Vuelos a Chapelco desde Neuquén capital: cuándo arrancan y cómo sacar pasajes
Desde el martes 15 de septiembre, San Martín de los Andes volverá a tener conexión aérea regular con la capital provincial. La aerolínea American Jet operará tres vuelos semanales entre Neuquén ciudad y el aeropuerto Chapelco, con trayectos de aproximadamente 50 minutos. Un día antes, el lunes 14, la misma empresa estrenará la ruta hacia Chos Malal.

Frecuencias y horarios hacia Chapelco
Los vuelos a Chapelco saldrán los martes, jueves y sábados a las 10:00 desde Neuquén capital, con llegada prevista a las 10:50. El regreso partirá a las 11:20 y arribará a las 12:10. El recorrido completo no supera la hora de vuelo, lo que representa una alternativa concreta al traslado por ruta para residentes y visitantes de la zona de los Lagos del Sur.
Cómo comprar pasajes
Los pasajes pueden adquirirse a través del sitio web oficial de American Jet, donde también está disponible la información sobre equipaje, documentación y condiciones de viaje. Para consultas puntuales, la aerolínea habilitó el correo electrónico de atención al cliente.
Obras en el aeropuerto Chapelco
La Provincia de Neuquén amplió la terminal de Chapelco antes del inicio de las operaciones. Las refacciones incluyeron nuevos espacios para pasajeros, locales comerciales y oficinas operativas. El gobernador Rolando Figueroa anunció estas rutas en el marco de una política de conectividad regional que también contempló la rehabilitación del aeródromo de Chos Malal, con trabajos en la pista, la terminal y el sistema de iluminación.
Las nuevas rutas implican dos frecuencias semanales a Chos Malal —lunes y jueves— y tres a Chapelco —martes, jueves y sábados—. Quienes quieran programar un viaje pueden consultar disponibilidad y precios directamente en la web de American Jet.




Sanar
A veces, dar las gracias por lo que debería ser normal parece una redundancia.
Hoy fui al Hospital Ramón Carrillo, a la guardia, por una afección leve, un pinzamiento en las cervicales , pero que me impedía mover. Quizás el agravante era que vivo lejos del hospital y que, circunstancialmente, estaba a cargo de mí misma.
Esperé veinticuatro horas para poder manejar. Los pozos que acompañan mi recorrido, y que habitualmente son apenas un elemento más de la resignación, con esta dolencia se habían convertido en cuchillos que se clavaban alternativamente en mi cuello y en mi espalda, sin piedad.
Pero voy a lo importante.
Primero, agradezco la atención rápida. El triage. El enfermero que me toma la presión y, además, conversa conmigo mirándome a los ojos.
En esa conversación ya vislumbramos algún exceso de mi parte: ciertos movimientos que se dan de patadas con la cronología que se adivina en mi número de documento.
Después llega el momento del médico. Otra vez, el encuentro con alguien a quien le importa. Y en la conversación aparece otro velo: un acontecimiento familiar que estaba transitando que podria ser tambien el disparador de ese nudo clavado en mi espalda.
Algo empieza a ceder. El dolor, todavía no.
Entonces llega la medicación. Un pinchazo en mi parte posterior. Los remedios que voy a necesitar, depositados en mi mano.
Al despedirme, el médico me desea una pronta mejoría. Y extiende sus buenos deseos para la mejora de mi ser querido. Un profesional que escuchó aquello que estaba detrás de mi dolor físico.
En el camino de vuelta a casa, la inyección empezó a hacer su efecto.
Y pensé que quizás sanar no siempre empieza con los efectos de un medicamento.
Empieza cuando alguien te mira a los ojos, te escucha, te habla con amabilidad y se toma unos minutos para recordar que, antes que un paciente, hay una persona.
Las voces de aquellos a quienes no les pregunté el nombre también me curaron.
Gracias, Hospital Ramón Carrillo.
Gracias a todos los que hoy me atendieron.
San Martín de los Andes.
Dinora (Coby) Vros