmería y usaba ese tipo de prendas. Después supe quién era”, explicó ante el tribunal.

Una comunidad pequeña atravesada por el miedo

Los testimonios coincidieron en que la represión tuvo un impacto particular en San Martín de los Andes debido a su escala. En una comunidad reducida, donde todos se conocían, el señalamiento como “subversivo” significaba no solo la detención ilegal, sino también la marginación social y laboral.

Profesionales que habían llegado a la localidad buscando nuevas oportunidades o una vida alejada de Buenos Aires fueron detenidos sin causa.

Tras recuperar la libertad, muchos no lograron reinsertarse: perdieron sus empleos, no les renovaban contratos o eran obligados a trabajar por apenas el 20% de lo pactado.

Décadas después, el miedo persiste. En 2026, con la difusión pública del juicio y los detalles de las torturas en la región cordillerana, algunas testigos pidieron no ser identificadas por temor al hostigamiento en redes sociales. “Como antes”, señalaron, en referencia a un clima de señalamiento social que acompañó la represión.

Detenciones arbitrarias y traslados clandestinos

Uno de los episodios más reveladores relatados en audiencia desmiente una acusación que justificó detenciones masivas: el supuesto sabotaje a la transmisión del Mundial de 1978.

“El EPEN comprobó que no hubo sabotaje”, afirmó una testigo, desmontando la versión que se utilizó para mantener cautivos a varios profesionales en dependencias de Gendarmería tanto en San Martín como en Junín de los Andes.

Otra víctima, psicóloga, recordó el terror vivido durante su traslado: “Cuando me sacaron de Gendarmería y me subieron al camión Unimog, pensé que me iban a matar”.

Fue llevada al Escuadrón de Junín, donde permaneció siete días detenida, vendada o esposada a una cama, sometida a interrogatorios. Allí también identificó la presencia del gendarme Miguel Cil, uno de los imputados.

Quienes compartían su situación fueron luego trasladados a Neuquén capital, a la ex U9 y la alcaidía, ampliando el circuito represivo que operaba en la provincia.

Centros de detención en plena ciudad

Los relatos también reconstruyeron cómo funcionaban los espacios de detención dentro de la propia ciudad. En la comisaría local, las celdas estaban ocultas al fondo del edificio, tras pasillos y recodos. Había tres: una para mujeres, otra para hombres y una tercera donde mantenían aislado a un vecino, Carlos Pérez, a quien le mojaban el piso para impedirle descansar.

El caso de Stella —nombre ficticio para preservar su identidad— sintetiza el impacto de la represión en la vida cotidiana. Arquitecta formada en la UBA, había llegado a San Martín dejando atrás su militancia en la Juventud Peronista.

El día del golpe de Estado, su casa fue rodeada: fue detenida junto a su esposo y su bebé de cuatro meses.

Durante diez días permanecieron privados de su libertad sin explicación. “Solo nos dijeron que estábamos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”, relató.

Años más tarde, en 1979, durante una visita de Jorge Rafael Videla a la región, volvió a ser detenida y trasladada a una dependencia de Gendarmería en Junín de los Andes, nuevamente sin motivos.

Memoria en construcción

Los testimonios recogidos en el juicio no solo reconstruyen hechos individuales, sino que delinean el funcionamiento del terrorismo de Estado en una localidad pequeña, donde la cercanía social amplificó el miedo y el aislamiento.

A casi cincuenta años de aquellos hechos, las voces de las víctimas vuelven a resonar, no solo para exigir justicia, sino también para reconstruir la memoria de lo ocurrido en San Martín de los Andes, un capítulo menos visibilizado pero igualmente significativo del horror vivido durante la dictadura argentina.

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