«¡S.O.S CELULAR!»: una desconexión para padres pedida por las infancias

Por Clara Oyuela: escritora, psicóloga, psicodramatista sanmartinense.

Podríamos suponer que las familias que vivimos en la Patagonia, rodeadas de un entorno de naturaleza y belleza sin igual, con tiempos distintos a los de la ciudad y ritmos familiares que pretenden darle prioridad a los vínculos entre padres, madres e hijos, somos familias poco atravesadas por la problemática del uso de celulares, pantallas y el universo de las redes sociales.

Esta suposición está bastante alejada de la realidad que nos acontece, o al menos esto es lo que vengo trabajando en escuelas, con niños y adolescentes, y ahora, sumando a los adultos. Porque si la problemática del exceso de pantallas tiene un único responsable, este tiene un nombre: Nosotros, los adultos.

Los niños y las niñas de la “Fundación Escuela Bosque”, niños de entre 7 y 10 años, manifestaron su preocupación con respecto a este tema. Dicen ver a su papá o a su mamá “todo el tiempo con el celular” o “dicen que están trabajando” o “no me mira” o “si estamos mirando una película, se levanta a mirar el celular” y así, infinidad de observaciones y reflexiones, de enorme importancia para analizar. Porque estamos hablando de infancias, de niñez, de vínculos, de contenidos que deben ser profunda y minuciosamente protegidos.

Frente a esta realidad, propuse al grupo de padres y madres hacer el desafío de desconexión. Dos días enteros sin celular. Un fin de semana sin conexión instantánea, sin redes sociales, sin whatsapp. El e-mail como única forma de comunicación. El desafío parece sencillo pero puedo asegurar que, para la gran mayoría, no lo es.

Estos fueron los principales registros escritos que los propios adultos hicieron sobre ese fin
de semana de desconexión:
-“Nos dio la oportunidad como familia de hablar más en profundidad acerca del uso del celular”

-“No podía comunicarme con mis padres, así que caminamos hasta su casa, que queda a 20
minutos, para organizar planes del fin de semana”.

-“Resaltamos lo más importante que nos da el celular: la comunicación con las personas queridas a
distancia”.

-“No valoramos estar colgados en las redes o utilizando jueguitos. Deseamos estar presentes para
ellos”.

-“Con esta experiencia uno se da cuenta cuanto recurrimos al celular”.

-“Me di cuenta que el cansancio de mi vista era por el uso excesivo del celular. Sentí los ojos más
descansados”.

-“Mi hija escribió un cuento durante esos días. Se llama “El tercer hijo de mi mamá”. El tercer hijo
es el celular.

-“El celular, las redes sociales, nos toman a todos, pero la niñez y la adolescencia son etapas muy
vulnerables”.

-“¿Cuándo se da el primer celular a un hijo?”

-“Muchos padres y madres terminan dando a sus hijos pre-adolescentes un celular “porque sus
amigos lo tienen. ¿Nos falta coraje como adultos? Un poco sí…”

-“Mi hija al principio tuvo un momento de mucho enojo y llanto por no poder usar las pantallas,
una especie de sensación de abstinencia”.

-“Despertó la creatividad para otras cosas”

-“El celular me termina distrayendo de todo”.

-“La tendencia del cuerpo de querer mirar a cada rato si había mensajes. Cuando lo tuve apagado,
sentí el cuerpo más relajado”.

-“Mi cerebro siempre a la espera de que lleguen noticias o recuerdos”.

-“Me descubrí pensándolo antes de ir al baño, antes de irme a dormir”.

-“Mi pareja encendió un fuego afuera y nos fuimos a charlar los tres. Nuestro hijo nos miró y dijo
“Gracias por hacer esta pausa”.

-“Voy a extender el experimento hasta el lunes”.

-“Decidimos comprar un reloj de pared para no tener que agarrar el celular para consultar la hora”.

-“A una amiga de mi hija, de 5 años, le regalaron un celular por su cumpleaños. Me preocupa
como mamá la infancia no cuidada, el contenido al que están expuestos los niños y las niñas,
contenido que no cuida su niñez. La niñez cada vez más corta y los niños o niñas que se visten,
hablan o actúan como adolescentes”.

-“La falta de paciencia, de concentración y de escucha, tan propia de nuestra época, tiene que ver
con este exceso de pantalla. Somos los adultos los primeros en esto”.

-“Justo me tenía que ir de viaje y separar de mis hijas por dos días. Apagar el teléfono estando
lejos de ellas me resulta difícil, incluso una falta de responsabilidad, porque ante cualquier
eventualidad, la forma de comunicarse conmigo es a través del celular. Entonces no lo apagué,
pero decidí ser muy consciente de su uso y sólo lo utilicé para hablar con mi familia y con la
persona que cuidaba a mi hija menor”.

Fotos: Cortesía.

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